En busca de Judy Moody

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Podría pensarse que sólo buscan mirar la televisión, pero ese día dejaron sus aulas y se fueron a buscar nuevos temas para debatir. Temas que les preocupan y que son parte de su conciencia ciudadana. Cada año el pabellón infantil va creciendo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tanto, que se cuela en las editoriales nacionales e internacionales.
Escribir para niños no es tarea fácil, hay que encontrar el tema que les interese y lo más importante, hay que saber escribirlo. Sentados en pequeñas bancas en el área de niños escudriñamos los libros más buscados. Cerca del área de espectáculos un nombre se repetía constantemente: “¿Esta Judy Moody?”.
Judy es una niña líder, basuróloga, que cambia constantemente de humor cuando quiere lograr su objetivo de salvar al planeta y para lo cual tiene que reeducar a su entorno familiar, escolar y de amigos. Su idea es curar al mundo.
Mariana Macías Vilchis, de diez años, siente que es una mañana fría pero el calor de los libros en la FIL le emociona sobre todo por la cantidad y la variedad. Viene desde Aguascalientes con todo su grupo de la comunidad educativa Hanrath. Ella ya tiene su elección literaria: Judy Moody salva el planeta.
“Me gusta todo tipo de libros. El de Judy me gusta porque debemos cuidar todo lo que nos rodea, el planeta y el calentamiento global es nuestra culpa. Hay que aprender a reciclar todo”.
Por su parte, Daniela Zorrilla dice que le gusta el libro porque se “divierte con los diálogos y lo que le sucede a Juddy”.
Gloria Ugalde directora de la escuela Hanrath, en Aguascalientes, indica que los niños tienen gustos variados, “ellos buscan libros que relaten historias de niños de su edad con temas actuales. En la escuela trabajamos para que ellos busquen libros de buen nivel, no tan comerciales”.

Quiero salvar mi planeta
A la tarea de Judy se suma otro personaje: Luisa al rescate del planeta, un libro de historietas de Bruno Heitz, ilustrador que tiene otro material de conciencia ambiental, Mi Planeta y yo, de Sylvia Vaisman, edición de Tecolote, y el cual ya han sido solicitados por la Secretaría de Educación Pública para el programa de bibliotecas escolares.
El libro es una adaptación de un libro francés que presenta opciones cotidianas y sencillas para crear conciencia en el niño en situaciones diarias, así como la bondad de la propia naturaleza cuando elimina sus propios desechos.
Plantea el concepto de una sola tierra, “lo que se haga acá repercute en otra parte del mundo como cuando se vacía el aceite a la coladera”, indica el representante de Tecolote en Ciudad de México. “Este tipo de libro es significante para la educación infantil. Yo creo que los niños están más abiertos para hacer las cosas de salvar al planeta que los propios adultos”.
Basado en imágenes contrastantes de vida y muerte del planeta con sus seres vivos como las tortugas marinas o las focas, encontramos Quiero salvar mi planeta de María Cristina Urrutia. “A la hora que uno ve estas imágenes trae más conciencia en el niño a la vez que se presenta la solución. Son seres vivos que sienten y que los niños pueden ver esta problemática desde la fotografía”.
La conciencia ambiental en los niños debe crearse desde la impresión del material en que fue hecho el libro. Es el caso de la edición de Greenpeace con la historia del Rainbow Warrior, de Rocio Martinez. El libro fue realizado con papel reciclado de madera procedente de bosques y plantaciones con estándares ambientales.