Diferentes siglas diferentes colores pero los mismos sabores…

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Para los ciudadanos, el interés en los asuntos públicos es el que determina su nivel de participación activa en éstos. Las posibilidades que ofrece la democracia como forma de gobierno tienen desarrollos positivos y negativos para la vida social. Uno de los aspectos que se muestran como contradictorios es el abandono de la responsabilidad política en manos de la clase dirigente. El derecho al voto a través de elecciones periódicas es uno de los procesos más institucionalizados en nuestro país para conservar la vida democrática. El derecho de elegir a los gobernantes es un canal a través del cual se manifiesta el sentir social de los temas públicos.
Los procesos electorales constituyen una fuente de legitimación de las autoridades públicas, de las plataformas políticas, de las acciones en materia de política pública, que debieran desembocar en la toma de decisiones de los gobernantes. Las elecciones democráticas, además de recoger ese sentir ciudadano, cumplen con la función de promover una sucesión del poder de manera pacífica y ordenada. Es decir, las elecciones democráticas permiten mantener la estabilidad política y la paz social.
Como ciudadanos comprometidos, buscamos las respuestas en los principios y propuestas de los diferentes partidos políticos, más allá de guiarnos por las tendencias de las encuestas o la exposición de la imagen de un candidato en radio, televisión, espectaculares o en los diarios, o al menos eso sería lo deseable. Para saber por quién debemos emitir nuestro voto, es necesario analizar la preparación profesional, el desempeño y la productividad que un candidato ha tenido en los cargos que ha ocupado, escudriñando su historia personal para enterarnos de si realmente muestra conocimiento, respeto y verdadero compromiso con la población que representa, así como por los principios formales que rigen la función pública en un sistema de gobierno que discursivamente dice apegarse a principios democráticos. En términos llanos, requerimos prever si su participación será para ayudar a construir una sociedad más justa e igualitaria o sólo será capaz de ayudarse a sí mismo y al partido político al que pertenece.
Las propuestas que hagan los candidatos a cualquier puesto de elección popular deben basarse en argumentos fundamentados en la realidad de este país, multicultural y empobrecido, escuchando las necesidades de los habitantes de todos los estratos y de todas las latitudes, desde Tijuana hasta Chetumal, desde Matamoros hasta Tapachula. Hay que abrir la caja de Pandora con temas realmente esenciales para los mexicanos, como son la inseguridad, desempleo, bajos salarios, corrupción, la impunidad dominante, clientelismo en todos los niveles de gobierno, las escasas oportunidades de ascender en la escala social y económica a través de la cultura del esfuerzo y la formación y actualización continua.
Por ello no podemos olvidar la necesidad de modificar las relaciones laborales precarias que privan en cualquier ámbito, llenas de inseguridad, incertidumbre y falta de garantía en las condiciones de trabajo para los que tienen empleo.
El bajo nivel de argumentación de los diversos actores políticos no debe ser tema sólo de malos chistes que pronto se olvidan. Debemos realmente analizar qué y a quiénes queremos que nos representen y gobiernen, profesionales de la política y no de la politiquería, que amen su profesión y sirvan a la nación y no sólo busquen servirse de ésta, que gobiernen y legislen con apego a las demandas ciudadanas y se alejen de la socarronería, que cumplan con los mandatos en tiempo y forma, esperando los tiempos propicios para buscar otros puestos en los que puedan desempeñarse con eficacia y no sólo seguir al pie de la letra la frase atribuida a César Garizurieta, que reza: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.
Tenemos una izquierda llena de “amor y paz”, dizque con principios recién reestructurados, con partidos ecologistas que pugnan por la pena de muerte y la bonos educativos, pero que nada han hecho en su paso por la legislatura para proponer medidas eficaces para proteger el medio ambiente y conservar la diversidad biológica que tenía el país y que poco a poco se extingue en manos de quienes usurpan los bienes de la nación como si fueran propios.
También están los partidos que se dicen del centro del espectro político, aparentando unidad, pero carentes de ideas frescas, sólidas o genuinas. De igual manera vemos a una derecha ansiosa de reconocimiento y legitimidad por las “acciones emprendidas” en pro del desarrollo del país, pero que lo tienen hundido en la violencia y la postración.
Es innegable que estamos en el inicio de un competido camino para lograr la mayor cantidad de votos en las elecciones del ya próximo julio, en que los organismos políticos están mostrando sus fuerzas, gustos y candidatos, con banderas que ondean con entusiasmo, pero pocas ideas, desde diferentes posiciones, diferentes siglas y colores, pero por desgracia, con los mismos sabores… por algo el refrán popular nos enseña que son “como la yunta de Juan Delgado: tan marrajo el pinto como el colorado”.
Estemos atentos a candidatos, plataformas políticas y perfiles para emitir nuestro voto con responsabilidad. De otra manera seremos cómplices de que nuestro país vaya directo al desbarrancadero.