Ilustración: Maqui Ruiz

ODIADA PERO NECESARIA, UNA NUEVA ERA NUCLEAR

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Albert Einstein

La energía nuclear es la menos popular entre todas las fuentes de generación de energía. En eso están de acuerdo los petroleros y los ecologistas: en rechazarla. Pero ese sentimiento, compartido por gran parte de la opinión pública, es más un prejuicio que una realidad. La evidencia indica que es limpia y segura y probablemente sea imprescindible para abandonar  los combustibles fósiles.

El repudio a la energía nuclear está muy relacionado a la enorme cobertura mediática de los accidentes en plantas nucleares, particularmente en Chernóbil (1986) y Fukushima (2011). También al hecho de que las plantas nucleares generan desechos radiactivos peligrosos y de difícil disposición final que, ante un mal manejo podrían generar un desastre ecológico como los peces de tres ojos del Lago Springfield, caricatura magistral que hace del riesgo por la irresponsabilidad humana la serie animada Los Simpsons (y todos sabemos que si Los Simpsons lo predijeron, hay que poner atención).

Pero como toda mala fama, es necesario revisar qué tanto es verdad y qué tanto es mito, especialmente cuando nos enfrentamos al calentamiento global que tiene potencial de destruir millones de vidas y el equilibrio del planeta entero.

Los accidentes descritos fueron lamentables. En Chernóbil murieron 433 personas y 2,314 en Fukushima. Sin embargo es necesario compararlos con las más de 5 millones de muertes al año causadas por problemas respiratorios derivados de la contaminación por combustibles fósiles. Mueren más del doble de  personas en un día por la contaminación que las que han muerto por accidentes en toda la historia de la energía nuclear. Con respecto a los desechos, las nuevas plantas producen menos y pueden usar de combustible los remanentes radiactivos de las plantas más antiguas.

La energía fotovoltáica (solar) y la eólica (viento) son relativamente seguras también pero tienen un problema irremediable: a diferencia de la nuclear, dependen del clima. La generación no es constante. La demanda sí. Una vez instalado un reactor nuclear, en cambio, puede funcionar ininterrumpidamente. En términos cuantitativos y en un análisis costo beneficio gana por mucho la energía nuclear.

Necesitamos energía en cantidades suficientes para una demanda creciente, de fuentes renovables, limpias y seguras, disponible para todos a bajo costo y sin causar daño al entorno. A pesar de que no es popular, por seguridad y eficiencia muchos expertos  consideran a la energía nuclear la mejor y quizá única alternativa para acercarnos a eso y dejar los combustibles fósiles. El flujo de inversiones y los planes de muchos países europeos parecen darles la razón.

Incluso el célebre y recientemente fallecido científico inglés James Lovelock, autor de La Hipótesis de Gaia y pionero del ecologismo moderno, sostuvo que ante el peligro inminente que enfrenta la civilización humana por el calentamiento global “no tenemos tiempo para experimentar con fuentes visionarias de energía. La energía nuclear es la única solución”.

*un terawatt-hora es el consumo anual promedio de medio millón de personas en latinoamérica.

 Para saber

Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.

Sobre el autor

Víctor González es especialista en comunicación pública de la ciencia y actualmente coordina los proyectos de divulgación científica del Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara- @VictorGlezQ

Eduardo Santana Castellón es Director General del Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara- esantanacas@gmail.com

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