La mujer y su participación en la vida productiva del país

Pese a los avances en cuanto a presencia del género femenino en la educación y el mundo laboral, existen aún grandes desigualdades, tanto salariales como de acceso a empleos de cierto nivel y especialización

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Las mujeres, además de ser discriminadas en el mundo laboral, a menudo son obligadas a sobrellevar doble carga de trabajo. Foto: Internet

RUTH PADILLA MUÑOZ / RECTORA DEL CENTRO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS EXACTAS E INGENIERÍAS

La participación de las mujeres en la vida productiva del país presenta un comportamiento de desigualdad respecto a los hombres. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de las Mujeres, en 2019 el 45 por ciento de la población femenina con 15 años y más estaba en el mercado laboral, mientras que los hombres representaron el 77 por ciento; a esto se agrega que el 96 por ciento de las mujeres participa con trabajo no remunerado, mientras que para los hombres este rubro es del 65 por ciento.

Por otra parte, la OCDE señala que el 60 por ciento participa en el mercado informal, con poca protección social y bajos salarios. Una situación de desventaja es también el papel que asume la mujer como madre, ya que debe combinar el cuidado y atención del hogar con su desarrollo personal en cualquier área de trabajo.

Otro elemento que limita el desempeño laboral de las mujeres, son el estereotipo de algunas ocupaciones dirigidas a hombres y que nada tiene que ver con la capacidad para realizar las actividades de trabajo.

El índice de discriminación salarial entre hombres y mujeres que muestra el Instituto nacional de las Mujeres en promedio es de -6.63 por ciento, aunque por tipo de ocupación, esto se acentúa en aquellos que están etiquetados para el sexo masculino, por ejemplo, los conductores y ayudantes de conductores de maquinaria móvil y medios de transporte (-51.1 por ciento), trabajadores industriales, artesanos y ayudantes (-26.64) y funcionarios públicos, gerentes sector privado administrador (-24.96)[1].

A pesar de que las mujeres alcanzan el mismo nivel de formación académica que los hombres, esto no ha sido suficiente para tener las mismas oportunidades. Una muestra de ello es que menos del 40 por ciento son Secretarias de estado o Presidentas municipales y solamente el 23 por ciento son jueces de distrito[2].

La incorporación de la mujer a la vida productiva todavía no ha sido valorada en su justa dimensión, la OCDE reportó que en 2017 hubo una pérdida de ingresos a nivel mundial de 6 billones de dólares, equivalentes a 7.5 por ciento del PIB mundial, por discriminación de género[3]. Este estudio es una muestra del olvido en el reconocimiento de la existencia de una fuerza de trabajo que está capacitada para incorporarse a cualquier campo laboral, en las áreas que sean requeridas.

La discriminación salarial para las mujeres se acentúa en los trabajos que están etiquetados para el sexo masculino. Foto: Internet

La educación ha sido un elemento de equilibrio para poder cambiar las condiciones, pues cuanto más educadas están las mujeres podrán transmitir la seguridad que necesitan desde la infancia para empoderarse y competir por más espacios de igualdad.

Aunque cabe mencionar que los campos de conocimiento tradicionalmente etiquetados para los hombres representan una proporción menor de participación de las mujeres, ya que en 2018 solamente el 29 por ciento del total de la matrícula eran mujeres en el área de Ingeniería, manufactura y construcción y un 32 por ciento en ciencias naturales exactas y de la computación. Sin embargo, esto es el reflejo de la idiosincrasia de orientar a las jóvenes hacia carreras que son socialmente aceptables para el género.

Si bien hemos avanzado con la inserción de las mujeres al mercado de trabajo, como una persona más que aporta ingresos al hogar y que toma decisiones, sin embargo las condiciones no son las mismas, las pocas posiciones que se han ganado en la vida política, económica y social, son fruto de muchos esfuerzos y mantenerse no es fácil si te condiciona el género.

Como sociedad tenemos mucha tarea por asumir, desde la educación en el hogar, la escuela, el trabajo, los medios de comunicación y todo aquello que pueda romper la cadena cultural del llamado “sexo débil” y contribuir para aprovechar el potencial de talento desperdiciado en beneficio del país.

Notas

[1] Instituto Nacional de las Mujeres (2019). Indicadores básicos. Recuperado el 27 de febrero de 2020 en: http://estadistica.inmujeres.gob.mx/formas/panorama_general.php?IDTema=6&pag=1

[2] Idem

[3] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2019). SIGI 2019, Global Report: transforming challenge into opportunities. Social Institutions and Gender Index, OECD Publishing,Paris. Recuperado el 02 de marzo de 2019 en: https://read.oecd-ilibrary.org/development/sigi-2019-global-report_bc56d212-en#page48