De vírgenes y no tanto

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Si, como dice Georges Bataille, el erotismo es lo propio del hombre y al mismo tiempo lo que lo abochorna, entonces sin duda fue esa forma de cultura que es la moralidad el tronco que sostuvo las ramas y los frutos de dos libros presentados en el jardín trasero de la librería Gandhi, en el marco del Festival de Cine en Guadalajara.
El erotismo y la pornografía, lo público y lo clandestino, la censura y la libertad son los polos que explora y transita el libro Placeres en imagen. Fotografía y cine eróticos, 1900-1960, coordinado por íngel Miquel. Los ensayos que lo constituyen forman cada uno un edificio teórico-académico “para luego abismarse en el deseo, lo oscuro y lo perverso”, según las palabras de Pablo Ortiz al presentar el volumen editado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y Ediciones sin nombre, en buen papel y con propicias imágenes de Nahui Olin, Marie Prevost, Elisa Eyries, Jean Harlow y Mimí Derba, entre otras, desbordando su sensualidad a una tinta, pero en excelente resolución.
Si bien en principio no resultan muy tentadores los libros de orden catedrático, dice Ortiz que éste nos ayuda a clarificar en la conciencia detalles que de otro modo podrían pasarnos desapercibidos. Como ejemplo pone lo que Armando Casas y Leticia Flores Farfán —presentes entre el público— dicen en su ensayo sobre “El origen del mundo”, el cuadro más provocador del pintor francés Gustave Courbet. La descripción del torso desnudo de una mujer recostada con las piernas abiertas y el pubis negro invadiendo el primer plano lo hizo poner atención en dos detalles mínimos: el pezón plenamente erecto y el tono rojo en la piel, producto de la excitación, “que aunque [la pintura] está reproducida en blanco y negro, se ve clarito después de la explicación”.
íngel Miquel dijo luego que uno de los propósitos de la compilación es dar luz a los lugares oscuros de la cultura occidental, estudiar la imágenes eróticas en el cine y la foto desde el cambio de siglo, momento en que ambas técnicas coincidían en las formas de representación, hasta la década de los 60, justo antes de que ambas cambiaran drásticamente ante la influencia de la televisión, antes de la irrupción del pop art y antes de la explosión hippie. Un periodo en el que tuvieron lugar las grandes guerras mundiales, las revoluciones mexicana y rusa, la depresión del 29 y las entonces modernísimas vanguardias artísticas.
Pero en la transición de palabras, el presentador terminó su parte con una cadena de 80 términos que en su lectura subrayó y considera clave en el libro, fruto de 16 académicos reunidos en un coloquio en noviembre de 2007 desde distintas instituciones nacionales e internacionales como la UNAM, CUEC, INBA, Austin College y la UdeG. La letanía invocó conceptos como lubricidad, insolencia, festín, embate, rasgadura, belleza, instrumentalismo, toqueteo, destello y entrecruzamiento, éste último el sendero que une este título con el otro que compartió la mesa y la charla: Abismo de pasiones: una historia de relaciones cinematográficas hispano-mexicanas.
Las cuerdas tendidas entre uno y otro se notan en los índices: el coordinador de uno es autor en el otro y viceversa: hay un ensayo de íngel Miquel en el libro que conjugó Eduardo de la Vega Alfaro y un texto del académico del Departamento de Sociología de la UdeG en la antología de la UAEM.
Muy a propósito, para presentar el título al cuidado de Eduardo de la Vega se contó con la presencia del crítico español Diego Galán. Argumentó la necesidad de un libro como éste, que abordara las antiguas y complejas relaciones de España y México en el cine, con el duro episodio diplomático que pasaron las naciones cuando al término de la Guerra Civil española, el gobierno de nuestro país se deslindó de la administración franquista y reconoció únicamente al gobierno electo democráticamente, el republicano.
La imperante moralidad del cine mexicano de la Época de Oro fue el primer punto de contacto entre ambos lados del Atlántico que mencionó, y en el que más abundó. La patria, la virginidad y la religión eran los valores que exaltaban las películas producidas entonces, y que abarrotaban también las salas ibéricas.
Pero el conservadurismo no era exclusivo de nuestra cultura cinematográfica en ese momento, “también en Estados Unidos, Italia y España misma. Aunque éstas últimas no fueron colonizadas. Pero éramos todos un poco colonizados por la Iglesia Católica, por cuya mala influencia eran todas tan parecidas”.
Siguiendo esta idea, Galán propuso que bien podría hacerse una película de montaje con fragmentos provenientes de cualquiera de esos filmes moralistas. “Podría caer abofeteada María Félix y levantarse Sara Montiel sin que la trama cambiara esencialmente”.
Otro punto de contacto son dos españoles que la hospitalidad diplomática de México acogió en aquella época agitada, y que trabajaron el cine desde diferentes perspectivas: Luis Buñuel y Emilio García Riera. De hecho, Abismo de pasiones es homenaje a su trabajo como historiador del cine mexicano, al que “supo ver con amor y distancia”.