Paradojas de la economía nacional. Del paquete fiscal y otras cosas

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Cuando la economía no anda bien se suelen echar culpas y buscar pretextos. Son varios los sexenios que se nos dice que el país no crece porque el poder legislativo no aprueba las diversas reformas económicas que propone el ejecutivo (fiscal, energética o laboral).
Aquí está la primera paradoja. Desde el punto de vista de los conservadores, se interpreta toda reforma como privatización y, a su vez, la privatización se entiende como eficiencia.
Cuando los ferrocarriles estaban en manos del Estado se nos vendió la idea de que al privatizarse se iba a modernizar todo el sistema ferroviario, que íbamos a tener hasta un tren bala similar al del Japón, pero la verdad es que seguimos viendo los mismos vagones de la época porfirista.
Lo mismo se dijo de las empresas azucareras y, hasta la fecha, en su mayoría, cuentan con la misma maquinaria o en peores condiciones que cuando eran del Estado. Sobre los bancos se nos mencionó que, al privatizarse, tendríamos un sistema financiero más eficiente que haría crecer al país a proporciones similares a los del primer mundo, pero lo que ha resultado es el uso de un créditos más caro; altas tasas de interés que no estimulan la inversión y la actividad productiva y, por ende, no estimulan el tan ansiado crecimiento económico.
El país requiere no de reformas estructurales, sino de transformaciones profundas en su estructura económica que van más allá de sólo privatizar. ¿O es que acaso el sector público no puede ser eficiente? ¿Entonces para que se gobierna? Un ejemplo: los médicos de los Hospitales Civiles, Seguro Social o ISSSTE, son tan eficientes como los de los hospitales privados.
Segunda paradoja. Dicen que el paquete fiscal servirá para combatir la pobreza. Con el salario mínimo vigente y un valor de la canasta básica por encima de éste, más un impuesto adicional del 1 por ciento, ¿qué logaritmo matemático o magia cibernética tiene que hacer la Secretaria de Hacienda y el gobierno para disminuir la pobreza si a millones de mexicanos no les alcanza más que para sobrevivir?
La idea de solventar el déficit de las finanzas públicas a través de mayor sacrificio de los que menos tienen resulta hasta perversa. Con bajar el sueldo a la mitad de los altos funcionarios (diputados, senadores, magistrados, representantes del IFE, etcétera), y aun así seguirían ganando bien, y que las cientos de grandes empresas que evaden el fisco o realizan programas sociales para evadirlo se les obligara a pagar, con ello se cubriría “el boquete fiscal”.
De lo anterior, se deriva la tercera paradoja. Mantener un presupuesto en equilibrio (déficit cero) no es lo mismo que finanzas públicas sanas. Si se aumentan los impuestos es para generar mayor gasto público (creación de carreteras, infraestructura en general, apoyo a la investigación, desarrollo científico-técnico, apoyo con créditos blandos y asesoría a las micro y pequeñas empresas, etcétera), pero si aumentamos impuestos y reducimos el gasto público, ¿para qué cobrar mayores gravámenes?
La lógica monetarista neoliberal diría que se disminuye el gasto para evitar presiones inflacionarias y posibles devaluaciones. Indudablemente que son necesarias las políticas de estabilización (control de las principales variables macroeconómicas) para un mejor manejo de la economía, pero si se controla también el ingreso de los trabajadores a través de topes salariales, los cuales están por debajo de la inflación, pues se desestimula la demanda, lo que nos da por resultado una cuarta paradoja.
Una economía es prospera y competitiva si el poder de compra de sus habitantes aumenta en el tiempo, pues ello permite que la oferta también se estimule. Si esta oferta agregada, que no es otra cosa que el Producto Interno Bruto, crece sustancialmente por encima del crecimiento de la población, se acumula riqueza y bienestar para sus pobladores pues ello es el motor esencial de una economía.
En México se ha acertado en ocasiones en el control de las variables macroeconómicas (inflación, tasas de interés, control en el tipo de cambio) mas lo que ahora se requiere es crecer. Las acertadas políticas de estabilización son un condición sine qua non, pero no suficientes para generar tasas de crecimiento mas favorables. De nada sirve mantener la estabilidad sino se eleva la tasa de crecimiento, el aumento de empleos y las expectativas de un mejor ingreso de los agentes económicos.