Poesía para colorear

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Como cada sábado, las sillas de color permanecen en el sótano de la librería en espera de la llegada de los oídos que despertarán la curiosidad de escuchar las voces de los personajes interpretados por un actor o promotor, quien dedica su tiempo a recrear la voz del personaje plasmado en el producto cultural llamado libro.
El encuentro sucede en punto de las doce del día, lo que para algunos es un hábito semanal. Saben que buscando encontrarán ese ejemplar deseado o alguna novedad. Mientras, la sala se llena de sonrisas y en ocasiones hasta de berrinches. Algunos niños llegaron despeinados, otros muy engomados, algunos pelean por las sillas de color, en tanto que otros niños se percatan que ya no caben.
La escena es un festín en torno al libro, por lo que se vuelve común observar algunas manos pequeñas que sostienen el libro grande y lleno de color. Otros jóvenes lectores prefieren los libros gruesos, con menos dibujos, llenos de palabras, que muchas veces no entienden, pero dan vuelta a la página una a otra intentando llegar al final de la historia y preguntando el significado de la nueva palabra para integrarla a su vocabulario.
Valentina, de ocho años, busca entre las editoriales el título que la atrape o se sienta identificada con el objeto cultural que quizá pueda definir su gusto por la lectura. En este día toma entre sus manos un ejemplar de bolsillo y hojea cada página, por lo que se nota en la expresión de su rostro que los libros la sorprenden. Algunos quizá por la textura de su papel, otros por el contenido novedoso o el personaje fascinante.
Esta vez encontró un libro de 72 páginas y pocos dibujos, titulado La bruja Mon, de la autora Pilar Mateos. El cuento contiene, además de las travesuras de una bruja, los hechizos para que la joven lectora replique las siguientes palabras mágicas a cuanta persona se le ponga en frente: “tufa, cotufa, trucalatrufa. chiris chirabo, chiribinabo, maladapico. Hoy tengo gana de hacer la rana”.
Sin embargo, el caso de Valentina, como el de muchos de los niños que acuden con cierta frecuencia a la cita semanal a la librería, es el de una condición privilegiada que ha permitido tener un mínimo acceso al libro y la lectura. Lo que para ella es una costumbre: llegar a la sección infantil, buscar los cuentos de su edad, identificar una editorial, reconocer no autor, pero sí su estilo o sus ilustraciones, para una buena parte de la población infantil puede ser una rareza, porque en sus casas, escuelas o colonias es notoria la ausencia de políticas públicas en torno al fomento a la lectura y a la formación de nuevos lectores.
Al respecto sorprende encontrar un libro que se suma a los esfuerzos de promoción de lectura sin hechizos, a través de una guía que editó el Conaculta para propiciar el encuentro de los niños con la lectura, particularmente con la poesía, de la autora Mercedes Calvo, titulado Poesía con niños, quien, a través del programa Alas y raíces, propone una serie de consejos para los promotores culturales, padres de familia y maestros y todos los interesados en trabajar con los niños, por lo que reúne y sistematiza la experiencia del programa, que tiene por objetivo brindar herramientas prácticas para realizar proyectos culturales con los niños de forma profesional e informada.
Porque trabajar con los niños requiere de especialización, la uruguaya Mercedes Calvo sugiere: “El trabajo con los niños a través de las disciplinas artísticas, significa abrir la posibilidad de detonar procesos creativos y de expresión, para que cualquier niño desarrolle y construya su propia visión del mundo, en un camino que lo lleve a una constante exploración y lo conduzca al desarrollo de su autonomía”.
Entre sus páginas reúne dinámicas y cuestionamientos sobre la formación cultural en los niños, con preguntas como ¿Para qué transmitir poesía? A lo que responde: “Indudablemente muchos cargamos con prejuicios acerca de la poesía y el tema de la utilidad se plantea reiteradamente. A veces a la pregunta de para qué sirve, se agrega como si no todos los tiempos fueran especiales y únicos. Hoy seguimos creyendo, con Gabriel Celaya, que la poesía es un arma cargada de futuro. A lo que agregó Roberto Bolaño, cuando dijo que la principal utilidad de la poesía es joderle la paciencia a al gente, mientras que Sabines expresaba, tal vez más poéticamente, que la poesía sirve para sacar la flor de las cenizas. La poesía es, indudablemente, transgresora o no es poesía”.
Hay poemas cortos para niños, como: Rayito de sol/ fino dedo de oro caliente/ que me tocas la frente/ haz que en ella me brote una flor, del poeta Emilio Furgoni, y El sol sale cada día/ va tocando en cada casa/ da un golpe con su bastón/ y suelta una carcajada, de Nicolás Guillén. Estos y otros ejercicios incluyen la guía como parte de una política cultura infantil que busca la inclusión de los derechos de la infancia en la formación de la creatividad y la educación.
El trabajo del promotor cultural infantil es sólo un eslabón importante en el incentivo a la lectura, además de los factores de infraestructura y acceso a los libros, que en conjunto con apoyos económicos y sociales sean considerados para el desarrollo de políticas públicas que beneficien el derecho y acceso a la cultura, que garantice que los niños tengan plena participación en la vida familiar, cultural y social.