Repensar la educación en entornos inciertos

La crisis derivada de la pandemia por Covid-19 ha exacerbado en muchos sentidos las desigualdades existentes en el sistema educativo, razón por la cual es indispensable enfocarse en la equidad y la recuperación del aprendizaje

805

Este 24 de enero se conmemora el Día Internacional de la Educación, una fecha que invita a la reflexión sobre la transformación de los procesos de aprendizaje para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, quienes han sido afectados por el cambio drástico que se tuvo que implementar al cerrar las escuelas.

La pérdida de aprendizajes y el abandono escolar son dos graves problemas derivados del confinamiento, y la tecnología solamente sirvió de contención para que el sistema educativo no se desplomara; pero ahora corresponde a las instituciones trabajar en estrategias eficaces para disminuir la brecha ocasionada por el tiempo de trabajo en casa, así como generar programas de apoyo para los estudiantes que desertaron durante el periodo de pandemia y reincorporarlos al sistema escolar, además de garantizar un retorno seguro a las aulas.

La preocupación por las consecuencias derivadas del cierre de las instalaciones escolares es grande. De acuerdo con el informe “El estado de la crisis educativa mundial: un camino hacia la recuperación” elaborado por la UNESCO, la UNICEF y el Banco Mundial el año pasado, se espera que la proporción de pobreza de aprendizaje de niñas y niños que viven en los países de ingresos bajos y medios aumentará hasta el 70% -antes de la pandemia estaba por encima del 50%-  y se estima que 24 millones de estudiantes, desde el preescolar hasta el nivel terciario, corren el riesgo de abandonar definitivamente la escuela.

La crisis ha exacerbado en muchos sentidos las desigualdades existentes en la educación, razón por la cual es indispensable enfocarse en la equidad y la recuperación del aprendizaje, aspectos primordiales para los niños y jóvenes al volver a la escuela.

Para paliar estas consecuencias, la Comisión Internacional sobre los Futuros de la Educación convocada por la UNESCO propone, entre otros aspectos, la creación de ecosistemas en los que se reconozca la articulación de la educación formal e informal, promovida entre las instituciones educativas y los distintos espacios de aprendizaje asociados o no a la escuela, tales como bibliotecas, museos, radios comunitarias, televisión de acceso público o los espacios digitales. Ello conformaría un escenario más equitativo mediante entornos flexibles para garantizar la continuidad de los saberes, al margen del cumplimiento de un programa rígido y rigurosamente escolarizado.

Por otra parte, aunque se reconoce el papel de las universidades como espacios diversos y que brindan apoyo a los distintos niveles educativos, ahora deben desempeñar un papel más preponderante mediante el trabajo colaborativo multinivel, que haga de la llamada ciencia abierta y el acceso libre a los materiales de aprendizaje una realidad que beneficie a todas y todos. Esto será posible en la medida que se establezcan lineamientos normativos transparentes en términos del buen uso de la información y el reconocimiento a los derechos de la propiedad intelectual.

Sn embargo, una cuestión que empaña el entorno educativo es la percepción sobre la pérdida de solidez de la democracia en muchos lugares del mundo, por lo que estamos obligados a ser perceptivos y no obviar los hechos que se han presentado en nuestro país y que afectan el rumbo de la educación, sobre todo en el nivel superior. El caso del CIDE es un dramático ejemplo de lo que puede estar por venir para todas las instituciones educativas y de investigación; a pesar de que han transcurrido dos meses de manifestaciones de inconformidad ante la imposición de un Director General por parte del CONACyT, no se vislumbra voluntad gubernamental para llegar a un acuerdo.

Si a lo anterior se suma la persecución absolutamente irracional de los investigadores del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) por el propio CONACyT y la Fiscalía General de la República (FGR); así como el cambio de las políticas de financiamiento a los proyectos de investigación, o el otorgamiento de becas por parte del mismo organismo, el panorama no es solo incierto sino también catastrófico, lo que parece confirmarse con las últimas críticas del gobierno federal a instituciones reconocidas por su calidad y prestigio, como la UNAM, la UdeG y el Tecnológico de Monterrey, el daño infringido a la educación superior y la investigación todavía no se cuantifica en su verdadero impacto.

En este entorno convulso debemos repensar la educación y apostarle a la dignificación de las formaciones profesionales, al fortalecimiento de la autonomía de las instituciones de educación públicas y al pleno respeto a las privadas, de otra manera, la educación, y por tanto el país, no tienen futuros posibles.