Aunque millones de personas cumplen con su trabajo, responsabilidades familiares y sociales, en silencio pueden vivir un profundo desgaste emocional conocido como “distimia”, una forma de depresión que permite mantener la vida cotidiana mientras el malestar emocional se vuelve permanente.
Lejos de ser un fenómeno aislado, la depresión forma parte de una crisis global de salud pública. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca de 5 por ciento de la población adulta mundial vive con depresión, lo que equivale a aproximadamente 280 millones de personas.
“En el caso de la depresión funcional no existen cifras exactas de cuántas personas la padecen. Subsiste la dificultad de poder identificar las cantidades o las cifras porque hay un subregistro, y como quien la padece sigue funcionando ‘normalmente’, muchas veces ni siquiera están identificados y menos diagnosticados”, explicó Isabel Rodríguez Sáinz, encargada del Laboratorio de Psicología del Centro Universitario de los Altos (CUAltos).

En México el problema también es significativo: alrededor de 34.8 millones de personas han experimentado algún episodio depresivo en su vida, según datos del Inegi. Aunque la funcional comparte síntomas con otros tipos de depresión, tiene una peculiaridad.
“La característica más sobresaliente es que las personas siguen sus actividades habituales, pero hay un sobreesfuerzo implícito en funcionar de manera cotidiana, lo que provoca que sea más difícil identificarla o que las propias personas reconozcan que viven con depresión”, apuntó Rodríguez Sáinz.
Entre los síntomas destacan: falta de ánimo, fatiga, problemas de sueño, falta de concentración, incremento o pérdida de peso, y pérdida del disfrute de algunas actividades.
“Señales de alerta de una persona con depresión, o con depresión funcional, podrían ser la falta de contacto telefónico, cuando se aísla significativamente; ausencias reiteradas a eventos sociales, falta de diálogo”, agregó.
Explicó que de no ser atendida puede detonar en un episodio depresivo mayor, una depresión crónica que tendría consecuencias para la salud física y mental.

Entre las recomendaciones para atender este padecimiento están: la psicoterapia, la atención psicológica, médica o psiquiátrica; el ejercicio físico, puesto que la depresión tiene que ver con los neurotransmisores como dopamina, adrenalina, serotonina, asociados con la sensación de placer; por lo que reír, involucrarse en cosas agradables, aunque en un estado de ánimo depresivo no sea de tanto agrado, va a generar la estimulación a nivel de los neurotransmisores.
“Ojalá pudiéramos tener la sensibilidad para acompañar empáticamente a las personas que viven con depresión, que fuéramos sensibles a una condición diferente. También ayudaría mucho que las personas pudieran aceptar o asumir su condición y, por consiguiente, la posibilidad de recibir apoyo”, subrayó Rodríguez Sáinz.
Para atender estos casos y otras situaciones relacionadas con la salud mental, la Universidad de Guadalajara, cuenta con la página de internet https://manadadeapoyo.udg.mx/inicio, donde los interesados pueden solicitar ayuda de forma gratuita.









