lunes, julio 6, 2026
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“Persépolis”: resistencia política y femenina desde el arte gráfico

La novela narra la autobiografía de la iraní Marjane Satrapi, quien falleció el pasado 4 de junio en París

Especial

Sobreviviente y creativa, Marjane Satrapi utilizó la novela gráfica y el cine para contar su visión de la vida y su vida misma, desde la infancia, cargada de autoritarismo; su adolescencia y juventud, manchadas por la soledad y la migración forzada hacia Europa y parte de la adultez, con el regreso a un Irán golpeado y azotado por la Revolución islámica.

Nacida en noviembre de 1969 en la ciudad de Rasht, en Irán, y avecindada en Francia desde 1994 y hasta el día de su reciente muerte –el pasado 4 de junio–, Satrapi se convirtió en un icono del arte gráfico mundial luego de publicar su primera novela en el año 2000, Persépolis, que cuenta su infancia en la ciudad de Teherán, los cambios en Irán tras el derrocamiento del Sha de Persia en 1979 y la instauración de la República islámica; la imposición del velo, la persecución política, la opresión mediática y su proceso de migración hacia Europa para continuar con sus estudios y alcanzar la “libertad”.

A los 14 años, Satrapi fue enviada por sus padres a Viena, donde, a pesar de su nulo alemán, pudo estudiar, para luego mudarse a Francia; lugares donde se percató de las banalidades de la vida occidental frente a su identidad iraní, experiencias que plasmaría (a pesar de su poca experiencia y su poco tiempo en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo) en Persépolis, novela gráfica y autobiográfica.

La obra alcanzó un gran éxito de crítica y público, y fue adaptada por ella misma y por el director Vincent Paronnaud para la pantalla grande. La película resultó un éxito y fue presentada en el año 2007 en el Festival de Cannes, donde ganó el Gran premio del jurado y obtuvo la primera nominación de una creadora por el Mejor filme de animación en la historia de los premios Oscar.

Vestida siempre de negro, labios pintados de rojo y con un cigarro en la mano, Satrapi se conviritió en una reconocida autora y artista mundial. Entre otros reconocimientos, mereció el Premio Princesa de Asturias de comunicación y humanidades.

En una entrevista con el diario español El País, Satrapi declaró: “Cuando era estudiante tenía clara una cosa, iba a ser pobre. Viviría en una buhardilla, comería siempre pasta y nunca iría de viaje, pero trabajaría en lo que me gustara. Con Persépolis ni siquiera pensaba que encontraría un editor”; palabras que dejan entrever lo difícil que era (y sigue siendo) que las mujeres tengan un espacio digno y reconocido en la creación gráfica.

pexels.com

Las mujeres en el cómic y el legado de Satrapi

Aunque ahora se sabe del impacto y éxito de Persépolis, detrás de su publicación hubo dificultades por encontrar un medio económico, impreso y comercial para productos creativos de ese tipo, y más aún para aquellos creados por mujeres y que, además, cuestionaban un régimen autoritario y patriarcal.

Satrapi lo sabía muy bien, y a pesar de aquellas tempestades siguió avanzando con sus obras, siempre de carácter político y afiliándose a importantes grupos de mujeres creativas, como el Colectivo de creadoras de cómics contra el sexismo, movimiento de autoras de historieta concebido para luchar contra las desigualdades de género en ese tipo de publicaciones y que reunió, en sus inicios, a 147 miembras (guionistas, dibujantes de cómics, ilustradoras, coloristas).

La artista queretana Jozz Ojeda (@jozz_ojeda), integrante del colectivo de autopublicación Zineuronas (el cual promueve las creaciones creativas autogestivas), participante en el Salón del cómic de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara y autora del cómic Lutino, publicado por la editorial Planeta, habló del impacto de Persépolis en su creación artística.

“La historia, primero, la conocí por la película, la cual claramente vi pirata. Me encantó y me conmovió mucho, igual que a mis compañeras de preparatoria. No fue hasta mucho después que me enteré de que era un cómic, lo cual amplió por completo ese universo que ya me tenía fascinada”, declaró.

Arte de Jozz.

En las páginas de aquella novela, Jozz Ojeda encontró una manera diferente de ver el mundo gráfico. Inspirada en un principio por historietas como Mafalda y Peanuts, vio en Persépolis la capacidad de contar historias ingeniosas mediante trazos y ángulos “simples” que, a su vez, lograban comunicar poderosos mensajes.

