El obsequio de satán

La obra "Un tonto en una caja" es una apuesta por un teatro crítico y retador, un retrato de la sociedad basado en la distopía de Aldous Huxley

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VÍCTOR RIVERA

Aldous Huxley ya había imaginado una sociedad dividida entre superdotados —hombres y mujeres producidos por cultivos impulsados por tecnología reproductiva de laboratorio— y los salvajes, quienes vivían fuera de las órdenes establecidas, en un entorno silvestre y bárbaro.

En la que ha sido quizá su novela más reconocida, Un mundo feliz, la población estaba dividida en cinco castas: los alfas y los betas, quienes están encima de la pirámide social; y en orden descendente, con menor nivel mental y físico, se encuentran los gammas, deltas y epsiliones. Una distopía futurista que motiva a la reflexión.

En ese tono se desarrolla la obra teatral Un tonto en una caja, escrita por el dramaturgo argentino Martín Giner y dirigida en Guadalajara por Alberto Magaña, quien debutó al frente de una puesta con esta comedia negra que juega con la curiosidad y rompe los establecimientos de la ciencia y el saber experimental, a través de sentidos que rozan la metafísica; su punto de partida radica en la pregunta: ¿cuánto pesa un gramo de duda?

A diferencia de la sociedad que retrata Huxley, la producción de la compañía de teatro tapatía Make Project presenta un mundo fraccionado entre tres castas: notables, grandes y pequeños, siendo estos últimos los reservados a las simplezas.

Existen diversos debates en la trama y el principal consiste en retar permanentemente al pensamiento científico a través de la astucia. Asimismo, hay abordajes, con tono de humor, de la vida, la muerte, la rigurosidad académica e incluso la opresión social.

La actriz Azuzena Evans, quien interpreta a la figura de los pequeños, desempeña un rol cambiante donde pasa de la ingenuidad a la crítica ácida y hasta a la confrontación de dos mundos divididos por la supremacía.

La obra original de Martín Giner contempla a tres personajes hombres en el escenario: Alberto Magaña rompe este esquema al incluir a tres mujeres (Evans; Coralia Manterola, la notable; y Gabriela Escatel, la grande).

Esto, según afirma el también actor, busca que sea el género femenino un ente crítico ante todas las normas constituidas por la sociedad y que propician segmentaciones:

“Es sumamente importante que la voz de tres mujeres sea la que encamina las críticas hacia cuestiones como la injusticia laboral, económica, política y/o académica. Es una comedia muy inteligente”.

Un tonto en una caja también es una apuesta por un teatro crítico y retador, que bien puede hacer reír a la audiencia con un diálogo, mientras que al siguiente lo puede dejar pensando acerca de una infinidad de referencias, donde el pequeño puede pasar a ser más grande que un notable: todo derivado de la recepción por correo postal de una caja que fue enviada por el mismo diablo.

En noviembre pasado la puesta incluyó dos presentaciones, una en el Teatro Vivian Blumenthal y en el Foro Periplo, adonde regresa este viernes 17 de enero en punto de las 20:30 horas.