Domingos sin sexo

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La monogamia, ese comportamiento tan celosamente custodiado por la economía, la sociedad y algunas religiones, es a la vez una trampa para el amor. La institucionalización del sentimiento amoroso ha traído implicaciones serias en la salud física y mental de los involucrados, pues enfrenta uno de los retos más importantes: la permanencia con una sola pareja sexual. La biología, la antropología y la sociología se debaten respecto a la naturaleza humana, algunos estudios sociológicos sostienen que somos monógamos sucesivos, lo que supone que establecemos relaciones estables que duran un tiempo, para posteriormente sustituirla por otra. La verdad de los domingos, obra escrita por el mexicano Santiago Zenteno y el español Juan Bey y dirigida por Óscar Piñero es una graciosa instantánea de la vida conyugal, aquella que luego de un tiempo de convivencia, deslava el deseo sexual hasta borrarlo por completo.

El actor Eduardo Villalpando construye una divertida descripción de este retrato de pareja. Si el sexo es la única diferencia entre los amigos y los amantes, institucionalizados o no como matrimonio o novios, ¿por qué dejamos de procurarlo? El personaje de esta pieza se cuestiona y confronta a la audiencia con esta realidad, recupera la sexualidad como la manifestación más poderosa del amor y también la más vulnerable.  La lealtad, la compañía, los hijos y el miedo a la soledad son motivos equivocados para permanecer con alguien, el sexo el más afortunado. La verdad de los domingos forma parte de la programación de Microteatro, que permanecerá en cartelera hasta el próximo 9 de febrero en su sede ubicada en José Guadalupe Zuno 2024, y es sin duda una de las más recomendables. Ni la mejor de las conversaciones, el más bello atardecer de la mano de alguien, o el reconocimiento social que da el matrimonio, nada se compara con la felicidad de un orgasmo.