«Nosotros», de Evgueni Ivánovich Zamiátin

Esta novela del escritor ruso, que inspiraría a muchos grandes del género, cuenta la historia de una futura sociedad que debía estructurarse sobre lo más perfecto que existe: las matemáticas

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Arnulfo Eduardo Velasco

La novela Мy (Nosotros) (trad. Sergio Hernández-Ranera, Madrid, Akal) del escritor ruso Evgueni Ivánovich Zamiátin (1884-1937), fue escrita en 1920, pero su publicación fue prohibida en la Unión Soviética. Sólo se pudo editar, en una traducción al inglés, en 1924. Pero a menudo se ha señalado su influencia en la famosa 1984 (1949) de George Orwell. En realidad, muchas novelas donde se presentan sociedades “distópicas” tienen claras influencias de Nosotros.

La novela describe un mundo futuro, a partir de las notas del ingeniero responsable de la construcción de una gran nave espacial cuyo propósito es llevar la felicidad al universo. Aunque, como se señala en el texto: si los extraterrestres «no comprenden que les llevamos la felicidad matemáticamente infalible, nuestro deber es obligarles a ser felices». Eso ya establece el sentido de esa supuesta felicidad.

A través de las notas del ingeniero vamos conociendo la historia de esa civilización futura. Después de la llamada «guerra de los doscientos años», la población humana quedó reducida a un 0.02% de su nivel anterior. Los sobrevivientes se enfocaron a tratar de reconstruir el mundo, y lo hicieron a partir de la idea de que una sociedad perfecta debía estructurarse sobre lo más perfecto que existe: las matemáticas. En ese mundo futuro a los habitantes no se les identifica ni como ciudadanos ni como individuos: son, literalmente, números. Así se les nombra y cada uno de ellos tiene, en lugar de lo que nosotros consideramos un nombre, una identificación basada en una letra y una serie de dígitos.

El escritor Evgueni Ivánovich Zamiátin.

De cualquier forma, esta civilización «perfecta» ha concentrado a casi toda la población humana en una sola ciudad, rodeada por un gran muro que la aísla y la protege del exterior: una selva misteriosa en la cual los “números” no entran nunca. Todas las cosas de esa civilización, incluyendo el muro, están hechas de un material transparente, que el protagonista define como cristal, pero más resistente que el acero y sin embargo notablemente dúctil. Lo cual significa que las casas vienen siendo transparentes y todos los habitantes de esa cultura viven a la vista de los demás.

Solamente tienen derecho a cerrar las cortinas cuando tienen relaciones sexuales. Y esas relaciones están determinadas por una absoluta falta de sentimentalismo. La ley establece que todo número tiene derecho a tener sexo con cualquier otro número. Lo único que debe hacer es ir a inscribir su nombre en una lista con la del ser deseado. Al otro se le informa que tal día, a tal hora, debe presentarse en el alojamiento de quien lo solicitó. Pero ninguna relación debe durar más de una hora.

En realidad, ese mundo está totalmente determinado por el tiempo y por una atención obsesiva al mismo. Los números llevan sobre el pecho una placa de identificación con la letra y los dígitos que los identifican, pero que es también un reloj que va marcando el ritmo de su vida. Todos se levantan exactamente a la misma hora; se dirigen al trabajo al mismo tiempo y laboran el mismo número de horas; comen al mismo tiempo (la alimentación se produce a partir de derivados de petróleo y son cubos nutritivos que deben masticarse obligatoriamente un cierto número de veces); tienen dos horas de asueto diarias (en la mañana y en la tarde), que la mayoría utilizan para pasear (ese es el nombre que se le da al hecho de marchar en grupos de cuatro al ritmo del Himno del Estado Único); y se acuestan a dormir al mismo tiempo. Podemos asumir que todo lo demás se realiza de la misma manera.

La vida de todos está estructurada matemáticamente, depende de una lógica absoluta que aborrece el sentimiento. E incluso lo considera como una forma de trasgresión.

El gobernante y verdugo oficial del Estado Único es el Benefactor. Él mismo se encarga de ejecutar, desintegrándolos, a quienes violan cualquiera de las leyes de esa cultura. Zamiátin lo describe en una forma que hace dudar de que se trate en realidad de un ser humano, pues tiene una apariencia metálica, unas manos enormes que parecen de piedra y un rostro como de estatua. Muy probablemente es una especie de robot. Aunque ese término fue creado por Karel Čapek (1890-1938) con posterioridad a esta novela.

Sin embargo, no todo es perfecto en ese mundo perfecto. En primer lugar, se descubre que más allá del Muro Verde, en el espacio de la selva, también hay seres humanos, que viven en forma primitiva, pero conservando su libertad de seres humanos. Y dentro de la misma ciudad hay un movimiento rebelde, el «Mefi», que intenta derrocar al sistema matemático e introducir de nuevo la irracionalidad en la ecuación de la cultura y la existencia humanas.

Sin lugar a duda, Nosotros es una de las primeras obras maestras indudables del género de la ciencia ficción. Por ello resulta curioso que no sea una obra mucho más conocida y mucho más editada.