“Padre Chuchín”, 50 años de historia en la Universidad de Guadalajara

A sus casi 90 años, ese jesuita que en un lejano día de 1970 entró con escepticismo a dar clase en la Preparatoria 2, sigue siendo hoy maestro por vocación y “UdeG de verdad”

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Foto: Gustavo Alfonzo

CUCSH

El Padre Chuchín, como también se le conoce a Jesús Gómez Fregoso, es historiador, traductor, paleógrafo y humanista. Desde el jardín de la casa de retiro donde está pasando esta época de aislamiento por Covid-19, comparte recuerdos y vivencias de los cincuenta años, de sus 87 de vida, que ha pasado en la Universidad de Guadalajara.

Todo empezó en 1970, cuando de regreso de París volvió al Iteso, a cuyo rector, el ingeniero Carlos Ramírez Ladewig, en un desayuno le mencionó que quería invitar jesuitas a la UdeG. “Quería que vinieran 10, dijo en ese entonces”, recuerda.

“Yo nací en la post-cristiada y, por ende, todo lo que viniera del gobierno era lo peor. Obviamente la UdeG era del gobierno. Aun así pensé que la experiencia podría ser interesante y enriquecedora. Así que me dieron una tarjeta para ver al licenciado García de Quevedo, quien era el Rector de la UdeG. Fui a rectoría, hable con él y me pidió que comenzara a dar un curso en la Prepa 2. Ahí comencé a trabajar de manera muy escéptica, daba un curso de dos horas por semana de la materia de Historia de México”, agrega.

Fue en 1995, según recuerda, que llegó al Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.

“Y comencé encantado de trabajar en el CUCSH. En ese momento el rector era Juan Manuel Durán Juárez. Fue por él que me enfilé en la docencia. En fechas aproximadas a los noventas, el doctor Jacques Lafayette, un francés muy renombrado, fue convocado para revisar el plan de estudios de Historia del CUCSH. Dijo que no era posible que no se impartiera ninguna materia de Historia Grecorromana. En ese entonces, las autoridades universitarias se preguntaron a quién invitar a dar las clases. Yo tengo doctorado en estudios clásicos. Hice los planes de estudios de la materia y otras que en el camino iba revisando”.

Para el jesuita el CUCSH fue un parteaguas en su vida debido a las dudas que lo aquejaban. Reconoce, sin embargo, que el paso del tiempo ya deja huella difícil de borrar en su vida y la energía ya no es la misma.

“En el CUCSH fue creciendo cada vez más mi afecto por la UdeG, pero estoy pensando muy seriamente que este año o el próximo dejo esto. El primero de junio cumplí 87 años de edad. Creo que ya no tengo la energía y la lucidez necesarias para impartir mi curso como se merecen los estudiantes. Ahora que acabe el encierro, hablaré con el Dr. Durán al respecto, pues mi vitalidad para dar la clase se me agota. Le he comentado yaque trabajar en la UdeG por medio siglo ha sido y es muy gratificante”.

El profesor e investigador detalla que en la Universidad de Guadalajara ha logrado hacer sus sueños realidad y “sólo en este momento lo que me haría falta por realizar son mis memorias, ya las estoy trabajando y voy muy bien, aunque me canso mucho al escribir. Me gustaría culminar mis memorias, pues creo que 50 años de labor son dignas de escribirse”, recalcó.

Explicó el origen del nombre “Padre Chuchín”: “Surgió debido al hipocorístico de Jesús. En Guadalajara se les dice ‘Chuy’, en la Ciudad de México es ‘Chucho’, aquí chucho es un perro. Así que un compañero jesuita a quien apodabamos ‘El Chilango’, fue el que me puso ‘Chuchín’, que equivaldría a ‘Chuyito’. Se me hace interesante que en toda la UdeG se emplee ese título cuando se hace referencia a mí. Para mí significa un nombre que rompe con la solemnidad, es un nombre que me acerca a la gente”.

«Me gustaría que me recordaran como un amigo, como un buen profesor, como un maestro que haya dejado algo».

Gómez Fregoso añadió que “un personaje de la FEG un día me dijo: ‘Profe, usted es el único que me exigió y se lo agradezco’. Me gustaría haber sembrado en mis alumnos amor al país, un deseo de hacer algo por las personas y de seguir dando lo mejor de sí. Las satisfacciones y reconocimientos que me ha dado la Universidad de Guadalajara y otras universidades son muchos, pero lo que más me llena son las buenas anécdotas, los recuerdos de haber creado grandes amigos, no sólo entre las autoridades, sino en los estudiantes”.

Por último, el Padre Chuchín no podía dejar de lado a sus alumnos: “A los estudiantes le puedo decir que encontrar lo que les guste hacer es el camino para una vida feliz. Encontrar una vocación es lo mejor que les puede pasar. Si haces lo que te gusta las cosas se dan solas. Mi vocación de maestro es eso: hacerlo por gusto”, concluyó.