Toros choneros

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20111023 Guadalajara, Jal. MÌ©x. Triunfa en la Nuevo Progreso de Guadalajara, el hidrocÌÁlido Arturo Saldivar (Blanco y Oro), luego de la faena que le hizo a ‰ÛÏCaramelo‰Û? de 470 kilos, primero de su lote, la cual le valiÌ3 que le otorgan dos orejas. Saldivar que no se encuentra al 100 por ciento ya que salio al ruedo con una cornada de mÌÁs de 5 centÌ-metros que recibiÌ3 la semana pasada en Espa̱a que va del escroto al perineo. Toros de San Isidro).Foto Javier Hoyos/FJ/Staff

En un pueblo de Jalisco, de cuyo nombre no quiero acordarme –pero que está entre Cocula y Ameca–, viví como aficionado taurino el fin de una época, allá por finales de los 70 y principios de los 80, las últimas expresiones taurinas populares en los llamados “novenarios”, ferias patronales que anualmente celebraban con jaripeos en improvisadas plazas de ruedos de vigas y tendidos de trancas, y en las que se presentaban, llegados de Guadalajara, torerillos y maletillas aspirantes a novilleros, vestidos con trajes de luces que eran un auténtico apagón, de tan traídos y llevados en la brega de ganados cerriles: torunos criollos y cebuseros, a los que se enfrentaban con el capote y la muleta de la ilusión. Con la esperanza de que alguno embistiera con codicia y franqueza. Muy pocas veces salía el toro de casta brava, y cuando lo hacía, era una res tan toreada, que constituía un auténtico “barrabás”.
La legua y la aventura eran el pan que en medio del compañerismo de las improvisadas cuadrillas hacían que enfrentaran a los toros “choneros”, así llamados por su comportamiento brabucón y resabiado, que hacía peligrar hasta la ropa más íntima. “Chon Legañas” era el nombre común asignado a todos los toros que por la puerta de toriles se asomaban por enésima vez, para mandar a los torerillos de vuelta a su casa todos maltrechos, por la audacia de enfrentar al toro de los novenarios.
La modernidad actual, con sus cambios y mutaciones, aniquiló este modo taurino de aprendizaje novilleril, crudo y arriesgado, y también pocas veces exitoso, perdiéndose definitivamente este rasgo de tipismo de las ferias pueblerinas como expresión popular y rudimentaria de las localidades rurales de Jalisco.
En la plaza de toros Nuevo Progreso de Guadalajara, existe una pintura mural en el pasillo de los tendidos bajos de sombra, que recoge en una de sus primeras escenas la corrida incruenta pueblerina de toros “choneros”. Fue pintado por un novillero de notable talento pictórico, que vivió en carne propia aquella época: lo apodaban “El Juchi”. Pintó en una segunda escena al novillero herido y atendido en el quirófano por los conocidos médicos de plaza, los doctores Ramírez Mota Velasco, Pérez Lette y del que también fue novillero y luego médico cirujano y maestro de la Escuela de Medicina de la Universidad de Guadalajara, el doctor Jesús Arias.
Por el valor plástico e histórico testimonial de este mural, merece lo restauren como parte del inventario de la pintura mural del patrimonio artístico tapatío.
De telégrafo
Domingo 30 de octubre. Toros de Los Encinos. Disparejos de tipo, en general débiles, de buen peso, cornamentas discretas y de bravura dosificada. En primer tercio brabucones, y sosos descastados en el último. Fernando Ochoa, empeñoso y pulcro, apuntando mejoría en su estilo. El hispano César Jiménez, de oficio depurado y fino, pero con malísima suerte. El Payo, que acaparó el favor del público, valiente, dominador y artista. Los tres con fallas técnicas notables al estoquear, perdiendo merecidos trofeos. Las cuadrillas fatales: alcanzaron el “fua” de la mediocridad personal y la decadencia gremial al descornar dos toros avisados desde los burladeros, del lote de Jiménez. La plaza con un tercio de público: el de sol, dicharachero y rezongón; el de sombra, aplaudidor a la menor ocasión.

Presentación de libro
El jueves 3 de noviembre fue presentado el libro Alas de mariposa. Antología del toreo de capa, en la plaza de toros Nuevo Progreso de Guadalajara, de los autores Miguel íngel Martínez y Óscar Ruizesparza, bajo el lema divisa: “La soberanía de los pueblos estriba en sus costumbres y tradiciones”, el cual fue recibido con el aplauso general de los concurrentes.
Los presentadores se auxiliaron de un video con parte del contenido del libro, a la vez que los alumnos de la Academia Municipal Taurina de Guadalajara escenificaron algunas suertes de capa contenidas en el mismo, mediante una sesión de toreo de salón.
Este libro consta de: capítulo I, que contiene 14 lances de inicio o recibo; el II, 33 quites; el III, 12 remates y adornos; el IV, 4 suertes de la inventiva personal del autor, torero en retiro. Incluye un video con la ejecución de las mismas, con fondo musical y declamatorio del finado Federico Garibay.
El libro inexorablemente hará renacer el perdido arte del toreo de capa, con las alas del arcángel del autor.