Enrique Olmos de Ita

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Desde hace unos años vive en España, primero por una beca, luego por una mujer –la razón más antigua del mundo– y ahora porque sí. Pero a juzgar por las algarabías con que lo reciben en una nutrida mesa de La Mutualista, los incesantes tropiezos de cordial salutación en el lobby del Teatro Experimental y las sentidas reticencias de otro grupo de teatreros cuando se va de La Fuente a perseguir nuevos ágapes, Enrique Olmos de Ita es un dramaturgo de esparcida base nacional: piezas suyas como No tocar, Inmolación y Job, queja en tres voces para hacer silencio y nada, se representan en distintas versiones casi simultáneas en varios puntos del país, y sus críticas y artículos aparecen con regularidad en revistas como La tempestad, Replicante y Paso de gato. Todo mientras cosecha premios aquí y allá. Los más recientes, el Ricardo Garibay por un libro de cuentos (Bestia desollada) y el Marqués de Bradomín, de textos teatrales por Era el amor como un simio y viceversa, respectivamente. La semana pasada la Coordinación de Artes Escénicas y Literatura lo tuvo como invitado para impartir un taller de dramaturgia básica.

Neurodrama
Nació como un proyecto para investigar los cerebros de los actores con base empírica. Hicimos obras con actores adolescentes con el síndrome de Tourette, un trastorno neurológico que produce en los pacientes tics incontrolables. Algunos estudios habían propuesto que el ejercicio de la actuación podría ayudar a disminuir los efectos. Nuestra conclusión fue que es verdad: memorizar diálogos y construir un personaje fomentó la plasticidad neuronal, la modificación del flujo sanguíneo y las neuronas de otras partes del cerebro empezaron a trabajar. Luego el proyecto se convirtió en una compañía en forma y bastante activa. Claro que esto te consume la mitad del día despierto, y luego están las obras que hay que escribir, los artículos que entregar y si encima aspiras a tener algo parecido a una vida social, en eso se van todas las horas que quisieras dormir.

Cepa
Vengo de una familia de teatreros, así que desde siempre he estado metido en esto. Fernando de Ita y Nicolás Núñez son parte de ella. Incluso María Rojo estuvo casada con otro de mis tíos. Así que me dedico al oficio de la familia, vaya. Pero también tuve suerte. Y buenos maestros.

Patria
Yo digo que uno es de donde paga impuestos, y yo acabo de pagar los míos en Euskadi. Pero no es tanto que viva en el País Vasco como que vivo en el autoexilio. ¿Por qué? La razón se reduce a que soy miedoso. Aquí no existe la posibilidad de dejar la laptop en el coche, por ejemplo. Claro que aquí tengo muchos amigos, mi familia y ofertas de trabajo, y cada que como tacos al pastor me dan unas ganas inmensas de volver. La nostalgia es una cuestión entre gastronómica y ontológica.

Narraturgia
Es el triunfo de la diégesis sobre el drama, pero sigue siendo teatro: al contar, el actor encarna. La raíz de esto es mucho más antigua que el teatro helénico, la idea de teatro que aún hoy prospera, basada en el diálogo. Los rapsodas serían los primeros narraturgos, invadidos por la narratividad ante un público. De todos modos, los géneros textuales son invento más bien reciente. Mi elección discursiva es esta porque la generación a la que pertenezco repele el diálogo. Crecimos oyendo promesas de que un montón de cosas se iban arreglar mediante el diálogo y nunca ocurrió.