Un puente entre culturas e idiomas

Pese a no ser reconocido, el trabajo del traductor ha sido fundamental desde la antigüedad para difundir el conocimiento, señaló experta de la UdeG en la clase inaugural del ciclo escolar 2021-A del doctorado en Humanidades

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La figura del traductor seguirá vigente a pesar de las nuevas tecnologías que permiten la traducción asistida por computadora. El papel de este especialista ha sido muy importante desde el inicio de la historia: un puente entre las culturas e idiomas, afirmó Dulce María Zúñiga, investigadora del Departamento de Estudios Literarios, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).

La académica impartió la conferencia «Reflexiones en torno a la (¿triste?) figura del traductor de Don Quijote a Marcovaldo», como clase inaugural  para el ciclo escolar 2021-A del doctorado en Humanidades, que fue trasmitida a través de zoom.

Explicó que el trabajo del traductor está vinculado con la sensibilidad, con el conocimiento y la subjetividad de las personas, y eso no lo puede suplantar una máquina.

Mencionó que un buen traductor debe conocer una o más lenguas extranjeras, las que él o ella elijan, y sobre todo conocer muy bien su propia lengua. Si es hablante de español, esmerarse en el conocimiento de éste.

No solo debe saber vocabulario, sino también las entrañas de español, la gramática, la fonética, y todo lo que tiene que ver con el lenguaje escrito para poder publicar».

Cuando se trata de un trabajo literario, el traductor, además, debe tener capacidad creativa, pero controlarla también, ya que cuando se traduce una obra no es lícito que si algo no le parece al traductor, éste lo cambie o arregle.

«Hay que ser muy respetuosos de los textos originales, y tener esa sensibilidad para trasladar a su idioma el aspecto estético de una obra original, sin traicionarla y alejarse del sentido original».

Advirtió que un traductor puede desmejorar una obra literaria, «si traduce de manera muy plana, sin fijarse en lo que realmente trata de decir el escritor, y por no tener sensibilidad y no saber interpretar, o por hacer que las palabras rimen en español, en el caso de una obra escrita en francés, y eso va a resultar un bodrio».

Detalló que las traducciones de obras en prosa, los ensayos históricos y la poesía implican diferentes tipos retos para el traductor.

«Yo he traducido trabajos de microhistoria del historiador italiano Carlo Ginzburg, que ha implicado mucho esfuerzo, ya que aborda temas y asuntos del siglo XVI, y para traducir documentos generados en esa centuria, tuve que hacer investigación filológica casi de cada frase que tenía que trasladar al español actual».

«Me gustó mucho hacer este tipo de trabajos porque aprendí mucho de historia y de la etimología de la lengua italiana».

Destacó que para traducir a un español que se entienda en toda América de habla española, hay que tener cuidado con los mexicanismos: “Si voy a utilizar la palabra banqueta, pues esa solo es utilizada en México, entonces hay que recurrir a un término como acera, cuyo significado se conoce en México, Argentina, Perú y Ecuador.

Confesó que traducir poesía es un reto muy superior a cualquier tipo de traducción porque se trata de un lenguaje muy específico. «He traducido poesía francesa, italiana y portuguesa, y en esos casos he trabajado con poetas de habla española. Ellos ayudan limando frases, cambiando los adjetivos, invirtiendo los términos, hago taller donde se lee en voz alta, hasta que se encuentra el lenguaje justo para un verso o poema».

Calificó como humilde el trabajo del traductor, y agregó que muchas veces no es reconocido, ya que muchas personas compran una obra basándose en el autor y poco se fijan en quién es el traductor, pero cuando hay una excelencia en la traducción como es el caso de Julio Cortázar (1914-1984), que trabajó con Edgar Allan Poe (1809-1849), entonces ya hay personas que buscan, además del autor, el trabajo del traductor.

Jorge Luis Borges (1899-1986) tradujo La metamorfosis, de Franz Kafka (1883-1924), y hay personas buscan esa versión, ya que es infinitamente mejor que muchas otras. Entonces eso son ejemplos de que hay que ganarse el nombre como traductores. Hacer un buen trabajo puede llevar a un traductor a ser conocido, y que las editoriales lo busquen y aprecien. Otros escritores que realizaron trabajos de traducción son Octavio Paz (1914-1998) y José Emilio Pacheco (1939-2014).