Otra vez la frontera

"Red Border" de Jason Starr no es una ficción más sobre es línea que divide a México de Estados Unidos, sino que propone una relectura de la historia, o al menos la necesidad de reconocer que es parte del presente: todo depende de la visión de los vencidos o de los vencedores

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Foto: Detalle de la portada de Red Border de Jason Starr, Will Conrad e Ivan Nunes.

Llegamos a una librería, en una esquina cualquiera de la ciudad. O entramos a nuestra tienda en línea, la de confianza. Localizamos Frontera, ya sea como tema en un letrero o en el buscador digital, y volúmenes de diversa índole nos saltan a la vista. En su mayoría de la frontera norte, ojo, la división territorial con Guatemala parece no ser tan importante (excepto cuando asaltan las caravanas migrantes).

Un tema recurrente es la violencia, ya sea en la crónica de hechos o en la literatura del narcotráfico, en la denuncia de las condiciones socioeconómicas de la población de la zona o en los textos que abordan los feminicidios.

Hay quien sostiene que es una moda, una cuestión de mercadotecnia y morbo combinados. Quizá tengan razón, pero la violencia sigue siendo un lugar común de la frontera, como en tantos otros espacios, aunque nos esforcemos en mirar hacia otro lado.

Lo que nos debe interesar es el modo particular, históricamente determinado, en el que se realiza la violencia en esa línea basta y vasta de nuestro territorio.

Los niveles, las expresiones, las razones de LAS violencias. Algo de eso encontramos en Red Border. Es un cómic que amalgama el narcotráfico con la migración forzada, sumando elementos de una violencia derivada de las películas al estilo «Masacre en Texas» y aderezada con recuerdos de la batalla de El Álamo.

Pero es algo más que una exposición del modo en el que se entrecruzan las acciones personales con la historia, el racismo con la identidad, la desesperación y la violencia con las tradiciones familiares.

Es, casi desde la primera página y prácticamente hasta el final de las secuencias, un planteamiento sin soluciones fáciles sobre las expresiones machistas en las relaciones de pareja, sobre los roles de género y su subversión.

Incluso cuando las otras violencias parecen detenerse o se consumen por su propia intensidad, pervive un discurso donde el personaje masculino siente que debe decidir, actuar, enviar, aunque de manera sistemática se haya puesto en evidencia lo inútil de sus actos frente a procesos que lo superan.

Red Border de Jason Starr no es una ficción más sobre la frontera. Propone una relectura de la historia, o al menos la necesidad de reconocer que es parte del presente: todo depende de la visión de los vencidos o de los vencedores.

Además, muestra la agresividad sin sentido que proviene de los personajes masculinos, quienes se esfuerzan en demostrar su valía frente a otros sujetos a partir del consumo de alcohol, los actos violentos o una presunta inteligencia en su toma de decisiones.

De manera significativa, la violencia no posee exclusividad nacional. No es sólo mexicana o sólo estadounidense en el cómic. Se desarrolla en ambos territorios y cruza la frontera sin mayores dificultades, matizada con cercas de alambre de púas, garitas de la Border Patrol y Minute Men acechando en el desierto.

Al cabo pareciera que la alternativa El Paso/Ciudad Juárez es igualmente amenazante: para los personajes, para nosotros lectores que hemos presenciado la debacle a lo largo del relato.

La única salida es cuestionar las sinrazones que justifican las violencias; poner en tela de juicio los modos en los que cada uno de nosotros, en la intimidad o en el espacio público, refrendamos la violencia (por pequeña que parezca) como el modo más normalizado de relacionarnos con los demás.

Justo por estos argumentos se puede leer el cómic Red Border: para que nos horrorice el espejo y los monstruos que lo habitan, no para identificarnos con ellos sino para reconocer su amenaza y la necesidad, imperiosa, de dejarlos en las sombras y buscar soluciones a lo que nos rodea.