El placer dorado

439

Con las dos manos en la lira, sentada y con el cuerpo relajado, Safo extiende la concentración de su mirada hacia algo o alguien que no vemos. A su lado una mujer mínima reclina su cabeza sobre el hombro de la poeta mientras que sus ojos se dirigen al mismo punto misterioso. Se trata de “Safo”, el óleo pintado por el reconocido pintor austriaco Gustav Klimt en 1888. Curiosamente no son las nostálgicas figuras griegas quienes atraen al espectador, sino la luminosidad del dorado ocaso que en el fondo del cuadro casi obliga a entrecerrar los párpados. Más conocido por sus extraordinarios retratos femeninos envueltos en alegorías y resabios de la Grecia antigua, Klimt también hizo viajar el pincel y su luz por la aparente sencillez de paisajes recortados, de pedazos de hierba y bosques de troncos de abedules en los que fue capaz de crear universos de color. Gustav Klimt fue además, junto al también reconocido pintor Egon Schiele, fundador del movimiento vienés Jugendstil y de la Secesión, precursor del expresionismo alemán.

El oro no es un color
2012 es el año Klimt. En el mes de julio se cumplirá el 150 aniversario de este pintor desaparecido y Viena, su ciudad, se dejará envolver en todo este año, por el incendiario ocaso de Safo. 2012 abrió con la clásica gala del ballet de la ópera de Viena en el lujoso escenario del Palacio Belvedere con motivo del tradicional concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. El cuerpo de todos los bailarines iba cubierto del mismo dorado que caracterizó gran parte de la obra de Klimt. Después de Safo, vinieron obras que repiten el oro como “Amor” y “Música”, ambas de 1895 y las famosas “Palas Atenea” (1898), “La verdad desnuda” (1899) y “Judith y Holofernes” (1901)” entre otras. En todas ellas el dorado es mucho más que un color, se vuelve un signo estético que reclama atención propia. Este primer desarrollo artístico del dorado multiplica su poder en el Friso Beethoven que Klimt pintara en la í–sterreichische Galerie Belvedere en 1902. En 34 metros de ancho por dos de alto, Klimt compuso una opulenta sinfonía para honrar la Novena de Beethoven. El pintor crea una narrativa de la opulencia en este friso monumental, cuya conclusión se cierra con una pareja entrelazada que se deja abrazar por el oro. “El anhelo de felicidad encuentra reposo en la poesía”, corona el Friso con un coro de mujeres, que suspendidas, escoltan un desnudo y enamorado abrazo.
Sin embargo, ni El Friso Beethoven, ni el cotizado retrato de “Adele Bloch-Bauer” (1907) o el famoso Beso (1908) posean quizá la presencia más excesiva del oro en la obra de Klimt. Dánae (1908) es un óleo de dimensiones mucho más discretas que, sin embargo, rebasa las connotaciones que tiene el oro en el resto de su obra. Dánae, la mítica princesa de Argos, que había sido encerrada por su padre en una cámara de bronce para evitar el cumplimiento de un negro presagio, es poseída por Zeus en una de las más imaginativas formas de cópula: como lluvia dorada. El artista presenta una Dánae pelirroja que recibe entre sus generosos muslos el oro de Klimt más que el de Zeus. La metálica y lúbrica lluvia que Dánae acepta en su sexo, enciende la palidez natural de su piel. Klimt convierte a Dánae en una contracción de placer.

La Viena de Klimt
Viena dedica museos, teatros y palacios a Klimt. En la ciudad se suman más de diez exposiciones, entre las que puede verse, por ejemplo, su trabajo como decorador en el Burgtheater, mientras que el Museo de Bellas Artes (Kunsthistorisches Museum) exhibe sus dibujos, además de organizar visitas guiadas para contemplar sus obras decorativas. El museo Belvedere exhibe todo su acervo Klimt. En este año será posible también conocer su correspondencia que se mostrará en el museo Leopold. Finalmente uno de los homenajes más llamativos es “Gustav Klimt. El musical” que se presenta en alemán e ingles en el Wiener Kí¼nstlerhaus. Con música de Gerald Gratzer y libreto de Niki Neuspiel, la obra cuenta la vida del artista desde su juventud hasta su muerte, recreando muchos de sus cuadros más famosos. En Viena, el oro de Klimt lloverá todo el 2012.