miércoles, mayo 20, 2026
miércoles 20, mayo, 2026

Consumo de insectos: de tradición ancestral a alternativa del futuro

El aporte de proteínas y minerales, además de la sustentabilidad de su producción, convierten a estas especies, que ya se consumen tradicionalmente en varias partes del mundo y México, en una opción frente a los desafíos alimentarios y ambientales 

Especial

¿Te comerías un insecto? La sola pregunta puede provocar desde un gesto de curiosidad hasta un rotundo “no, gracias”. Y es que para algunos de nosotros la idea no resulta apetecible. En mi caso, hay algo difícil de ignorar: los ojos. Ésos que parecen devolverte la mirada, como si cuestionaran tu decisión justo antes del primer bocado.

Crecimos asociando a los insectos con lo que se aplasta, se espanta o, en el mejor de los casos, se observa a la distancia; no con algo que se sirve en la mesa, aunque, mientras algunos apartamos la vista de ellos, en muchas regiones del mundo y México forman parte de una tradición culinaria rica y ancestral.

En un contexto global donde la búsqueda de alimentos sostenibles es cada vez más urgente, el consumo de insectos, conocido como entomofagia, se posiciona como una práctica ancestral que hoy cobra nueva relevancia. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cerca de 2 mil millones de personas en el mundo incluyen insectos en su dieta, con más de mil 900 especies registradas como comestibles.

México destaca como uno de los países con mayor diversidad y tradición en este tipo de alimentación. Se calcula que en el país se consumen entre 500 y 600 especies de insectos, muchas de ellas presentes desde la época prehispánica y vigentes en la gastronomía contemporánea.

Platillos como los chapulines en Oaxaca, los escamoles en Hidalgo o las hormigas chicatanas en Chiapas forman parte de la identidad culinaria de diversas regiones del país. Estos ingredientes no sólo aportan sabor y tradición, sino también un alto valor nutricional.

Especialistas señalan que los insectos contienen entre 40 y 70 por ciento de proteína, además de vitaminas, minerales como hierro y zinc, y grasas saludables. A diferencia de la ganadería, su producción requiere menos agua, espacio y genera menores emisiones contaminantes, lo que los convierte en una alternativa frente a los desafíos ambientales actuales.

De la evolución humana al futuro alimentario

El consumo de insectos ha sido una práctica constante a lo largo de la evolución humana y podría representar una alternativa alimentaria clave para el futuro, explicó la doctora Nicoletta Righini, del Instituto de investigaciones en comportamiento alimentario y nutrición (IICAN), del Centro Universitario del Sur (CUSur), quien es coautora del libro Los insectos comestibles en el mundo, con el capítulo El consumo de insectos en la evolución humana, donde explora cómo esta práctica ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes.

“En realidad, comer insectos es muy común en muchos animales, pero también en muchas culturas; de hecho, lo raro sería no comerlos, el rechazo a consumirlos responde más a factores culturales que biológicos”.

La investigadora explicó que existen diversas formas de conocer la dieta de nuestros antepasados, desde el análisis de dientes fósiles hasta evidencias directas como los coprolitos (materia fecal fosilizada de animales o humanos que vivieron hace millones de años).

“Adentro de estas heces fosilizadas se pueden encontrar restos no digeridos de insectos, como fragmentos de alas o patas. Eso nos da una evidencia directa, al igual que el hallazgo de herramientas utilizadas para recolectar insectos, así como la observación de prácticas similares en primates actuales. Hay restos de huesos que se utilizaban como si fueran unos popotes para pescar termitas en nidos; estas conductas reflejan capacidades de planeación y uso de herramientas en los primeros humanos”, explicó.

Contrario a la imagen popular de grandes cacerías, la doctora señaló que la dieta cotidiana en la prehistoria era más diversa y accesible. “Eso que se ve de los hombres primitivos que cazaban mamuts en realidad era muy raro. En la vida diaria trataban de sobrevivir con alimentos más sencillos de recolectar, como huevos, pequeños mamíferos o también insectos”.

Desde el punto de vista nutricional, dijo que los insectos han sido una fuente importante de nutrientes, puesto que contienen proteínas, grasas, minerales y vitaminas, por lo que pudieron complementar muy bien la dieta desde hace millones de años.

Compartió que el rechazo hacia su consumo tiene raíces históricas y culturales. “El asco que podemos tener es una construcción cultural, ciertas tradiciones alimentarias se volvieron dominantes y otras fueron desvalorizadas o consideradas primitivas”, describió.

Destacó que actualmente ya existen productos derivados como harinas o polvos proteicos elaborados a partir de insectos, que se pueden utilizar para hacer galletas o agregarlas a licuados como fuente de proteína.

“Su aceptación podría aumentar al no presentar la forma visible del insecto. Me gustaría que las personas pudieran informarse un poco más, tratar de verlo con una mente abierta y no cerrarnos a decir: ‘qué asco, no lo quiero ni probar’”.

Cortesia

Insectos en México: herencia culinaria y potencial nutricional

En México, el consumo de insectos no es una tendencia reciente ni una práctica aislada, es una tradición arraigada en la historia y la cultura alimentaria del país, expresó la doctora Elia Valdez, investigadora del IICAN, quien también participó en dicha publicación con el capítulo El consumo de insectos en México: una tradición culinaria.

En su publicación destaca la riqueza biológica y nutricional de los insectos, así como su importancia en la dieta de diversas regiones, ya que representan un grupo muy importante de diversidad, aproximadamente 2 mil 100 especies, con propiedades nutricionales diferentes, pero con buena calidad nutricional en lo general.

“En el caso mexicano, la entomofagia tiene raíces prehispánicas y se mantiene vigente. Forma parte de una tradición prehispánica hasta nuestros días, desde hace cientos de años”.

