“El buen fin” ¿de quién?

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El programa de “El buen fin”, que durante cuatro días llevó a una buena cantidad de personas a los centros comerciales, fue más una estrategia de mercado, orquestada por las empresas en México, que un mecanismo para reactivar la demanda interna, ya que los descuentos anunciados fueron más ficticios que reales, porque en promedio fluctuaron entre un 10 y un 15 por ciento. Esto no se puede comparar con lo que cada año sucede en Estados Unidos, donde prácticamente rematan la mercancía.
Si bien las ventas aumentaron hasta en un 40 por ciento de lo que normalmente sucede en un fin de semana “normal”, éstas fueron hasta en un 80 por ciento con tarjeta de crédito.
La tarjeta de crédito es un arma de doble filo, que podría llevar al consumidor nacional a arrastrar una deuda a largo plazo con el banco, que se agravará si no es pagada a tiempo. En la mayoría de los casos, el consumidor queda comprometido a pagar su deuda en plazos que oscilan entre los 12 y 18 meses, y en algunos casos, hasta los 24 meses. Esto sin duda alguna es una amenaza para la estabilidad y el bienestar del consumidor, ya que el contexto recesivo por el que atraviesa nuestro país no puede asegurar empleos permanentes y por lo tanto, un ingreso seguro, para los trabajadores.
El poder de compra de los consumidores mexicanos es bajo. Los datos de la Encuesta nacional de ocupación y empleo (ENOE) de 2011 muestran que prácticamente el 75 por ciento de la población gana menos de tres salarios mínimos (alrededor de 4 mil 500 pesos mensuales). Ante ello, una reducción promedio de un 10 por ciento en el precio de los bienes ofrecidos en esa campaña, no benefició al consumidor. En cambio, provocará que la cuesta de enero se prolongue al haberse gastado el aguinaldo de manera anticipada, y sin duda será más grave dicha cuesta, porque una vez que el aguinaldo lo reciban en diciembre, el consumidor lo destinará a incrementar su gasto, más que a pagar la deuda contraída durante “El buen fin”. Por consiguiente, no hay duda de que “El buen fin” fue una iniciativa perversa para el consumidor: se trató de atraparlo en un contexto de recesión e incertidumbre económica.
Mucho se duda de que haya sido una estrategia para reactivar el mercado. Primero, porque no había razón para hacerlo, cuando a escasos días llegaría el período navideño, en el que tradicionalmente aumenta el gasto privado, y por lo tanto, las ventas de las empresas; segundo, porque la demanda interna se reactiva con medidas de fomento al ingreso, y por esa vía, del ahorro de los consumidores, y con medidas de apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas, que son las generadoras de empleo y las que, como ya se vio, no fueron las más favorecidas con esta estrategia publicitaria, como sí lo resultaron las grandes cadenas comerciales.
El ingreso real de los consumidores es tan bajo, que apenas alcanza para satisfacer las necesidades de consumo elementales de las familias. Si éste se elevara –el ingreso real–, sería un potente motor de impulso a la producción, ya que a mayor demanda, provocada por un aumento del ingreso real, se incentiva la oferta (producción) de bienes y servicios por parte de las empresas. Desafortunadamente las empresas y el gobierno mexicano razonan al revés. Tal vez esa sea la causa del bajo crecimiento económico en nuestro país.
En resumen, lo que el país requiere, es una estrategia sólida de apoyo al mercado interno, a base de hacer crecer el ingreso real de los trabajadores, y de apoyos a la industria productora de bienes de consumo doméstico, que son básicamente las empresas micro, pequeñas y medianas.