La máquina visionaria

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Aunque pareciera que las películas de ciencia ficción siempre han sido taquilleras, la realidad es que no fue hasta La guerra de las galaxias (1977) que el género se instaló con éxito en el gusto del público. La propia “sinfonía de ciencia ficción” como fue llamada 2001: Una odisea del espacio (1969), tuvo dificultades económicas para llevarse a cabo. Uno de los “peces gordos” de Hollywood, el entonces presidente de Universal Picture, Lew Wasserman, le dijo al joven Stanley Kubrick: “Chico, nadie gasta más de un millón de dólares en películas de ciencia ficción. Eso sencillamente no se hace” (Moteros tranquilos, toros salvaje, Anagrama).
La fantasía espacial de Kubrick llevó al cine de ciencia ficción a un terreno popular sin precedentes, y lo más importante, sin sacrificar la historia en aras de los efectos especiales. Cuánto tiempo ha pasado desde entonces para ver en Avatar, de James Cameron, un nuevo éxito para un tipo de historias que si bien no lograron plena aceptación hasta el final del siglo XX, siempre fueron importantes para los cineastas.
Y es que se puede decir que el cinematógrafo nace a partir de una película de ciencia ficción. Viaje a la luna (1902) y La conquista del polo (1907) de George Mélií¨s, son consideradas las primeras películas en toda regla. Aunque para algunos fue una simple parodia de vodevil de la obra de Julio Verne, la evolución técnica desarrollada por Mélií¨s en Viaje a la luna no ha abandonado al séptimo arte, que ha encontrado en las historias fantásticas el pretexto perfecto para desarrollar la tecnología.
James Cameron tardó 15 años en tener los efectos especiales que necesitaba su proyecto. Y lo logra, después de todo fue capaz de crear un universo completo, los Na´vi representan a todos los pueblos indígenas que han existido. Al mismo tiempo el director canadiense diseña las máquinas de guerra más terribles y a las que la ciencia ficción –por oficio– está obligada a imaginar. Avatar es una historia simple, pero, ¿no lo son acaso todas las buenas historias? Es el eterno conflicto que ya H. G. Wells dilucidaba hace un siglo en voz del protagonista de su novela La guerra de los mundos. “La parte intelectual del ser humano ya es capaz de admitir que la vida es una lucha incesante por la existencia”. Y esa lucha continuará, aquí en la Tierra como en Pandora…
La “máquina visionaria” como llamara J. G. Ballard a la ciencia ficción sigue funcionando. Para agrado de los fanáticos al género.