Una industria creativa y cultural en construcción

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El sal—n de profesionales lleno de gente dentro de la 28 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Mexico, MiŽrcoles, Diciembre 03, 2014. © FIL/Paola Villanueva Bidault

La promoción de Ciudad Creativa Digital (CCD), desde que Guadalajara fue designada sede de este clúster de tecnologías y conocimiento en 2012, pone en circulación el concepto de Industria creativa y cultural, que supone entender a las ideas como motores económicos.

Proméxico, la entidad de la Secretaría de Economía que estimula el equilibrio entre la llegada de inversión extranjera a México y la exportación de bienes mexicanos al mundo, dedica una edición de su revista Negocios al diseño, el cine y la producción de videojuegos Made in México, y equipara el peso de este sector con el de industrias tradicionalmente robustas como la minera, la automotriz, la textil, la aeroespacial, entre otras.

El gobierno de Jalisco creó en 2013 un capítulo especializado en el tema al interior de la Secretaría de Cultura: la Dirección de Industrias Creativas, con un economista, Paulo Mercado, como titular. El propio Mercado ha señalado que la dependencia ve a los creativos como potenciales generadores de empleos y riqueza mediante la producción de bienes y servicios.

La creación de una dirección de este tipo —recuerda Mercado en entrevista— tiene su sustento en los estudios que se vienen desarrollando desde mediados del siglo pasado, con Reino Unido como epicentro de la discusión, donde se destaca la necesidad de crear políticas públicas que incentiven el desarrollo económico de los países a partir de seis sectores: el patrimonio cultural y natural, las presentaciones artísticas y las celebraciones, las artes visuales y las artesanías, la edición de libros y la prensa, el diseño y la arquitectura, y los medios audiovisuales y creativos, estos últimos atendidos particularmente por Ciudad Creativa Digital.

La Dirección de Industrias Creativas ofreció cuatro talleres de formación empresarial para artistas, gestores culturales, diseñadores y editores en 2014 y cerrará 2015 con ocho talleres impartidos. El objetivo de los mismos es integrar a los creadores de sentido en las dinámicas económicas de una industria estándar para comenzar a plantear proyectos que se sostengan a sí mismos en materia financiera y dependan menos de los presupuestos.

“Al tener ese modelo de gratuidad en absolutamente todos los aspectos de la cultura, lo que ocasiona es que las personas que se dedican a esas actividades no tienen un desarrollo económico particular como el resto de los sectores. No tienen la misma oportunidad porque se espera la subvención para medio seguir caminando”, sentencia Mercado.

Un nuevo ingrediente se integra a este panorama: el anuncio realizado durante el tercer informe presidencial de Enrique Peña Nieto, en septiembre de este año, sobre la propuesta que hará el Ejecutivo Federal al Poder Legislativo para la creación de una Secretaría de Cultura a nivel nacional.
“Esta daría certeza jurídica al sector”, indica Adriana Ruiz Razura, coordinadora de la Maestría en Gestión y Desarrollo Cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño.

Manuel Celestino Flores Bravo, asistente técnico de la misma maestría, agrega que una secretaría de este tipo deberá establecer un nuevo marco legal para las políticas públicas en torno al sector y la simplificación de las tareas que hasta ahora conducen el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, además de continuar en la consolidación de estas actividades como unidades económicamente viables en el país.

“Debe haber colaboración entre Secretaría de Economía y Secretaría de Cultura. La Secretaría de Economía creando estrategias para atraer estímulos, como lo han hecho con el cine mexicano y los impuestos”, destaca.

Universidad de Guadalajara: reflexión y praxis
En la Universidad de Guadalajara, el proceso de reflexión, preconcepción, sistematización y puesta en marcha de un ecosistema que facilite el desarrollo de la cultura se inició hace cuarenta años, menciona Ángel Igor Lozada Rivera Melo, secretario de Vinculación y Difusión Cultural del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño.

El concepto de industrias creativas, afirma, se viene formando desde la década de los sesenta aunque en México, puntualiza, la concepción de que la cultura y las artes constituyen una actividad económica enfrentó en los ochenta la animadversión de un sector de la comunidad que insistía en la función eminentemente social de estas actividades, así como la responsabilidad exclusiva del Estado de proveerlas.

El Festival Internacional de Cine en Guadalajara surgió a mediados de los años ochenta, como Muestra de Cine Mexicano, cumpliendo con una función clave de la universidad —difundir la cultura—, pero también reforzando la cadena de producción de la cinematografía nacional organizando, sistematizando y convocando a los actores que forman parte de ella.

En este tiempo, la Universidad de Guadalajara ha seguido trabajando desde lo académico con dos programas especializados —la licenciatura en Gestión Cultural y la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural— y desde la práctica, con Cultura UdeG, para abonar al objetivo de “fungir como un espacio que propicie los espacios para la evolución de la cultura”, como detalla Rivera Melo.

La maestría, con once años de permanencia, promueve el análisis de las industrias culturales y creativas desde las teorías contemporáneas en torno a la creación simbólica, pero también aborda temas puntuales sobre la administración de proyectos autosustentables en materia financiera, el desarrollo de estrategias para la identificación de los públicos o los mercados del arte, la recaudación de fondos y patrocinios y la elaboración de presupuestos y cronogramas de acción, de acuerdo con Flores Bravo.

Cultura UdeG, confirma Rivera Melo, “es un crisol, la parte donde converge todo para ir hacia un nuevo horizonte”. La dependencia ha trabajado a lo largo de una década en los mecanismos para llevar a la práctica las teorías sobre la industria cultural. En el camino, ha encontrado los puntos donde convergen las bellas artes y el entretenimiento para generar entornos que permiten impulsar a los jóvenes creadores y a los artistas con trayectoria y participar en proyectos con fines de comercialización o de recaudación de fondos.

La dependencia se propuso ser factor de cambio en todos los eslabones de la cadena de valor al desarrollar infraestructura para la cultura, organizar las proveedurías, generar contenidos, incentivar los encuentros de la industria relacionada con la propiedad intelectual y, en últimas fechas, formalizar estrategias para definir a los consumidores de los distintos productos creativos y trabajar con los artistas a favor de ellos.

“La discusión que tenemos enfrente es cómo los artistas se van a organizar como comunidad para enfrentar los retos de una economía que cada vez es más estrecha. Estamos dejando ir valores que ni siquiera la comunidad sabe que tiene”, reconoce Rivera Melo, quien participó como panelista en el Segundo Encuentro Nacional de Gestión Cultural, que tuvo lugar entre el 14 y el 17 de octubre en Tlaquepaque.