Hospitales provisionales durante las epidemias tapatías

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Durante el periodo colonial, en las ciudades y puertos más poblados de la Nueva España, era una práctica común establecer hospitales provisionales cuando las epidemias hacían que se incrementara significativamente el número de enfermos.
Los espacios para recluir a los “dolientes”, como dicen los documentos de la época, resultaban insuficientes durante esas crisis. De la misma manera en que posiblemente resultarán escasos en la capital de Jalisco, en la actual emergencia sanitaria, si los pronósticos de los expertos con relación al incremento de los casos de influenza AH1N1 y de dengue se cumplen.
Si esto sucede, las autoridades deberán implementar salas a manera de “hospitales provisionales” en espacios de la ciudad, como plazas, parques, etcétera. ¿Está la Secretaria de Salud del gobierno del Estado contemplando esos lugares en caso de ser necesario?, ¿cuenta con los insumos adecuados?
Aun cuando los hospitales provisionales que se implementaron en Guadalajara durante la época colonial, vale la pena recordar algunos de esos nosocomios temporales. Quiero referirme a dos hospitales de ese tipo que funcionaron en Guadalajara en el siglo XVIII.
El primero funcionó del 27 de enero de 1738 al 28 de abril del mismo año, y se conoció como Sala de San Rafael para mujeres; el segundo funcionó del 28 de abril de 1786 hasta el 30 de enero del siguiente año y se conoció como el Hospital del hambre.
El primero de esos nosocomios recibió enfermos durante una de las epidemias más cruentas que sufrió no sólo Guadalajara, sino la Nueva España; el saldo en muertes fue muy elevado. Lucas Alamán menciona que sólo en la Ciudad de México fueron 40 mil 150 las víctimas. Se trata de una epidemia de tifo, llamada en náhuatl “matlalzahuatl”, enfermedad que atacaba preferentemente a las clases bajas o mal alimentadas.
Luis Pérez Verdía dice que en la Nueva Galicia el mal “se cebo con tal fuerza en la raza indígena que los ranchos y villorrios quedaron despoblados”. Fue en esa terrible epidemia, menciona la historiadora Josefina Muriel, cuando las autoridades civiles y eclesiásticas, en acto público, declararon a la Virgen de Guadalupe, patrona de la Nueva España. Menciona también que en la Ciudad de México las diferentes órdenes religiosas, en especial los jesuitas, trabajaron duramente en auxilio de los apestados. Por lo que corresponde a Guadalajara, los que más trabajaron fueron los encargados del Hospital Real de San Miguel de Belén, actual Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, cualquier semejanza con la actual contingencia sanitaria tiene sus raíces históricas.
La epidemia llegó a las cercanías de la ciudad por los meses de septiembre y octubre de 1737, la mortalidad se incrementó a partir de noviembre, y en diciembre de ese año y enero de 1739, se presentó el mayor número de decesos. A causa de esa epidemia de tifo el número de internos aumento tanto en el Hospital Real de San Miguel, que se presentaron días en que se atendían entre 116 y 121 pacientes. Dado que el Hospital contaba entonces con 54 camas repartidas en cinco salas, según referencia de la época, no “cabían los enfermos en dichas cinco salas, ni en otras piezas, que con gran incomodidad de los religiosos sirvieron también de enfermerías.” Fue necesario echar mano de una construcción que se había iniciado en 1717 para dotar al hospital de un nuevo edificio, pero que hacia 1738 se encontraba en ruinas.
De esa abandonada construcción se conservaba por lo menos una pieza techada, aunque “estaba todavía con los puros adobes, y algunas quiebras”, por lo que fue necesario habilitarla. Se blanqueó a toda prisa y funcionó como hospital provisional con el nombre de “sala de San Rafael para mujeres”, con 36 camas. En el momento de mayor mortalidad en la ciudad, la sala de San Rafael contaba con colchones para 108 enfermas, 121 almohadas con sus fundas, 132 “frazadas”, 76 sobrecamas de paño, 75 servilletas con que “se les da de comer a los pobres” y 373 sábanas, aunque 53 de ellas estaban “viejas y ya rotas.”
Los fondos con los que se habilitó este hospital provisional fueron 500 pesos que el obispo de Guadalajara, Juan Leandro Gómez de Parada, dio a los frailes betlemitas como ayuda “a el nuevo hospital de mujeres.” No sabemos la ubicación exacta de este hospital provisional, posiblemente la abandonada construcción se encontraba en el cruce de las actuales calles de Contreras Medellín y Morelos.
El segundo hospital provisional funcionó durante un año de crisis hambruna y epidemias (“calenturas catarrales”) en 1786 y estaba ubicado donde actualmente está el Laboratorio de Arte Variedades, antes cine Variedades. En la época colonial estaba en ese lugar el edificio del Colegio de San Juan, ubicado en el cruce de las actuales calles de avenida Juárez y Ocampo.
En este caso los fondos para habilitar un hospital provisional fueron donativos de particulares y del ayuntamiento. Para el 28 de abril de 1786, cuando abrió sus puertas, sabemos que recibió a 240 enfermos y el número de camas era suficiente. Después de esta epidemia, con la construcción de un nuevo edificio para el Hospital Real de San Miguel de Belén (1787-1792), Guadalajara contó con un hospital que tenía capacidad para mil camas. Tan grande resultó el nuevo hospital, que aun cuando cabían mil camas, el día de su inauguración (3 de mayo de 1794) sólo fueron ocupadas 130 camas, para 1813, con el incremento de enfermos, el hospital llegó a las 323 camas. Si tomamos en cuenta que cuando se inauguró la nueva sede del hospital, Guadalajara tenía aproximadamente 24 mil 249 habitantes, el número de camas por cada mil habitantes —aun que como dije no se ocuparon— era e 24.2.
No es válido comparar parámetros actuales con los de otras épocas, sin embargo es difícil pensar que hubiera en el mundo una ciudad con la capacidad hospitalaria de la Guadalajara de finales del siglo XVIII, por lo menos no habría en todo el continente americano.
Actualmente la OMS recomienda un número de entre 8 a 10 camas por cada mil habitantes. De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el país que tiene el mayor número de camas por habitante es Suiza con una capacidad de 18.3.
Lamentablemente, nuestro país se encuentra en los últimos lugares con una capacidad de1.1 camas por cada mil habitantes. El rezago en cuanto a servicios de salud se hace evidente con estos indicadores. Con el incremento de los casos de dengue e influenza en Guadalajara, como lo vemos cada día, es probable que los Hospitales Civiles se vean rebasados y sea necesario implementar espacios hospitalarios provisionales.