Me explotó la cabeza el hecho de que no fuera como lo que se espera del cómic en rigor, se me hizo un estilo muy chido. Me hizo decir, ‘Se puede dibujar en cualquier estilo y eso no perjudica absolutamente nada’. Me hizo ver que el valor de la obra reside en su historia y no tanto en su ambición técnica”, mencionó la autora de Lutino.

Destacó que, desafortunadamente, el pensamiento machista de que “las mujeres no hacen cómics” continúa permeando en el medio, lo que crea inseguridades en diversas mujeres comprometidas con el arte gráfico.

“En mi opinión personal, las mujeres hemos podido crear universos mucho más interesantes que muchos autores masculinos. No creo en ese cliché que dice que nosotras somos más sensibles; sin embargo, es cierto que hemos podido encontrar nuestra propia manera de contar historias y crear personajes más complejos”.

Para Jozz Ojeda, la comunidad y la autogestión han sido pilares importantes en su proceso creativo, en su creación artística, e incluso en su aprendizaje personal: “Es muy gratificante saber que podemos apoyarnos unas a las otras. Crear redes de apoyo que fortalezcan y nos guíen en lo que no sabemos”, dijo.

Además, recomendó a algunas de sus autoras favoritas, como Rebecca Sugar y a mangakas japonesas dedicadas al género slice of life, como Satsuki Yoshino.

Arte de Lázaro Sierra.

El arte, arma contra la opresión

Procedente de un entorno con inclinaciones firmes hacia la política izquierdista, Marjane Satrapi y su familia vivieron momentos de represión y encarcelamiento, hechos que forjaron la conciencia política de la autora desde su infancia.

En Persépolis, Satrapi nos hace partícipes de sus más crueles memorias: la complejidad de la sociedad iraní, la caída de la monarquía, las normativas islámicas impuestas, los relatos de tortura, detenciones y ejecuciones; así como los torbellinos de su vida emocional, la migración forzada hacia Europa, la vida en el exilio, las rupturas de corazón y la eterna lucha entre sus raíces y su nueva vida.

Una muestra viviente de que el arte ha sido, a lo largo de los siglos, una respuesta casi inmediata, general y poderosa, a las desigualdades, el autoritarismo, el miedo, las injusticias y la opresión en todas las latitudes de nuestro planeta.

El artista plástico y visual Lázaro Sierra (@eel_lazarus), egresado del Diplomado en artes visuales del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), ha explorado mediante su obra temas que para él son cruciales: la lucha contra el imperialismo y el despojo, la colonización y la lucha de pueblos originarios, entre otros; y lo hace empleando su creación y pensamiento en pro de los derechos humanos y la defensa del territorio.

“Para mí, el arte es una palabra comodín que nos permite crear un imaginario, moldear la percepción, los futuros imaginados o la proyección del presente; te permite hacer visible al invisible, visibilizar procesos, tensiones políticas, etcétera.

En mi caso particular, tengo la obsesión de poder entrelazar el espectro político con el espectro lúdico y juguetón del arte”, mencionó.

En la experiencia de Lázaro, la obra de Satrapi resultó ser un “antes y después” en la concepción del arte político: “Es una novela que quisiera regalarle a todas las personas que conozco. Como dibujante, te recuerda que tu trabajo no es ajeno a la sociedad y que el dibujo también es una forma de hacer crónica”, dijo.

“Vivimos una relación muy compleja como humanidad, en la cual los grandes poderes del mundo occidental quieren apoderarse de todo. Y las naciones en resistencia tienen que entrar en dinámicas de supervivencia que ponen en sacrificio a demasiados cuerpos. Creo que la obra de Satrapi se puede leer de muchas maneras, sin instrumentalizarla”, agregó.

Para mantener viva la llama de la esperanza que dejan obras como Persépolis en la memoria colectiva, Lázaro Sierra recomendó mirar lo cercano y crear desde la conciencia. Mencionó a la Sociedad de pintoras, un colectivo de mujeres muralistas en Guadalajara y al cantautor chileno Víctor Jara, como dos referentes excepcionales de la importancia de incluir a la política y el entorno en la creación artística y la expresión humana.

El arte, cuando se hace desde un territorio de conciencia y busca dejarnos ver cómo está tejido el mundo que nos rodea, puede ser una herramienta muy valiosa, porque nos permite articular lo vivido. Cuando todos estamos construidos en un entorno cargado de opresión y esta violencia terrible, despojadora y aplanadora, sólo se puede disolver, destruir o contrarrestar imaginando un futuro en el que sí ganamos. Las distopías son obsoletas, por lo cual, el arte debería ser ese catalizador de los colectivos de lucha”, concluyó Sierra.

Arte de sierra

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