jueves, junio 25, 2026
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La identidad en tiempos de pantallas

En un mundo que nos invita constantemente a mostrarnos, la verdadera tarea sigue siendo conocernos. Una reflexión sobre salud mental, autenticidad y el valor de ser uno mismo más allá de las apariencias

Hay una pregunta que atraviesa silenciosamente nuestra época. No aparece en los exámenes, no suele formar parte de las conversaciones cotidianas y tampoco tiene una respuesta sencilla. Es una pregunta que se esconde detrás de cada fotografía publicada en la red, de cada historia compartida y de cada búsqueda de aprobación en internet:

¿Quiénes somos cuando nadie nos está mirando?

Vivimos en una era donde gran parte de nuestra vida transcurre frente a una pantalla. Nunca antes habíamos tenido tantas posibilidades de comunicarnos, de aprender, crear y conectar con otras personas; sin embargo, en medio de esta hiperconexión, han surgido nuevas inquietudes sobre el bienestar emocional, la salud mental y la construcción de la identidad.

Para la psicóloga Dea López, docente del Centro Universitario de Chapala, especialista en educación y doctorante en Psicología de la salud, estas preguntas representan uno de los grandes desafíos de las nuevas generaciones.

Su interés por comprender el bienestar humano no surgió por casualidad. Creció en una familia de docentes, un entorno donde la educación siempre fue entendida como una herramienta de transformación, libertad y desarrollo humano.

Quizá, por ello, cuando habla de salud mental no lo hace únicamente desde la psicología, sino también desde una profunda convicción sobre el papel que tienen la educación y el pensamiento crítico en la construcción de una vida plena. “La educación es una de las herramientas más poderosas para la emancipación y la libertad”, afirma.

Esa idea atraviesa gran parte de su trabajo académico y también la forma en que observa el mundo digital que hoy habitan millones de jóvenes. La tecnología, explica, no es el problema.

La historia de la humanidad siempre ha estado acompañada por innovaciones que modifican la forma en que vivimos, aprendemos y nos relacionamos. Lo verdaderamente importante es comprender cómo convivimos con ellas y cuáles son los efectos que generan en nuestra salud y bienestar.

Las investigaciones actuales muestran que la atención fragmentada, la disminución de la calidad del sueño, la reducción de las interacciones cara a cara y los patrones de uso compulsivo de ciertas plataformas pueden tener consecuencias importantes en la vida cotidiana. 

Pero para la académica existe una pregunta aún más profunda: ¿qué ocurre con nuestra identidad cuando vivimos expuestos permanentemente a la mirada de los demás?

Las redes sociales han creado espacios donde la popularidad puede medirse en tiempo real. Seguidores, reacciones, comentarios y visualizaciones parecen ofrecer una respuesta inmediata sobre nuestro valor. Sin embargo, para la maestra Dea existe una diferencia fundamental entre ser visto y ser valioso. “La popularidad puede subir o bajar en cuestión de horas; la identidad se construye durante toda una vida”, dice.

La frase parece sencilla, pero encierra una verdad que muchas veces olvidamos. Las plataformas digitales pueden cuantificar la visibilidad, pero no pueden medir la empatía, la creatividad, la capacidad de amar, la fortaleza para superar una dificultad, el compromiso con los demás o la profundidad de nuestros principios. En otras palabras, pueden registrar nuestra presencia, pero no definir quiénes somos.

Quizá por eso, una de las reflexiones más importantes que comparte con sus estudiantes gira en torno a una característica exclusivamente humana: “Somos el único ser en este planeta que tiene voluntad”.

La afirmación no se refiere únicamente a la capacidad de decidir entre distintas opciones. Habla de algo más profundo: la posibilidad de actuar más allá del impulso inmediato, de orientar nuestras acciones hacia aquello que consideramos valioso y de construir una vida guiada por convicciones propias.

En una época donde múltiples plataformas compiten por captar nuestra atención, ejercer la voluntad se convierte también en un acto de autonomía. Y la conversación inevitablemente conduce a otro tema recurrente entre los jóvenes: la felicidad.

La especialista considera que uno de los errores más frecuentes de nuestra cultura consiste en creer que el bienestar emocional significa vivir permanentemente felices. La realidad es distinta.

La frustración, la incertidumbre, el miedo y el estrés forman parte de la experiencia humana. No son señales de fracaso ni emociones que deban eliminarse de inmediato. Aprender a convivir con ellas también forma parte del bienestar. Por ello, la maestra Dea insiste en la importancia de desarrollar hábitos que fortalezcan la salud integral: dormir de forma adecuada, realizar actividad física, cultivar relaciones significativas, aprender a regular las emociones y establecer límites saludables con la tecnología.

Pero, quizá, la reflexión más poderosa de toda la conversación aparece hacia el final. Cuando le pregunto qué mensaje le gustaría dejar a los estudiantes, responde con una frase que resume el espíritu de toda la entrevista: “No conviertan una vitrina en un espejo”.

Vivimos rodeados de espacios donde las personas muestran versiones cuidadosamente seleccionadas de sí mismas. Vemos logros, viajes, reconocimientos, opiniones y momentos felices. Pero una vitrina siempre muestra una parte de la realidad, nunca la totalidad.

El riesgo aparece cuando comenzamos a utilizar esa vitrina para definir nuestro propio valor. Cuando confundimos la imagen con la identidad. Cuando creemos que debemos parecernos a aquello que observamos. Cuando olvidamos quiénes somos en el intento de convertirnos en quienes creemos que deberíamos ser.

Quizá ese sea uno de los mayores desafíos de nuestra época. No aprender a utilizar una nueva aplicación. No conseguir más seguidores. No permanecer conectados todo el tiempo. Sino conservar la capacidad de reconocernos a nosotros mismos en medio del ruido.

Porque las pantallas pueden mostrarnos el mundo. Pero la tarea de descubrir quiénes somos sigue ocurriendo, como siempre ha ocurrido, lejos de cualquier algoritmo. Y porque, al final, la popularidad puede cambiar en cuestión de horas y la identidad, en cambio, se construye durante toda una vida.

Este contenido es resultado del Programa Corresponsal Gaceta UdeG que tiene como objetivo potenciar la cobertura de las actividades de la Red Universitaria, con la participación del alumnado de esta Casa de Estudio como principal promotor de La gaceta de la Universidad de Guadalajara.

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