Desconocen muchos tapatíos quién fue Fray Antonio Alcalde

"Sin patrimonio no hay raíces, ni sentido de pertenencia", dijo la investigadora de la UdeG Adriana Ruiz Razura, en la conferencia "Paseo Alcalde: testimonio del legado de un sabio", ofrecida en el CUTonalá

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Foto: Archivo Com. Soc. UdeG

En el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) más de 85 por ciento –de 800 personas entrevistadas– desconoce quién fue Fray Antonio Alcalde; esta en una investigación encabezada por Adriana Ruiz Razura, coordinadora de la maestría en Gestión y Desarrollo Cultural, del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD).

Durante la conferencia «Paseo Alcalde: testimonio del legado de un sabio», que se transmitió a través de Facebook, Ruiz Razura señaló que la realidad es otra en el ámbito académico o entre estudiosos del tema, pero mucha gente de a pie desconoce quién fue este fraile.

La académica participó en el I Coloquio “Herencias artísticas y prácticas culturales del patrimonio jalisciense. Entre lo tangible y lo intangible”, que organizó el Centro Universitario de Tonalá (CUTonalá), y que continuará mañana 19 de febrero.

Mural «A la humanidad doliente», que se encuentra en el Antiguo Hospital Civil de Guadalajara. Foto: David Valdovinos

Fray Antonio Alcalde nació en Cigales, Valladolid, Provincia de Castilla la Vieja, en 1701. Contaba con 16 años cuando tomó el hábito dominico en el convento de San Pablo, en España. El 18 de septiembre de 1761 fue nombrado Obispo de la Diócesis de Yucatán, con sede en la ciudad de Mérida, por el Rey Carlos III.

El 12 de diciembre de 1771, a sus 70 años, llegó a Guadalajara como el veintidós Obispo de la Diócesis de la Nueva Galicia, y su labor fue fundamental para la creación de dos instituciones hermanas: el Hospital Real de San Miguel de Belén y la Real Universidad de Guadalajara.

La investigadora buscó en archivos de Yucatán datos sobre el fraile, y encontró documentos firmados por él que «me hicieron entender cómo fue que él hizo tanta obra en Nueva Galicia. Tuvo experiencia de diez años en Yucatán. Hizo dos visitas por toda esa zona, imagínense a Yucatán en aquella época».

«Un hombre de 61 años visitando estos pueblos, que están en condiciones muy complejas, en los que muchas veces ni había brechas. A él le interesaba que la gente supiera las obligaciones de los curas, los costos de los bautizos, matrimonios y actividades eclesiásticas, y cómo los curas tenían que entregar esos diezmos para él poderlos distribuir», contó.

Cuando llegó a Guadalajara vio la situación de pobreza y abandono de muchos de sus habitantes, e hizo tres obras máximas: el Hospital Civil, el Santuario de la Virgen de Guadalupe, y decidió que la ciudad tenía que airearse, sacar a la gente del Centro, y mandó construir una serie de «Cuadritas», que eran casitas que podían ser habitadas por trabajadores. Él logró expandir la ciudad hacia el norte.

Ruiz Razura calificó a Alcalde como un personaje histórico sobre el cual siempre se encuentran aspectos nuevos en las investigaciones.

«Es interminable todo lo que él hizo en la Nueva España».

Y destacó la importancia de que los tapatíos conozcan su historia y conserven su patrimonio, sus tradiciones.

«Patrimonio que no se conoce, no se valora, ni se cuida, ni protege. Infortunadamente, es una pena: en Guadalajara pareciera que una de las aficiones es destruir y acabar con nuestro patrimonio, y eso es verdaderamente trágico porque vamos a perder identidad, y no vamos a tener a qué aferrarnos», subrayó.

«El patrimonio constituye nuestras raíces que nos anclan a la tierra, que nos dan sentido de pertenencia».

Abogó porque las nuevas generaciones, jóvenes, niñas y niños valoren el patrimonio cultural, de ahí la importancia de la investigación y de cuidar y proteger nuestros archivos históricos.

La investigadora contó que durante sus investigaciones en la Universidad de Texas encontró una partitura de un himno dedicado a Fray Antonio Alcalde, pero sin la letra. Sin embargo, en el Archivo del Arzobispado encontró la letra que coincidía con la partitura. El himno fue compuesto por Tiburcio Saucedo para conmemorar el 100 aniversario de la muerte de Alcalde, pero se perdió, y no se sabía que existía.

«El poder recuperar este himno fue algo muy importante. Hace dos años, el 8 de agosto se cantó por primera vez después de más de 150 años de estar en el olvido».