José Ramos: Andamios sobre el mar

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“En la actualidad, para mí, la poesía lo es todo”, dice José Ramos, quien acaba de publicar En el desván de los sueños, quizás su obra más madura.

Comenzó a escribir en 1989. “Ese año fue cuando empezó a gustarme esto de la escritura”, y para ello acudió a los talleres literarios locales, para saber cómo se escribe un poema: “Una cosa es que tengas ganas y otra que sepas cómo hacerlo”.

Hasta ahora ha publicado trece cuadernos de poesía. Destacan Canto obrero, Historia de la lucha y Sobrecimientos, que dan cuenta de su labor, iniciada bajo el impulso de la lectura de un libro de Pablo Neruda.

“Una vez estaba leyendo a Pablo Neruda», dice, «y me gustó tanto. Confieso que he vivido y ándale que empecé a escribir queriendo imitarlo, pero luego busqué a la gente que sí sabía escribir para tratar de encontrar mi propia voz”. Pablo Neruda “está a toda madre”, se dijo, y fue más allá al preguntarse: “¿Pero y qué pasa con José Ramos?” Entonces asistió a talleres literarios para aprender, y fue así como “me entusiasmé más con la poesía”.

Hombre de alturas, su oficio por al menos treinta y cinco años fue andar sobre los andamios: “La relación entre albañilería y poesía es muy fuerte en mi obra, pues si alguien se fija bien en mis poemas, salen a relucir efectos como el aire, el sol, hechos con los cuales uno está acostumbrado como albañil; por lo tanto mi trabajo poético tiene una gran relación con los elementos naturales cercanos a mi oficio, pues fue en lo que me desempeñé por muchos años”.

Aunque ya no ejerce, después de un accidente, todavía algunos “me dicen el poeta albañil”. Sin embargo, para José Ramos el trabajo del poeta y el de albañil tienen algo en común, pues, indica: “Eres eso que haces hasta que te mueres”. Y son dos “personalidades en una sola persona”, en su caso.

Cuando trabajaba como albañil únicamente, Ramos sabía “que había algo más, pero no sabía qué”; al encontrarse con la poesía, supo entonces de su destino. Durante tres décadas estuvo ligado a las alturas de las construcciones: desde los dieciseis comenzó a ser peón, luego con el tiempo se convirtió en maestro y fue, sobre todo, hacia las costas del país, “porque siempre supe que el mar me obligaba a sacar y sentir mi sensibilidad, así que siempre busqué la costa”.

El mar está presente en su poesía, y él afirma este vínculo: “He buscado elaborar literariamente el efecto del mar causado en mí y por lo tanto está en mi poesía”. Siempre necesitó “expresar la sensación de libertad y sosiego del mar”: La oscuridad se extiende como un velo dando pie a que los peces del tiempo la devoren en cuanto amanece. Aunque su acta de nacimiento lo describe como tapatío, en realidad “nací en Concepción de Buenos Aires”, en 1942. Lo trajo su familia cuando tenía apenas tres meses y hasta la actualidad sigue pensando que el trabajo de albañil “es una fregonería”.

Para José, en sus palabras, “es lo mejor que me pudo pasar”. No obstante declara a la poesía como uno de los elementos vitales de su vida: “Me ha cambiado mucho, me ha vuelto más sensible; me ha hecho más persona”.

La poesía para José Ramos ha sido “un parteaguas”. En su humana actividad es algo que le permite la alegría; no admite “el texto maquillado”, ya que para él “la poesía es alegría”, y al escribir “soy feliz, pese a la dura realidad”. “Cuando escribo me pongo feliz, dice: “considero a la poesía como la felicidad de las personas”.

En el desván de los sueños es un bello libro, en donde está el José Ramos más diamantino. Poesía de un ser entrando en la madurez, nos lleva hacia espacios esenciales, donde descubrimos a una persona delicada, colmada de ternura, y a su vez lo vemos apurado deslizarse; apoyándose ahora en su bastón y con la cabellera platinada, hacia el pasado, mirando sin dolor su existencia. Un hombre vuelve al lugar de origen, queriendo borrar la ausencia pasajera; intenta encontrar huellas de lo suyo. Por las calles sombreadas de sueños remueve recuerdos todo el tiempo.