José Balado

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Doce años atrás, José Balado se decidió por otra forma de hacer documentales. Entonces creó Documental Peruano, una “asociación de producción de contenidos de comunicación de libre acceso” mejor conocida como Docu Perú. Invitado por el Departamento de Imagen y Sonido de la Universidad de Guadalajara y la fundación CEDAT, Balado vino a Guadalajara, donde impartió un taller de documental participativo y dio una charla. Luego, junto con personas del taller, se fue a Santa Cecilia —conocida como “Santa Chila”— para hacer un documental sobre esa colonia tapatía. El documentalista peruano, dice que vino “a compartir humanidades”.

¿En qué difiere tu forma de hacer documental con la manera tradicional?
Docu Perú tiene una línea en definitivo participativa. Partimos de la premisa de que a través de los medios de comunicación podemos ejercer ciudadanía, democracia mediática y autorrepresentación. Basados en esa premisa es que hacemos proyectos participativos donde la idea es tener una metodología horizontal: vamos a las comunidades y generamos contenido con las propias comunidades. Ellos escogen los temas, hacen los libretos, “hacen la cámara…”; ellos hacen todo el material y nosotros solamente acompañamos esos procesos. No es el producto nomás sino el proceso documental lo que nos interesa.

¿Puede el documental educar?, ¿debería de hacerlo?
Lo hace, definitivo. Cuando yo veo una realidad que fue filmada por un campesino, un joven, un sindicalista o una mujer de base, veo que existe otra forma de contar historias, existe otro color frente a la pantalla, otra manera de presentar al mundo. Eso va educando, vamos viendo otras realidades. No buscamos homogeneizar los mensajes sino, a partir de la individualidad, que se hable de mil formas.

En este tipo de documental, ¿qué tan relevante es la figura del autor?
Una de las cosas por las que abogamos dentro de nuestra metodología es la subjetividad. La objetividad ha sido un cuento que se ha vendido por ciertos intereses y por el periodismo. La objetividad es una falacia ideológica; no existe. Quien analiza un fenómeno, quien ve un fenómeno, quien responde a un fenómeno, es una persona, un sujeto. Cada uno es diferente. Lo que buscamos de esa subjetividad es que cuente una historia. El documental no es una ventana al mundo, el documental es cómo la persona ve esa ventana al mundo. Hay una frase de Patricio Guzmán, documentalista chileno: “Un país que no produce documentales es como una familia sin un álbum de fotos”. Nuestra labor es que en ese álbum de fotos nacional no solamente los fotógrafos profesionales tengan su foto, sino que todos los ciudadanos pongan su fotito.

¿Qué sí y qué no es documentable?
Toda la vida es documental. No solamente hablamos de los grandes problemas nacionales sino también de los tejidos que constituyen la sociedad, que son ciudadanos con historias que son válidas y posibles. El documental es una posibilidad de generar empatía con otro que no soy yo, es un dispositivo que puede generar discusión y participación.

¿Cómo ves un documental posible, incorporando nuevas herramientas y lenguajes?
Lo chévere de esta época es que se están reestructurando los conceptos de audiovisuales, los públicos, las audiencias, quienes tienen el derecho de comunicar. En esta nueva encrucijada se está creando una nueva forma de hacer comunicación que no es para meterse a mercado solamente, es también para molestar, para buscar justicia y para transgredir un poco; para eso estamos en comunicación: no para seguir la reglas sino para cuestionar las reglas.