Elizama somos todos

Deana Molina presenta su novela Elizama, este jueves 23 de junio en la Librería Carlos Fuentes, a las 18:00 horas, acompañada por Queta Nava Gómez y Federico Corral Vallejo

JUAN FERNANDO COVARRUBIAS

reseña

Muchos autores defienden la idea de que la literatura es un vasto campo de experiencias, incluso que la realidad muchas veces la alimenta en su mayor parte; y porque la experiencia o la realidad ha de ser traducida en letras y luego en renglones y enseguida en párrafos y luego en páginas para devenir libro, es que gozamos los lectores de ese particular punto alquímico que el escritor logra conjurar al contarnos una historia. Y de lo que se trata aquí es de hablar de la historia de Elizama en la novela homónima.

El debut en la novela de Deana Molina (Mérida, Yucatán, 1959) no podía ser más prometedor dadas las credenciales que presume en la literatura por su trabajo como poeta. De ella hay un registro de libros en este género que, de algún modo, ya prefiguraban, tarde o temprano, su salto a la narrativa. Su recorrido por Silencio rojo (1999) y La suma azul (2006), y sus apariciones en Poesía viva de Jalisco (2004) y Muestrario de Letras de Jalisco (2005), sin duda la han llevado a la escritura que cristalizó en esta primera novela.

Elizama (publicada por Tintanueva Ediciones, 2021) conjuga ambos instrumentos de escritura (poesía y narrativa) y gesta una prosa poética que propone y se defiende por sí misma: allí donde la trama transita por sus lugares más oscuros el lenguaje poético los alumbra para el lector. Más o menos conocedor del registro en la poesía de Deana no me sorprende las alturas que alcanza Elizama en su forma y fondo: una novela ha de ser contada, sí, pero también entrevista, vislumbrada, detenida en una imagen; y ambos fenómenos pasan en Elizama.   

Desde antiguo la literatura se alimenta de tópicos fundamentales (la literatura nace de la literatura, decía con acierto Northrop Frye), a saber: la verdad, el amor, la muerte, dios, la tragedia, entre otros tantos. Y de allí escribimos, o reescribrimos: no hay nada nuevo que contar, salvo contar de manera distinta, o a la manera propia. E incluso, más allá de esto, Deana Molina en Elizama lo que hace es contar, contarse, contarnos.  

Volviendo a los tópicos, Elizama se sostiene sobre tres de éstos: la memoria, dios y la verdad. La lucha contra los fantasmas (pasado o memoria), o contra la verdad (lo presente y lo que se tiene), o contra dios (lo que se tuvo y lo que se desea tener), o contra la tragedia (el dolor, el sufrimiento y la muerte), en cierto sentido está perdida desde siempre, en esas lides siempre hay un ganador; lo que uno hace, en todo caso, es tratar de entender cómo acabó uno donde acabó. Es decir, Elizama sigue un itinerario que la lleva, como a Bartleby, a estar metafóricamente frente a un paredón, sitio en el que abriga la esperanza de poder dar respuesta a las grandes interrogantes que la acucian. Elizama, por ese continuo cuestionarse, y por decirlo de algún modo, somos todos. Allí nos concentramos y nos proyectamos.

Por último, Elizama, en esa apertura hacia otros horizontes narrativos –como un artefacto moderno–, es una puerta abierta para que él quiera entrar, sabedor de que al trasponer el umbral encontrará una historia, o su historia.

BIBLIOGRAFÍA

deana molina (Mérida, Yucatán, 1959) 

1999

Silencio rojo

2006

La suma azul

2021

Elizama

COLABORACIONES

2004

Poesía viva de Jalisco

2005

Muestrario de Letras de Jalisco

Elizama, en esa apertura hacia otros horizontes narrativos –como un artefacto moderno–, es una puerta abierta para que él quiera entrar, sabedor de que al trasponer el umbral encontrará una historia, o su historia.

Juan Fernando Covarrubias
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