Luchas en diferentes arenas

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110612. CIUDAD Y REGION. NO ES NO O LAS PUTAS QUE NO SON PUTAS ES LA MANIFESTACION QUE SE REALIZA EN EL CENTRO HISTORICO DE GUADALAJARA ORGANIZADO A TRAVEZ DE LAS REDES SOCIALES Y MEDIANTE EL CUAL UN GRUPO DE MUJERES PREOTESTAN POR LOS ABUSOS A QUE SE VEN SOMETIDAS POR VESTIR CON MINIFALDAS O TRAER ESCOTES. CHEMA MARTINEZ.

Durante los últimos años, la violencia en contra de la mujer ha aumentado en Ocotlán y en general en toda la región Ciénega, según registros de la Unidad de Atención a la Violencia Intrafamiliar del municipio, que ha atendido de octubre del 2013 a octubre del 2014 mil 998 casos, de los cuales más del 50 por ciento tuvieron lugar dentro del matrimonio y el noviazgo.

Sin embargo, esta problemática no es la única que enfrentan instituciones y asociaciones civiles en pro del bienestar de la mujer: el rezago en sus garantías primordiales y su integridad laboral y social son otros focos rojos en sus agendas.

Liliana Castañeda Rentería, investigadora y profesora del Centro Universitario de la Ciénega, ha realizado varios estudios relacionados con las diferentes barreras que enfrentan las mujeres en Jalisco en el cumplimiento de sus derechos: “Los retos que se plantean desde los distintos feminismos permiten entender que las luchas por el reconocimiento y respeto por la dignidad de las mujeres se viven y se pelean de acuerdo a circunstancias diversas, desde espacios distintos y voces múltiples, todas ellas muy respetables”.

Las diferencias se deben a que las condiciones laborales, sociales, culturales, políticas y económicas en latitudes diferentes se pelean en niveles distintos: “Las luchas políticas de una mujer campesina son distintas a las de una mujer de clase media profesionista, por ejemplo. Sin embargo, lo fundamental es que desde distintas trincheras evidenciemos y ayudemos a desnaturalizar las violencias cotidianas, esas prácticas que parecen inocentes y que no lo son, y que fomentan y reproducen estereotipos de género, excluyendo y discriminando”.

Ibeth Ramírez, una de las fundadoras de Grano de Vida, asociación civil que busca el empoderamiento de la mujer, comenta que “la región Ciénega llama la atención por la inequidad, la falta de oportunidades, el imperio del patriarcado y la violencia que se vive hasta en las tradiciones”.

Asevera que abrir un espacio al diálogo desde el feminismo “no ha sido un camino fácil, aquí las costumbres son muy arraigadas a la Iglesia y al papel superior del hombre, pero afortunadamente las mujeres ya no se encuentran como hace 10 años. Hoy las mujeres de la región están tomando conciencia de sus derechos y sus necesidades, están preguntándose por las costumbres que las rezagan o por los cargos públicos que podrían ocupar. Aún es un camino largo, pero ya va dirigiendo el discurso hacia lo que importa”.

Castañeda señala la responsabilidad de las instituciones públicas por esta situación de violencia e inequidad: “Hace falta promover políticas públicas y programas de apoyo a las mujeres que les permitan prepararse, trabajar y conocer sus derechos. Eso no se logra con cursos de peinado y maquillaje, sino con microcréditos, escuelas de tiempo completo, servicio de guarderías, servicios públicos adecuados que les permitan vivir y sentirse seguras en sus colonias. Existen campañas muy interesantes que hay que apoyar desde el estado”.

Si bien la situación ha cambiado, existe todavía un rezago enorme al que hay que hacer frente, y en este sentido las asociaciones civiles y las investigaciones toman un papel de gran relevancia: “Las luchas de las mujeres son múltiples, por lo que las vías también lo son. De manera general, una forma de contribuir a la lucha por el ejercicio pleno de la ciudadanía de las mujeres es el reconocimiento de la diferencia entre nosotras mismas y el respeto por las luchas cotidianas de miles de mujeres. Tan importante es el trabajo doméstico que realizan mujeres como también el trabajo profesional de otras, las resistencias y luchas se experimentan a diario en distintas arenas. Promover y concientizar a las mujeres sobre que lo personal es político, que lo privado no debe quedarse en casa si atenta contra su dignidad y sus derechos. Unirse, las mujeres debemos hacer frentes comunes que promuevan la tolerancia y el respeto, pero que además permitan conformar redes de apoyo y denuncia cuando se necesite”, concluye Castañeda.