José Luis Morán López

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La ciencia en México vive un momento complicado ante la reducción de presupuestos por parte de la Federación. Esto a pesar de que la coyuntura requiere reforzar la investigación y la innovación, no sólo para combatir el cambio climático con la generación de fuentes alternativas de energía sino también para emprender investigación para mejorar la vida cotidiana de las personas.

La reducción de presupuestos preocupa al doctor José Luis Morán López, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, quien, además, es un convencido de que la educación es la mejor inversión para detener problemas sociales como la violencia.

En entrevistas con La gaceta, antes de impartir una conferencia sobre ciencia en el Paraninfo Enrique Díaz de León, ponderó la pertinencia de promover la ciencia entre niños y adolescentes, para que así puedan multiplicarse el número de científicos.

“Desgraciadamente la ciencia, la tecnología y la innovación no han sido lo suficientemente apreciadas por los tomadores de decisión. El presupuesto que se asignó este año tuvo reducción. Hay una disposición legal que estipula que México habrá de invertir el 1 por ciento del PIB en la investigación científica, pero esa meta no se ha logrado desde 2002. Se mantiene apenas arriba del 0.5 por ciento. A pesar de que teníamos el ofrecimiento del presidente López Obrador de mantener la inversión, no fue así. Ya siendo presidente electo en una reunión que tuvimos varias instituciones académicas y científicas que elaboramos un documento para proponer cómo avanzar, nos informó que se mantendría el mismo presupuesto. La sorpresa es que cuando se presenta la propuesta para este año tiene reducción del 12 por ciento para Conacyt, además de otras reducciones para secretarías.

¿Qué implican esas reducciones en el presupuesto?
Implican que los programas sufran reducción o desaparezcan. Sé que en cada arranque de sexenio buscan implementar nuevas políticas y propuestas. Hay gastos fijos en el Conacyt que se deben de mantener, como los becarios que tienen en México y en el extranjero, que se les debe sostener hasta que terminen su posgrado, y el Sistema Nacional de Investigadores, que se implementó en 1984 para detener la fuga de talentos, con complementos al salario que reciben; y que ha ido creciendo y hoy cuenta con alrededor de 30 mil miembros, que también hay que mantener dentro del presupuesto de Conacyt.  Si vemos estos compromisos ya adquiridos queda poco margen para apoyar. Otro de los gastos fijos son los 27 Centros Públicos de Investigación, y hay que apoyar su funcionamiento.

En la coyuntura del cambio climático, ¿cómo afecta esta reducción a los programas de generación de energía alterna?
Esto trae consecuencias: uno de los programas que tiene gran relevancia es la producción de energía a través de medios no convencionales. El problema de los hidrocarburos, que son recursos finitos que se terminarán, es que generan daño ambiental y la tendencia mundial es reducir la producción de energía a través de hidrocarburos y apostar a la energía solar, aprovechamiento del viento, de los océanos y sus olas, así como geotermia y biomasa, con plantas, caña de azúcar, etcétera. En el pasado sexenio se impulsaron institutos que estudien estos fenómenos y busquen nuevas formas rentables en producción de energía, pero no se llegaron a concretar. Con la reducción de presupuesto este proyecto queda detenido. Va en contra de la oportunidad que tiene México de avanzar en la producción de energía con otros métodos. Y uno de los problemas es que México en su economía depende de la industria petrolera. Si disminuye el precio o la producción, nos afecta. Esto desde el punto de vista de la academia es uno de los problemas importantísimos a atender. Contamos con 2 mil 800 académicos en todas las áreas en la Academia Mexicana de Ciencias, muchos de ellos se dedican a estos temas y con sus estudios podemos salir adelante. Pero si no hay recursos para mantener las investigaciones, la compra de equipo o el avance en infraestructura, este tema, este avance se ve detenido.

