El sueño de la danza

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La danza ocurre en los mismos espacios de lo vivo. El movimiento se replica con la misma naturalidad con la que se camina una calle, se viaja en tren o se corre descalzo sobre la hierba. Sin embargo, en esa misma naturalidad, el arte de la extraordinaria bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, ocurre lo imposible, lo impensable: la magia. En el verano de 2009 el cáncer le robó la vida a Pina. La penetrante mirada que impulsara el movimiento desde la nueva geografía del cuerpo por ella descubierta, se fue dos días antes del inicio del rodaje del filme que lleva su nombre. Pina es ahora un documental que hace crecer su herencia estética gracias al creador cinematográfico Wim Wenders. El Festival de Cine de Guadalajara en su edición 27, trajo a la ciudad una pieza extraordinaria que concentra los recursos cinematográficos al servicio de otro arte: la danza. El género documental, enraizado en una idea de realidad que suele estar atravesada por el desgarro social, contrasta positivamente frente a la sensualidad de la danza de Pina. Wenders, quien gozara de la amistad de la coreógrafa, consigue tocar conceptos fundamentales de su propuesta artística. El director cinematográfico siguió la huella de Pina a partir del trabajo de su compañía, la Tanztheater Wuppertal, a quienes coloca en escenografías muy diversas para manifestar la belleza de la coreografía de dos: Pina y Wenders.

El calor y el hielo
La delgadez de una bailarina sostiene con gracia un enorme acordeón como único vestido. Rodeada de claveles, la mujer y sus gestos componen la obertura del documental que luego dispara sus compases con la aparición de toda la Compañía para celebrar las estaciones. Juntos se hacen abrazar por el sol del verano, abanican sus brazos y entonces florecen para luego contagiar el estremecimiento del frío invernal. Ahí están todos, sin Pina y con ella. Es Pina quien estableció el juego, quien buscó a cada momento el lugar del cuerpo donde se guarda lo amoroso, el calor de la rabia, el color que pinta la tristeza en el cuerpo, la desesperanza en los ojos, la pena. Uno de los mayores logros de Wenders es sin duda la sintonía con la que retrata la delicada belleza de la danza de Bausch en la Tanztheater Wuppertal. Wenders sigue la danza de cortejo entre una pareja que sobre yerba amarilla consigue acoplar sus cuerpos con suaves giros de cuello. Convertidos en garzas de ciudad, la pareja se mueve sensualmente mientras sobre sus cabezas pasa el tren elevado y los automóviles avanzan en las avenidas que rodean el pedazo de jardín elegido para la seducción. La luz del día parece imposible, los colores exceden la intensidad encontrada en cualquier postal urbana. La calle entonces no lo es más, y la cotidianeidad del tráfico y los transeúntes, se convierten en elaboradas escenografías para la coreografía Wenders-Bausch.

Wenders el retratista
Pina Bausch fue definitivamente una ilusionista del movimiento, exponía el cuerpo de manera abierta, lúdica y altamente emocional. Ver sus coreografías hace pensar que hay algo de artificio, que aquello que abre el pecho de quienes observamos no puede ser simplemente el movimiento de los otros, que en los escenarios se esconden hilos que producen el hechizo. El único encantamiento descansa en la claridad de lo que se busca tocar en el otro, en ejecuciones impecables, en el abrazo compartido y descalzo de Pina. Wenders abre y cierra las tomas, corta el espacio al tamaño justo para hacer hablar las sedas de las prendas que gravitan igual que los cuerpos que las visten. Wenders también demuestra el luto que acompañó el filme ante la inesperada muerte de Pina. Como pintor expresionista, el cineasta retrata a los bailarines en solos extraordinarios. Sentados, privados de la luz del movimiento, miran individualmente a la cámara. No pasa nada y todo ocurre. Sus labios no se abren y nosotros los escuchamos pensar, bailar con palabras en honor a Pina, la presencia totalizadora del documental y de la danza. Hablan de la alegría, de los hallazgos, de la ausencia. Son lunáticos avecindados en un extraño lugar llamado Wuppertal.