Javier Darío Restrepo: El periodista en el mundo

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Abrumado por el ruido de las avenidas de Guadalajara, Javier Darío Restrepo controla el auricular transparente pegado a su oreja con un gesto quejoso. El pianista del restaurante lo ha dejado aturdido. A pesar de haberle repetido mi nombre varias veces durante tres días de convivencia intermitente, él me ha rebautizado “la flaquita”. El periodista colombiano encuentra la manera de hacer cada cosa a su modo.
El pasado 3 de mayo se festejó el Día Mundial de la Libertad de Prensa y en este contexto el maestro señaló que “el periodista se ve rodeado de peligro” y con la misma certeza añadió que “todo periodista tiene miedo, el problema es dejarse dominar con el miedo”, ésto en el marco de los festejos que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) junto con la Universidad de Guadalajara (UdeG) realizaron en la ciudad del 30 de abril al 2 de mayo.
Con 52 años de experiencia en ética periodística, y un extraño halo de paz que le da el deber cumplido, el maestro de varias generaciones de periodistas da el panorama de la actual prensa mexicana, una realidad que Colombia sigue sin superar.

¿Ser periodista es un riesgo en nuestros países?
México se ha convertido en el país más peligroso para los periodistas. Eso hace que se encuentre ante un enemigo que está en todas partes y en ninguna, que tiene el rostro conocido de tal o cual capo pero ese rostro es lo menos importante por que lo importante son los sicarios que utilizan. Eso puede traer dos consecuencias: la primera es que el periodista, atemorizado, renuncie a ejercer su profesión o que la ejerza a medias, en la forma que estima que le puede ser menos peligrosa.
La otra desventaja es lo que veo yo en personas como la periodista que fue asesinada [Regina Martínez, reportera de Proceso acaecida en Veracruz] que a pesar de todas las amenazas persisten en continuar y se plantea la pregunta, ¿porqué continúan? La consecuencia que tiene eso es obligar al periodista a preguntarse el porqué de su profesión. Y en esa pregunta van implícitas unas respuestas: ésta es una profesión desechable, que no tiene dignidad ni valor, sí es una profesión de la que uno puede desertar tranquilamente porque si yo estoy desertándola nadie me necesita a mí. Por el contrario otros periodistas miran la profesión como algo irremplazable en la sociedad. El mismo hecho puede desencadenar dos efectos radicalmente contrarios.
Cuando veo a los periodistas de México, como veo a los periodistas de mi país, veo que esta circunstancia se ha convertido en un punto de quiebre, o entre la autenticidad con la que se ejerce la profesión o entre la inauteticidad con la que siempre se había ejercido y se viene a descubrir cuando se la somete a prueba en este momento.
¿Cómo ve el oficio en México?
En Colombia se dio un proceso muy interesante: ante los hechos que golpeaban directamente a los periodistas, el periodismo tuvo que comenzar a reflexionar sobre su oficio. México necesita que sus periodistas reflexionen sobre su oficio. Los veo escribiendo muchos libros sobre los narcos, pero los veo poco ocupados en examinar su propia actividad y el deber ser de esa actividad. Aquí habría necesidad de centralizar muchos esfuerzos e intereses de los periodistas en una entidad.

¿Cuál es la diferencia entre la autocensura y auto rregulación?
Son dos términos que no se pueden considerar sinónimos. La autocensura está motivada por el miedo o por los intereses. Cuando el periodista se silencia por miedo se llama autocensura porque está invadiendo los derechos que tiene la gente a la información y les está negando a las personas el derecho a la información simplemente por un prurito personal.
En cambio la autorregulación son todas esas normas que uno se impone a sí mismo para hacer un trabajo de calidad. Tiene que ver con las formas. Es indispensable que el periodista sepa autorregularse. Un periodista que nunca se critica es un periodista condenado al estancamiento, no crea nada. El periodista que es consciente de sus errores está en proceso de mejorar todos los días.

