Margo Glantz: la escritura libérrima

Este año la autora mexicana cumplió 90 años, pero su escritura logra incorporar las tendencias más actuales, como las narrativas de las redes sociales, convirtiéndola, como se sostiene en este texto, en la mejor escritora actual de Iberoamérica

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Foto: David Valdovinos

Leo un libro que se me escapa de las manos, que fluye, que detengo con una imaginaria cuerda, como si se tratara de una cometa. Un libro que de repente se acurruca en mi regazo como una pequeña bestia doméstica. Leo un libro proteico, cambiante, agudo y divertido, erudito y popular, académico y pop a la vez. El libro está vivo, es sutil, malicioso, atrevido y crítico. Me fundo en un libro que se solaza en todo tipo de información, a veces en apariencia incompatible, un libro que cambia los ritmos, que se goza en la escritura y en los remates inesperados, en asociaciones brillantes, en lúcidas referencias, en registros disímbolos. Me hundo en un libro que me sorprende con su altísima cultura y sus virajes a la trivialidad más cotidiana. Leo un libro de Margo Glantz. Se trata de La cabellera andante, pero podría ser Las mil y una calorías o Intervención y pretextos, o muchos de sus otros títulos.

Estoy ante un libro iconoclasta, de difícil clasificación, sería fácil pero también inexacto decir que es un ensayo, porque, aunque lo es, en muchos sentidos es otras cosas: artículos periodísticos, notas de lectura, reflexiones, citas, muchas citas. La unidad está dada por el tema del pelo, y en teoría podemos decir que la estructura es descabellada, no obstante el libro funciona.

¿Cómo es posible, me pregunto, que un libro que deliberadamente se opone a los esquemas tradicionales de los géneros pueda resultar sólido y unitario? Ese es uno de los misterios que envuelve a la obra de Margo Glantz, no sólo La cabellera andante sino cualquiera de sus muy numerosos títulos. Pensemos en Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador, un libro de condición no ya ensayística sino narrativa, que puede leerse como una novela, como un texto en apariencia autobiográfico, una colección de relatos que incluye tanto textos de cuarenta páginas como de una sola. La apuesta narrativa de Glantz nunca abandona su naturaleza especulativa, erudita y sobre todo transgresora.


Redefinir, perturbar, reestructurar los modelos de la escritura es desafiar también los esquemas no sólo de la literatura, sino de la política, de la sexualidad, de la vida, en fin. En este sentido la escritura Margo Glantz se revela como una actividad provocadora e iconoclasta:

I

Y por mirarlo todo, nada veía es el título del más reciente libro de Margo Glantz. Su propuesta narrativa es heterodoxa y radical: está integrado de dos partes, la primera es un párrafo compuesto de 11 palabras, la segunda es también un párrafo, pero de 164 páginas. Cada una de las partes está constituida por una pregunta, en el caso de la segunda ni siquiera alcanza a aparecer el signo de interrogación de cierre, que se suple por tres puntos suspensivos. La lógica del texto es la enumeración que es más bien acumulación. A la manera de la información de Twitter o Facebook, se van encabalgando de manera aleatoria frases con noticias, reflexiones, citas, información de todo tipo y de diversos temas sin hacer diferencia entre la farándula, la política, la ecología, la cultura, la retórica. El libro reproduce la cascada de información que se despliega cuando ingresamos a las redes sociales, el relato es el de nuestra cotidianidad y el efecto tiene esa mezcla de interés por los datos interesantes, llamativos o increíbles, con la monotonía derivada de la abundancia de información sin ser digerida y presentada sin orden ni concierto.

Glantz ha sabido migrar el esquema de las redes sociales a su libro, y eso explica la fascinación con que uno se engancha en la lectura a pesar de la imposibilidad de reconocer un hilo narrativo o temático, así que los lectores terminamos completando los versos de Sor Juana en los que se basa el título del libro: “Y por mirarlo todo, nada vía / ni discernir podía”.

II

Yo también me acuerdo es un libro de memorias que Margo Glantz publicó en 2014, el título pareciera una alusión al inicio de Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, “Me acuerdo, no me acuerdo”, y lo más seguro es que lo sea, pues esta escritora siempre está dialogando con las más variadas tradiciones. Sin embargo, este no será más que un guiño en la elabora genealogía en que se funda el libro de Glantz. Echemos un vistazo.

En 1970 el artista Joe Brainard publicó I Remember, un libro compuesto de más de mil evocaciones, todas comenzadas con la frase “Me acuerdo”. Pronto se convirtió en un libro de culto, al grado de que Paul Auster lo calificó de obra maestra. Más tarde George Perec se refirió a él como “un libro digno de ser copiado” y en 1978 publicó Je me souviens. Los 480 pasajes que lo componen comienzan también con la frase “Me acuerdo”. El título que utiliza Glantz se muestra como un gesto de complicidad: Yo también me acuerdo, y se lanza en la misma aventura experimental de sus antecesores literarios. Como en ellos, el libro no es estrictamente un volumen de memorias, pues en realidad refleja mucho del mundo, de sus contemporáneos, de las tendencias que acompañaron la experiencia de la escritora a través de sus, entonces, 85 años de edad. Desconozco el número exacto de los fragmentos que lo componen, algunos no rebasan la media línea y los más extensos no superan los diez renglones, quizás sean algo más de 3 mil 500 fragmentos, y todos sin excepción comienzan con la frase “Me acuerdo”.

Glantz se convertirá en un peldaño más de la genealogía: en 2015 el poeta español Luis Alberto Cuenca publicó Cuaderno de vacaciones en el que incluye el poema titulado “No me acuerdo…”, que evidentemente utiliza el mismo procedimiento: “Me acuerdo del pelmazo de Proust / siempre que desayuno magdalenas”. En 2020, Ediciones Godot de Argentina sacó a la luz Me acuerdo de Martín Kohan, con un epígrafe de Perec, justificando el atrevimiento, pero también guiando la ruta de una tradición textual.


Margo Glantz es la decana de la literatura mexicana, Mario Bellatin se atreve a aseverar que hoy en día es la mejor escritora de Iberoamérica. Una de las cosas que más destacan en su escritura es su manifiesta renuencia a ser catalogada, su deliberada transgresión a las convenciones genéricas, su convicción de que la literatura, su literatura, sucede de manera tan libérrima como personal.