La inteligencia artificial se ha incorporado de manera acelerada al ámbito educativo, transformando los procesos de enseñanza-aprendizaje y generando nuevos retos para docentes y universidades, aseguró Ramiro Israel Esparza Pérez, académico del Centro Universitario de Tlajomulco (CUTlajomulco).
“La inteligencia artificial ha entrado con, sin y a pesar de los docentes y las universidades. De acuerdo con estadísticas recientes, en bachillerato el 87 por ciento de los estudiantes la utiliza; el 81 por ciento en licenciatura y el 88 por ciento en posgrado; así como el 70 por ciento de los profesores de licenciatura y el 73 por ciento en posgrado”.
Esto significa que los estudiantes están incorporando la inteligencia artificial como parte de su proceso de aprendizaje para buscar información, obtener explicaciones de contenidos, estudiar para exámenes y redactar textos, pero también implica riesgos.
“Corremos el riesgo de que se orienten hacia un uso que impida aprender de manera adecuada. Uno de ellos es el sesgo de automatización, que ocurre cuando el alumno acepta toda la información generada por la IA como verdadera, aunque no lo sea. La inteligencia artificial puede presentar alucinaciones, es decir, hechos falsos expuestos con gran confianza”.
A ello se suma la “psicofancia”, definida como la tendencia de los modelos de IA a estar siempre de acuerdo con el usuario, por lo que muchas veces ofrecerán lo que la persona quiere escuchar, aunque no sea correcto. También existe el riesgo de externalizar el razonamiento, es decir, que el estudiante deje de utilizar sus propios procesos cognitivos.
“Un estudio de hace un par de años del MIT observó que los alumnos que utilizaban ChatGPT para realizar ensayos tenían menor probabilidad de recordar lo que habían escrito en comparación con quienes utilizaron únicamente su propio razonamiento. Incluso, estudios con electroencefalograma mostraron menor activación de ciertas habilidades cognitivas en quienes utilizaron IA”.
No obstante, subrayó que también existen investigaciones que muestran beneficios cuando se emplea correctamente, ya que la IA puede favorecer el aprendizaje y el pensamiento de alto orden, siempre que se utilice como herramienta de apoyo y no como sustituto del pensamiento, que permita aprendizaje activo, retroalimentación en tiempo real y acompañamiento docente.
“Desde la academia, la clave está en la formación y supervisión. Si más del 80 por ciento de los alumnos la utiliza, es prácticamente una obligación de profesores y universidades incorporar estrategias para su uso adecuado. Esto implica considerar los sesgos y saber cuestionar las referencias bibliográficas que proporciona la IA”.
El académico compartió que otro punto central es la equidad, ya que, según datos del INEGI de 2024, solo el 43 por ciento de los hogares en México tiene computadora y el 73 por ciento cuenta con acceso a internet. Por ello, las universidades deben ofrecer la infraestructura necesaria para garantizar el acceso a estas herramientas sin distinción.
En materia de evaluación, advirtió que, con un uso no supervisado de la inteligencia artificial, es posible obtener una calificación perfecta sin contar con los conocimientos necesarios, lo que representa un reto para diseñar nuevas formas de evaluación que permitan comprobar aprendizajes reales.
En cuanto al futuro laboral, mencionó que un estudio reciente de Banamex advierte que el 30 por ciento de los empleos formales en México está en riesgo debido a la inteligencia artificial y la automatización, lo que obliga a replantear los planes de estudio.
“Tenemos que cambiar la universidad no hacia el panorama actual ni al de 2026, sino hacia uno proyectado a 5, 15, 20 o 30 años. La inteligencia artificial es positiva y ofrece muchas ventajas cuando se utiliza adecuadamente; es una herramienta, no un sustituto del docente ni de la universidad. Si se usa correctamente, potencializará las habilidades del estudiante y su aprendizaje; de lo contrario, puede truncar su desarrollo”.
Recordó que, aunque la IA existe conceptualmente desde 1955, fue hasta 2022, con la liberación de ChatGPT al público en general, cuando se incorporó de manera decisiva al pensamiento y a la cultura contemporánea.
“Es fundamental que la enseñanza de estas herramientas forme parte del currículum básico en las universidades y que los profesores sean tutores en su uso adecuado. Es importante profesionalizar al docente y asumir el liderazgo en este proceso: somos nosotros quienes debemos tomar la batuta en el uso de la inteligencia artificial, porque los estudiantes la utilizarán con o sin nosotros”.