Raúl Aceves, el poeta como buen artesano del lenguaje

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La literatura para Raúl Aceves es un medio de expresar lo que piensa y siente. Le permite el autoconocimiento, trascender la soledad y establecer una comunión con un lector o un crítico literario. Por eso sigue escribiendo.

Su trayectoria, forjada a través de una vocación firme, le hizo acreedor al Premio Jalisco 2020, en la categoría literario, otorgado por el Gobierno del Estado.

El ahora académico del Departamento de Estudios Literarios, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), donde ha trabajado por treinta y un años, empezó a escribir por influencia de sus profesores de preparatoria, en el Instituto de Ciencias.

Su primera obra publicada fue una plaqueta de poesía titulada Cielo de las cosas devueltas, que data de 1982.

Como escritor, la poesía es su eje más importante, pero confiesa que empezó a escribir poemas y cuentos. Como sus colegas y contemporáneos eran poetas, eligió dedicarse a este género de manera preferente y, al pasar el tiempo, volvió a recuperar su gusto por el cuento.

Explica que los conocimientos en poesía lo han ayudado también a desempeñarse en la prosa, y considera que los conocimientos pueden ser trasladados de un género a otro. La regla cambia, pero el manejo del lenguaje sigue siendo el mismo. Se utiliza la imaginación, los sonidos del texto, el ingenio y la riqueza en el léxico.

“En la poesía cada palabra cuenta, entonces uno no puede desperdiciar, ni usar las palabras mal, y con la prosa se puede disimular más y esconder los defectos, pero en un poema se notan, entonces tiene uno que ser un mejor artesano del lenguaje”, expresa.

Hasta el momento ha perdido la cuenta de los libros que ha escrito, pero calcula que son más de treinta, y como escritor reconoce la influencia que sobre él han ejercido los poetas Pablo Neruda  y César Vallejo; Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y Macedonio Fernández, ente otros.

Raúl Aceves nació en Guadalajara, el 9 de diciembre de 1951. Entre sus obras publicadas se encuentran Poesía y chamanismo: ensayos de etnopoética (2018); Expedición al ser (1989), El jardín infinito (2006); Más acá del más allá (2008); Desaforismos (2012), entre otros. Además, ha impartido talleres en la Licenciatura de Escritura Creativa, en el CUCSH, así como en la Escuela de Escritores de Guadalajara (SOGEM).

¿Por qué le gusta formar escritores?

Porque es una responsabilidad social y es una manera de transmitir la estafeta. Cuando uno recibe conocimiento y apoyo, hay la responsabilidad de dárselo a otros, a los más jóvenes que nos van a continuar.

¿Por qué son útiles los poetas y escritores en esta sociedad?

Ya me han hecho esa pregunta, y respondo con otra: ¿para qué sirve el arte, la pintura, la música, la danza, la fotografía y escultura? Pues para vivir con más conciencia, más gozo, más belleza y sentido social. La literatura es como tener un oasis en medio del desierto, nos nutre y ayuda.

¿Cómo percibe usted que la literatura ha ayudado a los lectores en este tiempo de pandemia por COVID-19?

Es de gran ayuda para soportar el confinamiento y darle un sentido, ya que nos vuelca hacia dentro. Entonces la literatura es un apoyo y ayuda para ese volcarse hacia dentro, ya sea hacia un mundo imaginativo, reflexivo, sensible e intelectual. Nos auxilia para encontrar la riqueza de nuestro mundo interior, y puede ser una compensación a la falta de contacto social.

¿Actualmente está escribiendo algún libro?

Uno de los efectos que tuvo en mí el confinamiento es que me puse a leer y escribir como nunca, y salió un libro de poemas en prosa. Éstos tienen características de narrativa, minificción, medio filosóficos y por el rumbo del aforismo. Me salió un género híbrido. El libro lo tengo prácticamente acabado. Si el confinamiento sigue, seguirá la producción.

¿Cuál es el título y qué temas trata el libro?

Sobre la vida, el tiempo, el ser, el amor, entre otros temas. Se va a titular Transfiguraciones.