
Libros
Tengo un trip con la memoria, porque no me acuerdo casi nada de mis primeros años de vida, pero lo que nunca he olvidado es mi libro favorito de la infancia: Marina y el pirata de Silvia Molina, con ilustraciones de Alejandro Magallanes. Es un cuento muy bello sobre aceptar el cambio -cosa que detesto, pero es cambiar o morir-, recuerdo pasar horas viendo los dibujos de Magallanes, quien a la fecha es un artista que admiro muchísimo. Desde la ilustración hasta otras cuestiones más conceptuales, pienso que sigo siendo esa niña que amaba Marina y el pirata.
Proceso
Este comienza desde las cosas tontas que pienso. Soy muy de mis referencias. Uno de mis artistas favoritos, Lawrence Weiner, solo trabajaba con textos porque para él las ideas ya son objetos por sí mismas. Me gusta creer en eso, escribir me es esencial para aterrizar cualquier idea o pensamiento que tenga potencial de ser algo más, y a veces ese momento tan primordial es suficiente. Mis procesos son desordenados, y a veces obsesivos, no hay punto medio, me gusta darle muchas vueltas a una misma idea o concepto, no pienso que las cosas simplemente terminen, aunque a veces sí, en ocasiones. Es una cosa muy de repetición.
Nihilista
Creo que me ha sido muy natural, siempre supe que terminaría haciendo algo así, aunque apenas empiezo. Siempre busqué estar cerca de personas que se dedicaran a cuestiones culturales y artísticas, incluso antes de tomar un camino más profesional o de decidir estudiar esto en la universidad. A veces es difícil creer que es algo posible: “¿cómo podría yo algún día estar en la posición de ese señor artista que acabo de ver ayer, en una inauguración prístina y con todas las personalidades?”. Buscar el modo de seguirse moviendo en este mundo tan voraz es horrendo. Yo soy muy nihilista, pienso que no todo es tan importante, pero uno debe asumirse a veces como persona, como “alguien” (artista, curadora, académica, etc.).
Arte
Para mí, el arte lo es todo. Yo me entiendo porque existe una canción que habla de lo que viví un domingo por la tarde, porque hay una película que me recuerda a mis amigos, porque hay una pieza conceptual sobre el amor y mil pinturas sobre la violencia, porque hay un libro sobre naranjas. Esas cosas son el encanto de no sentirse solo en el mundo, yo no entiendo de matemáticas ni de riesgos climatológicos, no entiendo por qué inventaron los rascacielos o de qué sirve tanto trámite burocrático. El arte es una cosa increíble porque puede serlo todo, puede ser una situación muy ajena con la que no te identificas en lo absoluto (pero igual te abre una puerta a ver y habitar, hasta cierto punto, otras realidades) o puede ser algo que detone el llanto más visceral que experimentarás en tu vida. Puede ser tan pequeño, privado y codificado como quieras, o configurarse en un nivel de significación mayor. Como el mar, pienso yo, como el agua. Así de esencial. El arte es un recordatorio de todas las posibilidades tangibles e intangibles.
Simulacros
Curar esta exposición ha sido cansadísimo, pero muy bello. Todo el arte se trata de un intento por entender las cosas que no tienen sentido, resignificar, etc., y encontrarse con toda esta maraña de cosmovisiones es una maravilla. Esta exposición es un acercamiento a nuestra herramienta sensible más básica, el cuerpo. Y en ese sentido ha sido como un abrazo muy suavecito verla concretarse.
Enseñanza
Me encantaría que fuera más accesible en un nivel hasta escolar. Que se enseñara arte en la escuela como se enseña ciencias o español. Creo que sucede como la sexualidad o los estudios de género, por dar un ejemplo, al ser inaccesible hay una especie de tabú, y por ende una separación. El arte no “debe ser” de alguna forma, nada más tiene que ser. Ojalá se descentralice, ojalá deje de blanquearse, ojalá deje de estar a cargo de señores rancios, ojalá pueda ser una carrera que perseguir sin tener que ser una persona ultra privilegiada para sostenerla, ojalá que se libre de la censura. Esas cosas. Pero que sea, que siga siendo una realidad.
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