El bachillerato sin filosofía pierde su esencia

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Desde el siglo XIII el bachillerato se concibe como el periodo escolar previo a los estudios de licenciatura. En México este periodo es conocido como preparatoria, ya que implica una preparación previa en aspectos generales de la cultura que garantiza que los egresados están preparados para continuar con estudios de licenciatura en la carrera de su preferencia. En nuestro país existe una disminución considerable de los estudiantes que transitan de un nivel de estudios a otro. Los que no continúan en el nivel siguiente generalmente se insertan al sector productivo. En este contexto, la educación media superior ha adquirido tres modalidades generales: a) preparación para el trabajo, b) para continuar estudios de licenciatura y c) la bivalente, que capacita tanto para insertarse en un ámbito del mundo laboral como para continuar con estudios superiores. Una característica más del bachillerato es que casi todas las universidades públicas de nuestro país ofertan estudios de este nivel (tal como ocurre en nuestra Universidad), que cumple una función preparatoria para cursar estudios de licenciatura.
La escuela puede ser entendida como una institución social que ofrece a los estudiantes saberes útiles para enfrentar el mundo. El fracaso en la pretendida utilidad de los saberes motiva a la implementación de reformas. Saber qué es importante y qué no es importante aprender se convierte en un tema que genera disputas entre sectores de la sociedad que se ven involucrados en la educación. ¿Qué criterios podrían seguir los que participan en el debate educativo nacional sobre la prioridad de los estudios? A continuación expondré tres criterios a considerar, con el fin de alcanzar las pretensiones. Dichas reflexiones las inscribo en el marco del debate nacional en torno a la pretensión gubernamental de eliminar de los planes de estudio del bachillerato a las humanidades y, más concretamente, a la filosofía.
1. La escuela no es la única instancia en la que se adquieren saberes. Sin embargo, conviene distinguir entre el saber empresarial que busca fines mercantiles o el comunitario basado en la costumbre, frente al universitario que debiera orientarse a la búsqueda de la verdad a través de modelos racionales. En este sentido, la universidad tiene como una de sus funciones primordiales la crítica del saber, cuya vertiente de análisis la encuentra a través de dos disciplinas filosóficas: la lógica y la epistemología. Pensando en la orientación preparatoria del bachillerato, estudiar dichas disciplinas es prioritario, ya que los estudios superiores enfrentan, ineludiblemente, problemas referentes a la fundamentación del conocimiento. Por otra parte, la ciencia y la filosofía no implican una oposición sistemática al saber del mundo laboral o comunitario, antes bien, los segundos se convierten en el motivo que impulsa la ciencia y la filosofía y, a su vez, estas manifestaciones, a través del trabajo disciplinado y sistemático, contribuyen a su corrección, crítica y fundamentación: los enriquecen. Por lo anterior, el estudio de las ciencias y de las disciplinas filosóficas en el bachillerato, sin limitaciones o pretensiones utilitarias, se constituyen en motor del desarrollo social y productivo nacional.
2. La propuesta federal de reforma al bachillerato sostiene que hay saberes que no es importante enseñarlos de manera escolarizada porque están presentes de manera “transversal” en todas las disciplinas. Dentro de esta categoría se encasilla a las disciplinas filosóficas. Ciertamente las disciplinas filosóficas son transversales, pero esta es una razón suficiente para dejar de enseñarlas. El hecho de que los hombres y las ciencias convivan con una posición moral, estética, política o epistemológica no los hace aptos para razonar críticamente o comprender la diversidad de posturas esbozadas históricamente en este sentido. Sería igual a suponer que no debe enseñarse la matemática porque los hombres vivimos en un mundo definido cuantitativamente. Por otra parte, el reconocimiento del carácter transversal de la filosofía no autoriza a que los aficionados a la filosofía o reformadores del bachillerato dictaminen sobre los objetivos y contenidos de su enseñanza, antes bien, creemos que estas labores deben ser encomendadas a las asociaciones e instituciones en donde la filosofía es ejercida.
3. Como una premisa se ha establecido que los retos del mundo contemporáneo requieren saberes globalizados y que permitan adquirir destrezas en tecnologías de la información y comunicación (TIC). Al margen de cuestionar la validez de las premisas, es viable considerar que globalización no implica un pensamiento único y universal,, sino la convivencia con diversos puntos de vista. Comprender al otro no se reduce a hablar inglés; antes bien, requiere de una amplitud de conocimientos históricos y culturales que permitan asimilar los diversos puntos de vista con que se han consolidado las comunidades del mundo; de ahí la insistencia de las asociaciones nacionales de filosofía en la enseñanza de la filosofía mexicana y la historia de la filosofía universal en el bachillerato. Por otra parte el dominio de las TIC implica el dominio de destrezas para operar nuevas tecnologías. No niego la importancia de dominar dichas destrezas, pero habrá que recordar que la tecnología se soporta sobre el conocimiento científico, consolidado a través del trabajo crítico y racional. Por lo anterior, la innovación tecnológica no se da en el ámbito del dominio de destrezas, sino en la fundamentación científica y filosófica sobre la que se soportan dichas prácticas. ¿O qué queremos: operarios robotizados o innovadores en ciencia y tecnología?
Afortunadamente la SEP, a través de Miguel Székely, subsecretario de Educación Pública, se ha comprometido a rectificar la postura oficial para, tentativamente, agregar el campo disciplinario de las humanidades. Lo anterior se debe en gran medida a la presión de las diversas comunidades filosóficas nacionales que expresaron sus puntos de vista a través del Observatorio Filosófico, y sin dejar de mencionar la importante participación que tuvieron algunos profesores de filosofía del bachillerato de la UdeG, los estudiantes y profesores del Departamento de Filosofía del CUCSH, así como de la Asociación Filosófica de Guadalajara. Sin embargo, según los responsables del Observatorio Filosófico “este movimiento no terminará hasta que dicho acuerdo sea publicado en el Diario Oficial de la Federación”.
Como universitarios debiera llenarnos de orgullo el darnos cuenta que el espíritu crítico de los integrantes de Universidad de Guadalajara se mantiene a la vanguardia en este importante movimiento nacional a favor de la filosofía.