Ilustración: Maqui Ruiz

LE ESTAMOS FALLANDO A LAS NUEVAS GENERACIONES[1]

La ciencia ha generado conocimiento como nunca en la historia y advierte que una parte sustantiva de las crisis ambientales, sociales y económicas podrían resolverse con transformaciones profundas de los sistemas alimentarios, energéticos, hídricos, económicos y urbanos, alineados a los derechos humanos y a los límites que imponen los sistemas biofísicos planetarios.

La solución de los desafíos globales requiere del conocimiento científico generado por las universidades públicas del país. Gracias a su carácter autónomo y laico, pueden contribuir a construir nuevos modelos de desarrollo con sustentabilidad social, económica y ambiental. Por ello, es tan preocupante que, en la actualidad, en nuestro país se frene, se niegue y se descalifique a la ciencia y a la comunidad científica. Ello nos mantendrá en la dependencia y en el rezago.

Las universidades públicas son espacios plurales que albergan a todas las corrientes de pensamiento, de ahí su riqueza. Reflejan la diversidad del país y, gracias a su autonomía, pueden autogobernarse sin interferencias externas y, con la libertad de cátedra, expresar las opiniones que enriquecen el conocimiento y refuerzan la pluralidad. Los universitarios tenemos que hacer nuestro mayor esfuerzo por pavimentar los puentes de comunicación con todos los sectores de la sociedad, favorecer el debate público y los diálogos abiertos, plurales, incluyentes y respetuosos, contribuir a combatir la polarización, reconstruir la tolerancia y empezar por practicarla en nuestras casas de estudio; en suma, construir consensos para lograr un mejor país.

Necesitamos en México, con urgencia, una ciencia activa involucrada en el entendimiento de los retos globales ambientales y los procesos de relevancia local, que explique las causas y efectos, y que proyecte los escenarios posibles a diferentes escalas. Así como, construir los canales para que el mejor conocimiento científico forme parte obligada de los procedimientos en la toma de decisiones.

Se entiende que los jóvenes, los miles de estudiantes de todas las universidades, estén enojados porque su futuro se está erosionando, sus oportunidades reduciendo, y con ello su capacidad de elegir y su libertad. No estamos pudiendo transmitir a las sociedades humanas el sentido de emergencia de las crisis ambientales ni logrando los cambios necesarios.

La Organización de las Naciones Unidas, proclamó al 2022 el Año Internacional de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible con el fin de ayudar a resaltar el papel crucial de las ciencias básicas para el desarrollo sostenible y para la implementación de la Agenda 2030; además, se enfatiza que la ciencia del futuro la harán los equipos multidisciplinarios. El Secretario General de la ONU lo ha reiterado con insistencia, pero la inclusión en las agendas nacionales es lenta e incluso ignorada.

Las ventanas de oportunidad para hacer una transformación profunda se cierran, con altos costos para los jóvenes y niños y niñas de hoy, y para los que están por nacer, así como para todos aquellos millones de personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad por dónde viven y por cómo viven. El futuro no llega solo, se construye. Sumémonos con energía, pues aún estamos a tiempo.

[1] Extracto del discurso impartido el 19 de octubre de 2022 en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara durante la ceremonia en la cual se le otorgó el título de Doctora Honoris Causa a Julia Carabias Lillo.

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