¿Qué deben hacer la ciencia y los universitarios para frenar el cambio climático?
Hay quienes creen que estos calentamientos de la tierra son periódicos y suceden después de determinados cientos años. Pero al ver las estadísticas se detectan incrementos y el papel de la humanidad en esta modificación es clara. Nosotros hemos deteriorado nuestro ecosistema con esta nueva forma de vida que hemos adoptado. La tecnología requiere energía y la producción de energías se ha hecho en base a carbón, que es peor que los hidrocarburos. El gran número de autos, la población crece y con ello la demanda de energía. Hay que tomar medidas como las que ya se han tomado, por ejemplo con el agujero de la capa de ozono. Los científicos que encontraron la causa, entre ellos Mario Molina, detectaron que productos del hombre dañaban la atmósfera, que eran gases de hexafluoruro los que la destruían, hubo un acuerdo internacional para prohibir estas sustancias y tuvo éxito. Ese problema se eliminó y se parchó el hoyo. Para tener efectos en el mundo necesitamos acuerdos internacionales, pero hay países que se niegan, como Estados Unidos, cuyo presidente no cree en el calentamiento global, o China, cuyas decisiones, por tanta población, seguirán afectando a nivel global. Tenemos que seguir haciendo notar que la forma en que tratemos al planeta es lo más importante. No hay otro lugar adonde ir. Ningún planeta cercano. Si se acaba, se acaba.

Si bien la ciencia se ha descentralizado, ¿qué hace falta para impulsarla en las regiones del país?
En estos momentos en que la Federación está reduciendo su apoyo habría que voltear a los gobiernos de los estados para que incrementen su apoyo. Todos los estados tienen consejos o secretarías de ciencia, como ocurre en Jalisco. Estos organismos siguen activos y propician la generación de conocimiento. Son muy activos en la promoción de la ciencia, la divulgación en niños, en jóvenes, tratando de inducir su mayor participación.

Ahora que habla de la divulgación entre niños y jóvenes, vemos que cada vez cobra mayor popularidad. Crecen los talleres de robótica, por ejemplo, y hay eventos de innovación que les atraen. Pero algo termina por no cuajar; ¿qué falta?
Como tú bien dices, los niños son material fresco. No están inhibidos por conceptos que después adquirimos como adultos y no le tienen miedo a fallar, no le tienen miedo a equivocarse e intentan resolver los problemas. Esos ejemplos que pones tú, de robótica, son claros sobre la forma de ser de la infancia. Le das a un niño un kit para armar, lo arma más rápido que un adulto y son muy imaginativos. En estos talleres tienen la posibilidad de armar diferentes cosas, y uno se asombra de la gran capacidad que de niño tiene uno para hacer cosas; esa habilidad más adelante se pierde o se reduce por nuestros sistemas educativos. Las maneras en que los educamos en la primaria o secundaria son extremadamente rígidas. No se enseña la ciencia de una manera interactiva para que el niño participe.

Entonces, ¿hay que cambiar los métodos de enseñanza?
La mayor parte de una clase de física o química es sentarse a ver lo que un maestro escribe en el pizarrón. No te permiten moverte. Hay una corriente internacional para que estas formas de enseñanza se modifiquen y a los niños se les plantee un problema y se junten con otros, formen un grupo y traten de resolver el problema y al final escriban sus conclusiones. Es una manera de educar mejor y de no vacunar a los niños contra las ciencias, contra las matemáticas, contra la física o la química. Hay intentos y se han implementado ejercicios para enseñar. Pero el otro problema es formar a los maestros para que enseñen distinto, incluirlo en la curricula de los maestros, pues si no, será imposible que eduquen de manera diferente.

En México vivimos un clima de violencia al cual los científicos no están exentos. ¿Cómo pueden abonar quienes están en las ciencias exactas a una cultura de la paz?
Estos problemas vienen por falta de educación. Creo que tenemos que invertir más en educar a los jóvenes. Hacerles notar los peligros que existen. No podemos cerrar los ojos. La dependencia y las ganancias de los grupos criminales son altas. Se necesita desde el punto de vista de la investigación social proponer soluciones. En países como Uruguay las drogas son legales. Aquí en México hay iniciativas. Los que ganan con esto son los grupos criminales que sacan ventaja de la ilegalidad que existe. Ese tema está en la mesa. Pero cada país tiene sus problemas y los gobiernos deben asociarse con los investigadores para resolverlos. Soy optimista, creo que una vez que se entienda la importancia de la investigación y se le apoye, tendremos soluciones adecuadas y un país más tranquilo. La violencia e inseguridad son temas primordiales.