Cynthia Gutiérrez

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Un día antes de la inauguración de Notas de carnaval en el Museo de Arte de Zapopan, Cynthia Gutiérrez se pasó la tarde dando forma a las cortezas de cuatrocientos cocos. Los limpió de irregularidades, porque son caprichosos y difíciles de controlar a pesar de su apariencia sencilla. Es la pieza más grande que ha construido hasta ahora: una instalación que es al mismo tiempo una máquina simple y una escultura dinámica que demanda la participación del espectador para provocar una trayectoria sin sentido hacia el abismo.

Sistema
La idea en Notas de carnaval es contraponer por un lado un sistema rígido y frío y por otro lado un elemento cálido, los cocos que van corriendo como una hilera de personas en un carnaval frívolo y nada festivo. El concepto de “sistema” se puede comparar en muchos niveles. Podríamos hablar de países latinoamericanos y otros países que no pertenecen a núcleo eurocentrista que nos rige. Pero no es sólo o precisamente eso. Es una inquietud que ya había abordado en Sweet chaos, una veleta donde todos los puntos cardinales ven hacia el Sur. Mi intención no es dar una respuesta o solución a este problema que es gigantesco, sino cuestionar la situación, presentar una plataforma de arranque. La idea es que no haya un solo sistema correcto, sino que puedan existir otros que también funcionan. En ese sentido no es una crítica al sistema, pues el visitante tiene que tomar una decisión al activar o no activar el mecanismo; si lo activa, entonces hay una doble función o lectura. El coco cae, se destruye. Pero no sabemos si lo liberamos o lo ejecutamos. Es entonces que la instalación, el objeto, se transforma en nada más que un medio… a lo mejor es ese golpe fuerte el que logra concientizar, el que te hace caer en la cuenta de el coco se destruyó y que tú generaste esto.

Espectáculo
Ver al público atento a cómo cae el coco y se parte me recuerda a las ejecuciones públicas, me remite a la guillotina, a esas escenas aberrantes en que iba una familia completa a ver cómo se mataba a una persona. En este caso es un coco. Pero si empiezas a pensarlo, el coco se convierte en metáfora de eso. Es un espectáculo.

Escultura
Mi padre también es escultor, así que para mí era una gran ventaja durante mi formación académica el hecho de que desde niña yo ya sabía qué era una escultura: que llevaba una base, que se modelaba en plastilina, etcétera… pero al mismo tiempo era una limitante porque estaba acostumbrada a que la escultura era eso y sólo eso. Pero las cosas tienen que moverse en algún momento y hubo una serie de factores que desataron ligeros cambios en mi manera de pensar. Uno de ellos fue que asistí a varias ferias Expoarte, que fueron como los comienzos de Zona Maco pero que ocurrieron aquí en Guadalajara en los noventa. Ahí, y luego en una estancia en Cuba paralela a la bienal, vi muchas obras que no entendía, que me hacían preguntarme si eso era arte o no, si tenía validez aunque el artista no lo hubiera hecho con sus manos… Fue un choque tras otro lo que hizo cambiar mi idea de qué es una escultura y de mí misma como artista, aunque conservo una visión tridimensional de todo y en la mayoría de los casos resuelvo mis piezas mediante objetos.

Dialogar
Creo que el error siempre ha sido querer borrar algo que ya sucedió e implantar un sistema completamente nuevo. Esta mañana escuché al Dalai Lama en la televisión diciendo que la solución a muchas cosas sería dialogar. En seguida me sentí escéptica de esa idea. ¿Cómo vas a dialogar con los narcotraficantes?, que fue de hecho la pregunta que le hicieron. Pero lo he estado pensado y creo que sí, eso es justo lo que no pasa cuando sale un partido y entra otro al gobierno: descarta todo lo anterior. Hemos estado cortando caminos ya recorridos y volviendo a empezar siempre. Claro que no todos deben seguir recorriéndose, pero para llegar a un acuerdo de cuáles sí y cuáles no tiene que haber diálogo.

Incertidumbre
Es bien importante cuestionarse todo: desde tu forma de trabajar a cómo piensas las cosas y por qué las haces. Ayuda mucho a formar las ideas. Pero también dudo de eso, porque a veces pienso que deberíamos decir algo claro y no movernos de ahí, ser firmes. Antes había más gente que luchaba por una causa y tenía la valentía de llegar hasta el fin. Ahora nadie sabe por qué suceden las cosas, es como si avanzáramos en pura inercia. A veces me preocupa no tener claro lo que estoy buscando. Aunque al final creo que para la creación artística es mejor partir de terrenos inestables, de la incertidumbre.

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