La raíz del ritual

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Aunque ya antes había sido publicada bajo otro sello editorial, en este año, Punto de Lectura lanzó al mercado la novela Los jardines secretos de Mogador, del escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez, quien obtuvo el premio de literatura Xavier Villaurrutia en 1988.
En el libro del Génesis leemos que el lugar que habitaban los solitarios Adán y Eva era el huerto del Edén, un jardín de perfección del cual disfrutaban. En ese sentido, ambos eran los jardineros que a diario cuidaban el orden exquisito al que sucumbieron sus conciencias, incapaces —bajo la lente judeocristiana— de soportar el peso de su erotismo. Del lado totalmente opuesto a la visión culposa del sexo, se halla la concepción del mudo oriental del placer ligada al de la trascendencia y la espiritualidad; abrevando de ello, Alberto Ruy Sánchez plantea esta novela que forma parte del ciclo de lo que él llama “exploraciones poéticas del deseo”, en el cual están incluidos los títulos Los nombres del aire, En los labios del agua, La mano del fuego y Nueve veces el asombro.
Los cuatro capítulos, o en este caso espirales que conforman Los jardines secretos de Mogador, realizan a través de los sentidos de su protagonista una exploración por la diversidad de jardines que aguardan ser encontrados en la ciudad y puerto de Mogador, lugar lleno de misterio y exotismo en el que conoce a la hermosa Jassiba, quien se presenta por primera vez a sus ojos en medio de la algarabía de un mercado como una aparente vendedora de flores, ofreciéndole en sus manos los pétalos que a manera de catálogo visual y olfativo anteceden a una mayor belleza que yace en su Ryad o jardín interno. Lo que el protagonista ha de hallar ahí es la entrega de una amante tierna, pero inteligente y sublime que habrá de subyugarlo, y exigirle —como inversión del argumento de Las mil y una noches— que cada noche asista a contarle una historia de los jardines que existen en Mogador, atendiendo no sólo a lo que ve sino a lo que puede percibir con todo su cuerpo, de lo contrario jamás volverá a tocarla.Â
La novela contiene a manera de ilustración las sensuales caligrafías del artista iraquí Hassan Massoudy, quien ha colaborado en el ciclo Mogador, lo cual ha contribuido a acrecentar su fama y la de Ruy Sánchez, pues muchas mujeres se las han tatuado en diferentes partes del cuerpo, como si desearan recultivar en sí mismas los huertos de la novela.