¿Qué opina de esta moda de ha-cer crónicas de todo?
La ética impone que en todo trabajo tengas una intencionalidad y que seas capaz de examinarla, ya que cuando uno lo hace encuentra muchas que son rechazables. ¿Por qué razón estoy yo acumulando tantos detalles en mi crónica?, ¿qué es lo que yo me propongo con esta crónica? Si uno es sincero consigo mismo: ¿por qué quiero hacer una crónica perfecta de una calidad literaria incuestionable y de pronto que la pueda mandar a un concurso y ganarme un premio? Todas esas son motivaciones bastardas, porque giran alrededor del ego y uno como periodista no está escribiendo para sí, está escribiendo para los demás.
Darío Restrepo reconoce que ése ha sido un problema de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), donde dirige los talleres que se imparten. Cuenta: “Con muy buena voluntad se comenzó tratando de remover esa rutina en que estaban los periodistas, que se limitaban a contar lo que pasaba y nada más. Dijimos ‘Vamos a enseñarles a hacer crónica y el valor que tiene la crónica’ y lo que pasó fue que la crónica como medio se volvió fin. Entonces ya los periodistas buscan siempre hacer crónica y buscar todas las normas y seguir los ejemplos que hay en los buenos cronistas. Se quedó todo en la forma pero no llegaron al fondo”

¿Por qué parece que los medios cada vez tienen menos influencia para cambiar la realidad?
El periodista cree que su condición de periodista está aislada de su condición de buena persona, y en realidad están íntimamente ligadas. El periodismo está constantemente exigiendo lo mejor de uno mismo y uno no siempre está en ese plan, particularmente en aspectos como la independencia. El periodista mal pagado no sabe cómo llevar el mercado a su casa esta semana y de pronto aparece un político que le dice: “Hermano, negociemos, tú me ayudas y yo te doy una platita”, y se pone al servicio de él. Ahí desaparece el periodista y aparece un engendro que se llama relacionista público.
El periodismo está perdiendo influencia y un periodismo sin influencia pierde su razón de ser. Esa influencia proviene del peso moral que tiene tanto el periodista como persona como el medio en que trabaja. Creo que esta crisis es una crisis que está poniendo en evidencia la necesidad de un periodismo mexicano capaz de influir por la vía de su peso moral.

¿Qué opina sobre la polémica que hay en la actualidad, por quién es el dueño de los textos y los productos culturales en internet?
Ahí me parece que hay una discusión que no es sincera, puesto que siempre se ha invocado la libertad de expresión. Pero hay que tener en cuenta que los autores tienen derecho a la obra que ellos han hecho. Y generalmente son autores que viven de lo que ganan a través de esas obras, entonces, ¿porqué partir del presupuesto de que, por estar colgadas en internet, eso entra en el campo en el que nadie es dueño y que todo es de todos?

¿Y en cuanto a compartir links de noticias?
Los códigos de ética establecen una diferencia: hay una parte de la información que es de todo el mundo, y el hecho que yo tenga el privilegio de ser el primero en darla a conocer no significa que yo me convierta en dueño de esa información. A partir de la información pública un periodista investiga y elabora sobre eso y el resultado es una investigación de él.
Yo no creo que se coarte la libertad de prensa, porque se trata de un acto de justicia por un lado, darle a cada uno lo que es suyo, y es aun acto de veracidad: decir quién es el autor de algo. Son dos actitudes éticas que no tienen por qué entrar en pugna con la libertad. Sería tanto como decir que la libertad da patente de corso para ser injusto y para ser mentiroso.

¿Se puede ser un medio totalmente independiente?
Se acercan mucho al ideal de un medio tan absolutamente independiente que no tenga que estar consultando con quienes son los que lo sostienen económicamente, ese es el sueño de todos los periodistas y vemos que a ese sueño se acercan los medios que son propiedad de una cooperativa, como Le Monde, eso en la medida que sea viable es una garantía para la independencia.Todo lo que pueda defender la independencia del periodista es bueno.
El autor de El zumbido del moscardón también señala la situación del por qué los periodistas no tienen seguro de vida. Dice que es “obvio” que deberían tenerlo. “Creo que ahí, de parte de los empresarios hay, o una cierta ingenuidad o maliciosa ignorancia de lo que es la situación”
Darío Restrepo atribuye el problema a la división: “No hay una entidad gremial que los reúna eficazmente. Y mientras los periodistas estén divididos están débiles. El periodismo mexicano necesita con urgencia unificarse, hacer un frente común a una amenaza que es común”.
Y con esta sentencia mirará por encima de sus lentes gruesos y redondos como preguntando a los periodistas –eternos alumnos suyos– ¿Entendieron?

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