Sin embargo, al hacer un comparativo de las sustancias encontradas en 2015, la investigación del CUCBA encontró que los niveles de contaminación por metales pesados no han disminuido en la cuenca del Río Santiago entre Chapala y Juanacatlán, a pesar de la planta de tratamiento que instaló el gobierno estatal.
Por el contrario, la calidad del agua ha empeorado y lo más preocupante es que encontraron más cantidades de mercurio y sustancias de las que no tenían registro.
“Encontramos algunos lindanos (pesticidas), encontramos nuevos conservadores, por ejemplo, algunos pesticidas que se habían usado en pequeñas cantidades al principio, pero que ahora parece que están más fuerte. Además de sustancias que no podemos evaluar por separado porque hay una gran cantidad de reacciones químicas”, explicó Álvarez Moya.
Esta nueva gama de sustancias tóxicas trae también la posibilidad de efectos a la salud que no se habían estudiado a profundidad y que la tecnología de la prueba de biología molecular permite identificar con más certeza.
Los especialistas detallaron que “Cometa” tiene la particularidad de detectar daños invisibles e identificar diversas reacciones químicas. A diferencia de estudios anteriores, permite ver mutaciones muy sencillas relacionadas con los cambios de una sola base en la secuencia del ADN que no se detectan en exámenes clínicos convencionales.
También permite observar cómo cada sustancia química del río reacciona de forma distinta con el ADN de cada persona, lo que explica la amplia variedad de enfermedades encontradas.

“Es una nueva prueba que detecta diferentes tipos de daño. Antes nada más se podían ver algunos, ahora vemos que cada sustancia química reacciona diferente con el ADN. Entonces, dependiendo de los genes afectados es la enfermedad que se manifiesta. Esta prueba nos permite detectar los tipos de daños y, por lo tanto, nos dice que va a haber una más amplia variedad de enfermedades relacionadas”, expresó el académico.
Esta tecnología hizo posible que los investigadores identificaran que la población además tenga más tendencia a tener abortos espontáneos, en el caso de las mujeres, o que puedan tener hijas e hijos con sindrome de Down, síndrome de Turner o acondroplasia (talla pequeña).
“Están confluyendo los dos tipos de problemas, los efectos tóxicos inmediatos y los crónicos a largo plazo. Es muy probable que se incremente la tasa de enfermedades genéticas, es decir, de Down, de Turner, de deficiencias enzimáticas, deficiencias de lactosa, deficiencias digestivas, cualquier tipo de gen que tenga alguna función en la salud puede alterarse y generar problemas en la descendencia”, indicó Álvarez Moya.
En el caso del Síndrome de Down ya hay indicios de un aumento de casos en la población de Puente Grande, El Salto, Juanacatlán, Poncitlán y la Ribera de Chapala. La incidencia normal de este síndrome es de un caso entre 650 a 750 nacimientos, pero en estas zonas es posible que ya haya un caso entre 400 o 500 nacimientos.
Otra de las preocupaciones del equipo de investigación es que haya un aumento de personas nacidas con acondroplasia, ya que las sustancias tóxicas en el río pueden dañar uno de los genes del espermatozoide.
De esta manera, el destino de muchas niñas y niños de estas localidades podría estar escrito antes de nacer, al heredar una enfermedad de padres o madres que enfermaron por los cambios en la secuencia del ADN al estar expuestos a los contaminantes del río, explicaron los especialistas.
“Volviendo al ejemplo de la acondroplasia, es una enfermedad autosómica dominante, quiere decir que no se puede heredar si los padres no la tienen, pero hemos encontrado casos donde los padres no tienen, pero el hijo es acondroplásico. Es decir, hubo alguna mutación de novo que ya apareció y empiezan aparecer este tipo de enfermedades”, afirmó.

Para los habitantes del lugar, estas estadísticas no son solo números, sino nombres de vecinos, de amistades, de familiares enfermos o historias en primera persona. El testimonio de Nicolás Muñoz refuerza la afirmación de los especialistas, no como futuro sino como algo que está sucediendo ya en las familias.
«Conozco a muchas personas que han compartido el riñón con sus familiares, por ejemplo, con sus hijos, niños que han nacido ya con problemas de riñón y que se los han tenido que extirpar y ponerles un riñón de uno de sus familiares», aseguró.
Las enfermedades han alcanzado a funcionarios municipales o sus familiares, quienes han fallecido de leucemia o algún tipo de cáncer. Mientras tanto, la población está sumida entre incredulidad y hartazgo.
“Tenemos 40 años tocando puertas. Entra un partido, sale otro partido, se lo achacan a la política. Cuando una persona quiere tomar las cosas en serio, luego le empiezan a poner obstáculos los otros partidos que están en contra y esto a quien más afecta es a nosotros, porque lo que queremos es una solución. No queremos banderas de ningún tipo, la gente está muy muy incrédula ya, no quieren participar porque sabemos que va a quedar en un carpetazo”, concluye la señora Lilia.