Entre las especies más representativas, mencionó algunas ampliamente conocidas en la gastronomía nacional. “Hablamos del chapulín de milpa, pero también están los escamoles, el gusano de maguey, las hormigas chicatanas y las chinches de monte o juiles”.

El capítulo pone énfasis en el chapulín de milpa, uno de los insectos más consumidos en el país y objeto de investigación en el CUSur. “Quisimos resaltar la importancia del consumo de chapulín de milpa; hemos estado haciendo algunas investigaciones. Uno de los hallazgos más relevantes es su alto valor nutricional. Tiene bastante contenido en proteína. Nosotros tuvimos una concentración de alrededor de 58 por ciento, pero hay evidencias que reportan hasta 70 ciento”, relató.

Como parte de estos estudios, el equipo ha trabajado en la incorporación de harina de chapulín en alimentos tradicionales. “Lo que hicimos fue incorporar harina de chapulín en un totopo típico del Istmo de Tehuantepec con el objetivo de enriquecer su valor nutricional, además de trabajo de campo realizado en mercados de Oaxaca y la colaboración con productoras locales”.

En cuanto a la distribución del consumo en el país, Valdez señaló que se concentra principalmente en ciertas regiones y en general se consumen en Guerrero, Morelos, Puebla y Oaxaca, en el centro y sur de México.

A pesar de sus beneficios, la especialista reconoció que falta mayor investigación y difusión científica. “Desafortunadamente, aún falta mucho por hacer en México para dar a conocer de manera científica cuáles serían los beneficios del consumo de insectos comestibles. La Universidad de Guadalajara está contribuyendo en la investigación sobre el valor nutrimental, la incorporación y en qué alimentos se pueden incluir”.

Destacó su potencial como alternativa sostenible ante los retos alimentarios globales, ya que se calcula que después del año 2050 el acceso a la proteína va a disminuir, y probablemente la proteína de insectos sea una alternativa sostenible.

Cortesia

Una mirada integral y accesible a los insectos comestibles

Ante el creciente interés global por fuentes alternativas de alimentación, el libro Los insectos comestibles en el mundo, publicación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, surge como una propuesta divulgativa que busca acercar este tema a todo público, explicó su coordinadora, Ligia E. Díaz, quien destacó que uno de los principales motivos fue llenar un vacío en la literatura accesible sobre el tema.

“Nosotros vimos que faltaba un libro de este tipo a nivel de divulgación. No había nada que hablara de los insectos comestibles a nivel mundial con un vocabulario sencillo. Queríamos mostrar que no es una moda, sino una práctica ancestral profundamente arraigada en muchas regiones del mundo, incluido México”.

La publicación, que cuenta con ilustraciones de Silvia Pérez-Cuadrado, bióloga de la Universidad Complutense de Madrid, reúne el trabajo de 35 autores de países como Argentina, Brasil, Colombia, Francia, España, México y Holanda, quienes aportan desde sus propias áreas de conocimiento.

“Quisimos estructurar un libro que tuviera un soporte científico sólido, pero a la vez un lenguaje divulgativo para que la sociedad pueda conocer este mundo que, en algunos entornos, todavía es desconocido”, relató Díaz.

Uno de los principales retos fue coordinar perspectivas diversas en un solo volumen y la riqueza del libro radica justamente en esa diversidad, ya que incluye desde estudios sobre evolución humana hasta capítulos sobre tecnología alimentaria, además de casos específicos como la hormiga culona en Colombia o las tradiciones culinarias en Brasil y México.

“Buscamos que la gente los vea más cercanos, saber qué hacer con ellos cuando lleguen a la cocina. Por ello, el libro cierra con un recetario elaborado por chefs participantes, complementando el análisis científico con aplicaciones prácticas”.

Compartió que la percepción de su consumo varía significativamente entre regiones y en países como México, porque donde existe una tradición hay mayor apertura. Pero en Europa, especialmente en España, no forman parte de la cultura gastronómica, por lo que en estos contextos su incorporación implica no sólo cambios culturales, sino también procesos regulatorios, al ser considerados nuevos alimentos.

“No es fácil cambiar una costumbre que no está arraigada; hay que empezar desde pequeños y verlos con más normalidad. No se trata de convencer a nadie de comer insectos, sino de abrir la mente, cuestionar prejuicios y entender que es una posibilidad alimentaria con profundas raíces culturales. Es una fuente más, no se trata de sustituir, sino de conocer”.

Más datos

Consumo de insectos en el mundo

Más de mil 900 especies de insectos comestibles han sido registradas en distintas partes del planeta.

Estas especies se consumen en aproximadamente 113 países.

Se calcula que la entomofagia forma parte de la dieta de cerca de 2 mil millones de personas.

Consumo de insectos en México

Se consumen entre 500 y más de 600 especies de insectos identificadas como comestibles; una de las cifras más altas a nivel mundial. 

Esta diversidad representa una proporción muy grande del total global de especies comestibles registradas.

La entomofagia está profundamente arraigada desde tiempos prehispánicos y se ha transmitido culturalmente en muchas regiones del país. 

El consumo tradicional ocurre especialmente en Oaxaca, Hidalgo, Puebla, Guerrero, Chiapas, Campeche y Tlaxcala, entre otros estados. 

Insectos populares en la gastronomía mexicana

Chapulines (saltamontes).

Escamoles (huevos de hormiga).

Gusanos de maguey.

Ventajas ambientales

Comparados con la ganadería tradicional:

Usan menos agua.

Requieren menos espacio.

Emiten menos gases de efecto invernadero.

Son más eficientes: convierten mejor el alimento en proteína.

MÁS NOTAS

Post Views: 78