La experiencia de integración a la europea: comentarios a los casos de Alemania y España

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A la memoria de un médico ejemplar, el doctor Raúl Medina Castanedo, quien falleció el lunes 8 del presente mes

I
Si bien Alemania fue derrotada en la primera y segunda guerras mundiales (1914 a 1918 y 1939 a 1945), en la primera mitad del siglo XX, las cosas comenzaron a ser diferentes para ese pueblo que llegó tarde al reparto de colonias que habían emprendido las otras potencias europeas desde el siglo XV, cuando España y Portugal inician con el descubrimiento y conquista de lo que sería más adelante América Latina, es decir una amplia porción del Nuevo Mundo, o lo que hoy se denomina América.
Alemania, entonces, como imperio unificado se conforma en 1871, y llega seguramente tarde al reparto de territorios que hubiesen podido ser sus posesiones o colonias de ultramar, cosa que sí consiguieron otras potencias de Europa Occidental como Bélgica, Países Bajos, Inglaterra, por supuesto, además de las ya mencionadas.
No obstante, tras esos dos fracasos de la primera mitad del siglo XX, y a través de la conformación de lo que sería la Comunidad Económica Europea, CEE y después la Unión Europea, Alemania se ha convertido en la gran potencia europea y, consecuentemente, en una de las mayores potencias del mundo entero. Por si fuera poco, la hasta entonces Alemania Occidental asumió su reunificación nacional, a principios de los años 90, cuando consigue reintegrar al territorio que por más de tres decenios constituyó la República Democrática de Alemania (Alemania Oriental), una fracción que le había sido desprendida al ser derrotada la potencia nacional-socialista en 1945. Lo anterior, según opinión de un profesor español, colaborador de una vicerrectoría de una de las universidades madrileñas, la Rey Juan Carlos, en la primera mitad de este 2008. Charla que mantuvimos en el marco de un reciente seminario internacional que justamente tuvo como tema de estudio y de debate el esquema integracionista europeo y su comparación con otros; aquéllos, por ejemplo en los que participan de una manera u otra las economías latinoamericanas, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Mercado Común del SUR (MERCOSUR), por citar los dos más relevantes.
Hoy, Alemania es el más importante impulsor del proceso integracionista, el mayor inversionista en numerosos países “atrasados”, de los que se han ido integrando en las cinco sucesivas ampliaciones que la historia reporta en medio siglo ya de existencia de dicho esquema de integración supranacional, que fue fundado en 1957 mediante al Tratado de Roma. Tal sería el caso, en particular, de los países recientemente admitidos a la Unión Europea, es decir, los protagonistas de la Quinta Ampliación (entre 2004 y 2007) que totalizan 10 países de Europa central y oriental (PECO), más las dos economías isleñas del Mediterráneo (Chipre y Malta). Los primeros pertenecieron (los PECO) hasta hace poco más de una década al área de influencia de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS (ya fuese por que formaron parte de la URSS o por que constituían los llamados países socialistas). Si se observa bien el mapa de Europa, esos diez países conforman una franja consistente de territorios que van de norte a sur, que tanto envuelven a la Rusia postsocialista en su flanco occidental, como expanden el área de dominio occidental que parecía replegado en esa porción geográfica del continente.
Me refiero, en efecto, a Estonia, Letonia y Lituania (conformaban las tres repúblicas bálticas de la quincena de repúblicas constitutivas de la URSS) y siete pertenecientes a los antiguos aliados socialistas de la superpotencial “roja”—mas no parte estrictamente de la URSS—, a saber, Polonia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Eslovenia (un desprendimiento de lo que fue hasta los años 90 Yugoslavia, en los Balcanes) y, por ultimo las repúblicas Checa y Eslovaca (que previamente habían conformado entre ambas lo que fue Checoslovaquia). Y, junto con Chipre y Malta, completan las 12 economías objeto de la Ampliación entre 2004 y 2007 con lo que la Unión Europea pasó de 15 a 27 miembros precisamente al completar 50 años de existencia, en marzo de 2007.

II
La otra cosa que escuchamos en España —esto en un viaje previo, en 2007— es que junto con la recepción de recursos financieros en montos significativos, durante un cierto número de años, en apoyos para infrestructura y gasto público en salud, en vías de comunicaciones, en sistemas de educación y de formación en general a la población de los países que se van integrando a la Unión Europea, junto con ello, los nuevos integrantes se ven también obligados a adecuar y modernizar sus sistemas en lo jurídico, en la observancia del estado de derecho, adecuar leyes y procedimientos en general, como requisitos para la obtención de esos recursos —y so pena de dejar de recibir los recursos de los distintos programas dentro de los esquemas comunitarios—, los que se conocen también como fondos compensatorios en general. Todo lo cual constituye la denominada Política de Cohesión Económica y Social de la Unión Europea.
Así, nos decían otros colegas españoles, si hasta 1986 en que ingresa España al acuerdo comunitario, tenía que vérselas el ciudadano y las empresas o cualquier otra institución española con instancias públicas en el ámbito de la municipalidad, la región autónoma, la comunidad respectiva, y/o el estado español, desde entonces, a partir del ingreso del país a la Comunidad Europea también se tuvieron que cumplimentar diversos trámites y restricciones levantadas en lo sucesivo por los ordenamientos y las normas comunitarias, lo cual significaba que todo se sometía ahora también a instancias de nivel supranacional, es decir a las directivas y normativas provenientes de Bruselas, de Estrasburgo, etcétera, sedes precisamente de los órganos máximos del poder legal y económico comunitarios.
En otras palabras, que fue menester ceder soberanía de los distintos poderes públicos o gubernamentales de cada Estado nacional en favor de otros poderes públicos supranacionales éstos, para así alcanzar ciertos niveles o estándares jurídico-tecnológicos, etcétera, y poder entonces “coexistir” y mantener relaciones con los restantes estados nacionales de la Comunidad, tanto los que habían precedido en su integración al estado respectivo como aquéllos que se fuesen sumando con posterioridad. Tal fue el caso de la economía española, objeto, con su vecino peninsular, Portugal, de la Tercera Ampliación, en 1986. Entonces, recursos financieros y adecuación y perfeccionamiento de los ordenamientos jurídico-políticos que existían en España fueron y siguen siendo dos elementos clave en el desarrollo integral de la economía y sociedad españolas comunitarias desde 1986. Así como una relativa menor soberanía… al acogerse a las prácticas y ordenamientos comunitarios desde entonces.