Infodemia científica en tiempos de pandemia

Consentimiento informado, la nueva normalidad y sus retos, los desafíos de la ciencia y la información ante la pandemia de COVID-19, son algunos de los temas que integrantes de la Maestría en Bioética de la UdeG nos proponen cada viernes en estas colaboraciones

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Víctor Javier Sánchez Gonzáles*

La nueva epidemia del SARS-COV-2/COVID-19, registrada el 31 de diciembre del 2019 y declarada pandemia el 12 de marzo del 2020, cuenta al día de hoy con aproximadamente 14 millones de casos en el mundo. Esta emergencia sanitaria, lo novedoso de su padecimiento y la ausencia tanto de un tratamiento como de una vacuna, han generado una inusitada actividad científica en torno de ella, o al menos eso puede deducirse con base en la cantidad de artículos publicados o en revisión hasta el momento.

Según Nature Index, el portal de la revista Nature que realiza un seguimiento de las publicaciones en torno del SARS-COV-2 / COVID-19, hasta el 4 de junio  se tenían 30 mil 311 artículos publicados sobre el tema y 5 mil 638 «pre-prints», o artículos aún en revisión.

Esta cantidad es impresionante, ya que, en los 157 días que llevaba el 2020 al 4 de junio, se había generado un promedio de 229 publicaciones por día, para un total de 35 mil 949.

¿Cuál es el valor de estas publicaciones? ¿Cómo poder determinar el verdadero aporte de cada una de ellas? ¿Cuántas de ellas cumplen con todos los requisitos metodológicos de calidad? ¿Cuál es el avance agregado que han generado en el conocimiento de esta pandemia?

De acuerdo con la revista Science (Scientists are drowning in COVID-19 papers. Can new tools keep them afloat?, 13 de mayo, 2020), 14 de las revistas médicas que publican la mayoría de la información sobre SARS-COV-2 /COVID-19 han disminuido a un promedio de 60 días (la mitad del tiempo usual) entre la recepción de un artículo y su publicación.

Las consecuencias del exceso de información y del menor tiempo de revisión ya han sido evidentes: Lancet ha retractado un artículo relacionado con el uso de la Hidroxicloroquina; The Scientist, uno sobre el uso de la Ivermectina y el New England Journal of Medicine, otro artículo sobre la terapéutica en la enfermedad cardiovascular y su impacto en el COVID-19. Estos tres casos son, quizás, los más notorios de un total de 20 artículos retractados hasta el momento, según el portal Retraction Watch. Además, dos artículos más han sido retractados de manera temporal y otros 2 tienen “observaciones de preocupación“ (https://retractionwatch.com/retracted-coronavirus-covid-19-papers/).

Pero además de las interrogantes acerca de la calidad de los trabajos y de la deficiencia en los procesos de revisión por pares, surge otra sobre la manera en la que estos estudios han conseguido un aval tan rápido en sus respectivos Comités de Ética en Investigación (CEI).

La Organización Mundial de la Salud ha publicado una Guía de Estándares Éticos para la Investigación durante Emergencias de Salud Pública basada en la experiencia con las pasadas epidemias de SARS, MERS, Influenza y Ébola y en donde hace referencia a las guías del CIOMS (Consejo para la Organización International de Ciencias Médicas) y del Consejo de Bioética de Neuffield.

En dicho documento establece que los estándares éticos a seguir deben ser: la validez científica, la participación colaborativa, la participación justa y voluntaria, el valor social, un adecuado balance de riesgo-beneficio, una revisión independiente y un respeto moral equitativo para los participantes y las comunidades afectadas.

Además, establece que “la investigación debe realizarse solamente si no obstaculiza los esfuerzos de la respuesta de emergencia”, en donde se promueve la cooperación tanto nacional como internacional para evitar generar resultados duplicados, pero con bajo poder estadístico. Si bien la OMS promueve ajustar la ortodoxia metodológica de los trabajos, llama a mantener el respeto de las personas, a mantener su autonomía a través de los consentimientos informados y a brindar el mejor beneficio en los estudios.

¿Cómo deben actuar los CEI en estos casos? En sitios donde la investigación ha sido potencializada, ¿cómo asegurar el mejor funcionamiento de un CEI ante la enorme cantidad de trabajos por revisar, aceptar y dar seguimiento? Así como ya se observado en algunas revistas una merma en la revisión por pares de trabajos ya aceptados, ¿cuál es la calidad de las revisiones que los CEI realizan sobre este tipo de trabajos? De la misma forma y siendo este un problema de salud pública en enfermedades infecciosas, ¿cuál es la calidad del trabajo que realizan los Comités de Bioseguridad en la revisión de dichos proyectos?

Parece imposible que estos Comités (Investigación, Bioética y Bioseguridad) cuenten con el tiempo y los recursos necesarios para poder dar un seguimiento puntual y de calidad a una carga de c. 230 trabajos generados cada día.

Recordemos que las implicaciones de dichos estudios son relevantes en el sentido del manejo de vidas humanas al limitar una epidemia en función de su diagnóstico y tratamiento, pero también en función de los efectos colaterales que estas medidas conlleven.

Parece que a la par de esta epidemia infecciosa ha surgido una epidemia de publicaciones cuyos efectos y consecuencias aún está por descubrir.

*Profesor de la Maestría en Bioética UdeG