De regreso a casa

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Como muchas mujeres solas, Laura (28 años de edad) se permitió buscar un novio por internet y lo encontró en el poblado de Esmirna, en el condado de Rutherford en Tennessee, Estados Unidos (EE.UU.). Por amor dejó familia, amigos, trabajo y empacó sólo sueños, que como tales, no siempre se pueden convertir en realidad.
En un par de meses contrajo nupcias; se convirtió en la señora de Turner, y con el nacimiento de su hija Pía, concretó su ilusión de formar una familia. Su ingreso al país fue con el visto bueno de la embajada, no como millones de mexicanos que arriesgan su vida en busca del sueño americano.
Laura estudió en los colegios más caros de Guadalajara, hizo su licenciatura en administración de empresas, la concluyó en una universidad privada y la maestría la estudió en la UdeG. De los mexicanos que radican en la Unión Americana, únicamente 5 por ciento cuenta con estudios superiores de licenciatura, maestría y doctorado.
Laura es subgerente en una empresa que da trabajo a ocho mil empleados. Pero su “buen puesto” no es bien remunerado debido al racismo existente en el lugar, donde 87.23 por ciento son blancos y apenas 4.31 por ciento latinos, sin contar los problemas de género que significan una desventaja más para las mujeres frente al sexo opuesto.
“Es horrible vivir discriminado, aquí te ven feo hasta por tu color de piel y yo no soy morena, pero tampoco rubia como ellos”. Pese a todo, se conforma, porque “los obreros de verdad la pasan mal, a ellos les pagan ocho dólares y los explotan peor, ellos sí que padecen y sufren lo indecible”.
Percibe un sueldo de 16 dólares la hora, y cumple jornadas de 10, pero al menos cuenta con un trabajo y se considera afortunada, sobre todo al observar que conforme a la Asociación Mexicana de Estudios Internacionales, A. C., las tasas de desempleo indican que 10 por ciento de los mexicanos residentes en EE.UU. carecen de uno. Hasta el primer semestre de 2009, los desempleados sumaron un millón 678 mil.
Sus ingresos mensuales, sumados a los de su esposo, son de 8 mil dólares. De ahí se debe cubrir la renta de 4 mil 800, los gastos por servicios de casa que ascienden a mil 300, la mensualidad del carro 900, y el resto (mil dólares) para la comida, la guardería y gastos imprevistos, como medicinas y hospitales (porque al igual que 6 de cada 10 mexicanos carece de seguro o acceso a la salud) y el pago a la nana que cobra 8 dólares la hora.
Para Laura, su esposo y su hija, la diversión y las salidas a comer, no existen, “no nos podemos dar ni un sólo gusto, y de estar jodida aquí, a estar jodida allá, prefiero regresar con mi familia, mis amigos y mi lugar, donde estoy segura que puedo encontrar más oportunidades de trabajo que acá”.

Mándame unos pesitos
Los tiempos cambian y los papeles se invierten. Ni el más aventurado se habría imaginado alguna vez que serían los paisanos radicados en Estados Unidos los que recibirían dinero de sus familiares para contrarrestar los embates y dificultades que significa el desempleo a causa de la recesión económica que se vive en la Unión Americana.
Puede sonar a mofa, pero es real. Las remesas ahora parten de México hacia el vecino país del norte. Y no es que la situación y economía hayan mejorado en territorio azteca, sino que los familiares de aquellos migrantes no quieren que regresen a nuestro país.
Al menos así lo han constatado investigadores relacionados con el tema de migración, comentó la doctora Ofelia Woo, jefa del Departamento de Estudios Socio Urbanos, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.
Señaló que en coloquios algunos colegas han referido que dentro de sus investigaciones de análisis cualitativo han comprobado que gente de estados como Zacatecas y Chiapas, entre otros, están enviando remesas a sus familias en Estados Unidos para ayudarlos a superar la crisis y que no se regresen.
Sin embargo, descartó cualquier posibilidad de un regreso masivo de compatriotas, ello a pesar de las nuevas leyes antiinmigrantes, de la crisis económica, y de cualquier otro factor que pudiera influir en su ánimo.
Aseguró que de acuerdo a investigaciones realizadas sobre mujeres y familias migrantes, la gente no tiene intenciones de retornar. “La primera pregunta que ellos se hacen es ¿a qué regresamos si tampoco vamos a conseguir trabajo?”. Â
Antes de voltear hacia nuestro país, los coterráneos están mirando hacia arriba, es decir, están pensando en moverse al interior de los Estados Unidos y explorar otras alternativas en mercados que hasta hace poco no tenían alta migración, como Boston, New Jersey,  y las dos Carolinas.
La doctora Woo apuntó que sería importante establecer una metodología para saber si las personas que están retornando lo hacen en función de la crisis, ya que la ley aprobada en febrero de 2008, que exige a empresarios revisar documentos como el seguro social para hacer contrataciones, es otro factor que tienen en contra los migrantes.
Lo cierto, dijo, es que las personas que regresan, son las que tienen menos capitales y no solamente de recursos, si no también sociales.