Sergio Villaseñor

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El humanismo es la principal cualidad que distinguió al fundador del Hospital Civil de Guadalajara, fray Antonio Alcalde y Barriga. Numerosas generaciones de médicos han pasado por el “nosocomio de Belén”. Algunos de ellos han compartido la esencia del llamado “Fraile de la Calavera”: el compromiso con sus pacientes.
El psiquiatra y doctor en antropología social, Sergio Javier Villaseñor Bayardo, logró plasmar en un documento el espíritu del fraile, que vive y existe en los médicos del Hospital Civil.
“Lo que brilla aquí es el espíritu del fraile, cómo este misticismo de servicio, que origina fray Antonio Alcalde, pervive en el ambiente de este hospital. Este espíritu del fraile nos debe impulsar a atender de una manera humanista a nuestros pacientes”.
Rosendo López Macías, reconocido por su altruismo; Juan López y López, distinguido cirujano cardiovascular; Luis Navarro Rodríguez, exdirector del nosocomio; Octavio Orozco García, maestro emérito de la UdeG y el cardiólogo Francisco Serrano Torres, son algunos de los 15 profesores que han laborado en el hospital y que han brindado un ejemplo de trabajo y dedicación a la medicina, por lo que son reconocidos como “hijos del fraile”.
Villaseñor Bayardo comenta que el libro plasma las motivaciones de los especialistas: “cómo lograron sortear tantas dificultades para conseguir sus objetivos y ocupar un sitio en la sociedad y en el gremio médico”.
Añadió que estos médicos son reconocidos por el compromiso absoluto con la medicina y, principalmente con sus pacientes, al grado de descuidar a su familia. El espíritu de servicio los incitó a acercarse afectivamente al enfermo y se convirtieron en vidas dedicadas a los pacientes, vidas que dejan de lado a los suyos.
El jefe de hospitalizados del servicio de psiquiatría del nosocomio, dijo que el objetivo principal del libro fue brindar un homenaje y dejar una memoria registrada: “este libro es un antídoto contra la nada, un antídoto contra la enfermedad de los olvidos, del olvido negligente y perezoso y del olvido por el inevitable borramiento de los surcos de la memoria, ante la caída firme y decidida de la lluvia del tiempo”.
“Tratamos vidas congruentes con su tiempo, congruentes con el espíritu del Fraile. Además, existe otro valor importante que nos obliga a compilar la información breve de estas vidas. Ese valor es el ejemplo. Algunos de estos maestros son paradigma de vocación galénica: encarnan el espíritu de servicio”.
En el libro se pueden leer algunas expresiones de los médicos, surgidas durante las entrevistas con el autor de la obra. Por ejemplo, Rosendo López Macías, entrevistado meses antes de fallecer expresó: “no he hecho capital, pero he hecho alumnos que me han llenado de respeto”.
Francisco Serrano Torres afirmó: “El paciente considera a su médico como su dios, y si ese médico no se comporta como tal o algo parecido, entonces deja de creer en él”.
Palemón Rodríguez Gómez respondió: “El médico casi nunca cura. Algunas veces proporciona alivio, pero siempre consuela”.
El director del antiguo nosocomio, Héctor Raúl Pérez Gómez, en la introducción de la obra, escribe: “Cuando un médico se ha embriagado del humanismo de Alcalde, de la medicina como ciencia y arte, de la historia de nuestro nosocomio de Belén, se puede considerar digno heredero del XXIV obispo novo galaico y por ende, hijo del Fraile”.
Los hijos del fraile, escrito en 2004, es la primera parte de la reciente obra e incluye fotografías de los médicos. El libro transmite a las nuevas generaciones de médicos, “nietos del Fraile”, la vida y obra de destacados especialistas del antiguo Hospital Civil. Fue realizado con el apoyo del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) y de su rector, Víctor Manuel Ramírez Anguiano, así como de las autoridades del OPD Hospital Civil de Guadalajara.
“El Hospital Civil es adictivo. A muchos les ha enfermado la pasión por la ciencia médica, a otros tantos el romanticismo por su historia. A casi todos los que por sus pasillos hemos transitado nos ha contagiado epidérmicamente el humanismo aplicado a la atención del que sufre…”
La grandeza de las instituciones está en su gente, cita Pérez Gómez. Rescatar el espíritu de humanismo no solo en los médicos, sino en la actual sociedad, cada día más debilitada en sus valores humanos, podría ser la misión de este texto.