Ignacio Ramonet

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Ignacio Ramonet, representa en la actualidad uno de los más asiduos defensores del ideal de la autocrítica de los medios desde la trinchera de las universidades, para tratar de desmontar, a partir de los saberes estructurados, un discurso mediático dominado por poderes financieros y políticos: “De ahí —apunta— que haya que crear un movimiento popular para dar a conocer a los ciudadanos cómo funcionan las técnicas de los medios, para educar o re-educar, que debería ser una de sus misiones primordiales”.

¿En qué momento histórico considera que se encuentran los grandes medios de comunicación en América Latina?
Los medios de comunicación están viviendo a la vez una especie de euforia tecnológica, con una explosión de toda clase de aparatos novedosos y la posibilidad de multiplicar los mensajes; y, por otra parte, una crisis de rentabilidad en el comercio de la información. Esto genera que los grandes grupos mediáticos en el mundo estén perdiendo dinero. De ello se deriva que muchos medios estén cerrando o transformándose; abandonan el papel y se quedan en el mundo digital, o bien son comprados por empresarios u oligarcas —como yo los llamo— que adquieren títulos de prensa no para enriquecerse con ellos, sino para obtener un argumento de prestigio institucional.

¿Encontraría alguna diferencia entre los conceptos “democratización de medios” y “equidad en el manejo de la información”?
¿Equidad? No veo dónde podría haber tal. En cuanto a la democratización es indiscutible que estamos en ello. Hoy un ciudadano normal, con un mínimo de equipamiento, tiene capacidad para comunicar de manera importante, de dar su opinión y difundirla a escala planetaria utilizando las redes sociales. De hecho, hay una democratización cada vez más importante tanto de información personal como política subida en plataformas como Facebook. Pero, precisamente esa democratización no quiere decir en modo alguno equidad, porque no va a tener la capacidad de difusión que podría tener un gran grupo mediático, por muy debilitado que éstos estén hoy en día.

¿Podemos afirmar entonces que la información, en esta era que parece no tener límites, en realidad sí los tiene?
Estamos en una era que aparentemente no tiene límites, ya que la cantidad de emisores es infinita, teóricamente; pero no podemos deducir que porque hay un aumento de la emisión hay un aumento de la calidad. Hoy, hay más fuentes que nunca, pero no podemos decir que de la pluralidad de las emisiones haya surgido también una pluralidad de información; de hecho, sucede lo contrario, pues casi todos los medios hablan de lo mismo y al mismo tiempo. Otro, es lo que sucede cuando la información relevante es revelada sin permiso de las democracias, como el descubrimiento de que estábamos todos vigilados sin saberlo, hasta que Snowden difundió la noticia que ningún medio había conseguido, y lo mismo podemos decir de lo que ha hecho Julian Assange con Wikileaks.

¿Considera que se trate de un proceso casual o claramente estructurado?
Es más bien el resultado de una situación estructural. Primero, los grandes grupos de información nunca han querido que la población esté demasiado informada, porque crearían una sociedad difícilmente controlable. Quizás, visto en un sentido positivo, su misión sería la educación. Lo cierto es que no están para que surja una crítica demasiado radical a lo que está sucediendo. Y ahora que estamos en una ideología muy concreta de dominación del poder financiero sobre las sociedades, es obvio que esto no se puede difundir. No es un complot propiamente dicho, sin embargo surge de una situación que conviene al sistema.

Usted ha hablado de la construcción de un “quinto poder”: ¿de qué se trata?
A lo que yo llamo el “quinto poder” es una respuesta sustitutiva de lo que llamábamos el “cuarto poder” —la prensa, los medios— que, en mi opinión, ya no ejerce su función de contrapeso al poder político, al ejecutivo, al legislativo o al judicial; al contrario, se ha convertido en un cómplice de los poderes dominantes. Entonces, hay que recrear un poder que esté en manos de la sociedad como presumiblemente debería estar aquél. Así, el “quinto poder” es la crítica de éste último, que subraya su lado cómplice con el poder institucional. Este proceso seguramente no se puede hacer a partir de los medios. En realidad, sólo puede hacerse en las universidades, donde se ha desarrollado toda una ciencia del análisis de la información. A través de los departamentos de comunicación y periodismo podemos encontrar las personas, las técnicas y los saberes que permiten desmontar el discurso mediático. De ahí que haya que crear un movimiento popular para dar a conocer a los ciudadanos cómo funcionan los medios y sus técnicas para educar o re-educar.

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