Historias en imágenes desde un centro de rehabilitación femenil

Trabajo de estudiante del CUAAD busca documentar fotográficamente la situación de las mujeres que se internan en los centros conocidos como "anexos"

2145
Foto: Cortesía

El proyecto de Valeria Peña Galaviz, estudiante del sexto semestre de la licenciatura en Artes Escénicas para la Expresión Dancística del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD), fue elegido para ser beneficiado con recursos y asesoría del FONCA.

Su proyecto busca documentar fotográficamente la situación de las mujeres que se internan en centros de rehabilitación, conocidos como «anexos».

¿En qué consiste el proyecto?

En una serie fotográfica que habla de los centros de Rehabilitación de Alta Disciplina para mujeres, conocidos como anexos o granjas. Ellas son mujeres jóvenes, menores de edad de comunidades vulneradas, que viven en situaciones complicadas de extrema violencia general y agresiones emocionales o en el mundo de las drogas y el narcotráfico. Hay muchachas con problemas mentales, o con adicciones o dependencia a personas que ejercen violencia sobre ellas, además de adicción a drogas o alcohol.

Foto: Cortesía

¿Qué buscas con esta serie fotográfica?

La idea es visibilizar el problema, para que la sociedad lo tome en cuenta, este tipo de lugares o estas mujeres son juzgadas, pero es un problema del cual no nos estamos haciendo cargo como sociedad, las muchachas tienen un camino de violencia en el que terminan así, en un lugar en el que se les introducen a la fuerza y donde deben permanecer uno o dos años.

«Hablo no del lugar en sí, sino de la violencia que sufre una mujer para ser internada en esos lugares».

¿Qué te impulso a documentar este tema?

Una como creadora artística debe compartir con las demás personas sus experiencias, para que puedan sentir que es válido vivir esas experiencias. Personalmente estuve en una situación emocional que me llevó a terminar en ese anexo al que estoy acudiendo, estuve encerrada seis meses por situaciones inusuales. De ahí surge una gran inquietud, como estando en este lugar terrible, desde adentro ver la realidad más allá del mito. La idea no es satanizar ni idealizar el lugar.

Foto: Cortesía

¿Cuál fue tu sentir de haber ganado en esta convocatoria?

Me sentí muy sorprendida, me emocioné mucho, porque yo no estudio fotografía, estudio danza. Pero desde que ingresé nunca me he visto como bailarina, sino como una creadora y entre más herramientas cuente, me siento más como una exploradora. Yo tomé la materia de Fotoensayo e ingresé el proyecto que presenté al doctor Francisco Quirarte. Él siempre nos hizo ver más allá de la escuela. Me sorprende que si una tiene el impulso y la enseñanza adecuada que invita a explorar, una puede crear un producto interesante que termina en lugares inesperados. Es el trabajo fotográfico más desarrollado que he hecho y esta dedicación me hace ser reconocida.

¿Qué mensaje darías a la comunidad de la UdeG?

Yo quisiera invitar a los alumnos y profesores a que nunca nos damos cuenta hasta qué punto ser un docente que impulsa la creatividad del estudiante puede cambiar mucho la práctica artística profesional. Como estudiantes no debemos limitarnos, sino buscar constantemente espacios donde se nos impulse a crear a través de talleres, pláticas, conocer artistas. Y eso aplica en cualquier carrera, no sólo en artes, estar en curiosidad constante.

Este proyecto contiene expresiones corporales importantes para las emociones que se busca transmitir.

Artículo anteriorLepra, una enfermedad olvidada
Artículo siguienteCartón Falcón