De cómo follarse a 600 hombres

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Testículos lampiños. Músculos hinchados de esteroides. Huellas de crema bronceadora en el piso. Un bufé con comida chatarra. Seiscientos hombres y una estrella porno de nombre Cassie Wright. Todo dispuesto a romper un récord mundial. Una última gesta del último tabú que nos queda como civilización: el sexo.
Ahí está la historia, los actores y una trama que se desarrolla a medio camino entre la literatura oral y una orgía lingí¼ística de vodevil. Chuck Palahniuk (Oregon, 1964) regresa con Snuff, a contarnos otra historia escatológica con desadaptados que buscan sólo un poco de amor. El mismo autor de El club de la pelea se considera un “romántico posmoderno” que busca conectar con sus lectores a un nivel físico. Que se pueda probar, que tenga olor, que duela.
Y así es Snuff, con sus tres folladores principales: el señor 72, el señor 137 y el señor 600. Una tríada a la espera de que la señorita Sheila los nombre para ser parte de la Historia del porno. De una hazaña sólo comparada con la llegada del hombre a la Luna. Y es que en el planeta Palahniuk, la realidad se tuerce hasta límites insospechados.
Y como en la mayoría de sus novelas, el otrora periodista busca en los personajes de carne y hueso un material precioso que ayuda a comprender la locura de nuestro tiempo. “Lo que esté basado en hechos reales, es más vendido que la ficción”, escribió en una de sus crónicas. Por la red circula incluso, una entrevista entre el autor y la protagonista “real” de este gang bang.
Al contrario del Marqués de Sade, que en la exaltación de las pasiones dejaba entrever el ansia de divinidad; Palahniuk elige el sórdido mundo del porno para hacer una crítica feroz hacia su pueblo. Como lo relatara en una entrevista reciente, quería saber “cómo los estadounidenses tienen una tendencia espiritual para convertir las cosas más placenteras en una ocupación y, en última instancia, en una competición. Las actividades que deberían producirles placer se convierten en cosas inconmensurables, en olimpiadas”.
Y lo que queda es un montón de semen, y muchos pectorales rasurados.

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