Covid-19: de lo individual a lo social

Cada viernes, durante un mes, académicos de la Maestría en Bioética de la Universidad de Guadalajara nos comparten reflexiones sobre la pandemia del nuevo coronavirus y sus implicaciones para la sociedad. Esta es la segunda entrega

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José Salvador Arellano Rodríguez*

Un juicio ético que no sea válido en la práctica
debe padecer a la vez de un defecto teórico,
ya que la razón principal de todo juicio ético es servir de guía a la práctica.

Peter Singer

El fenómeno inédito de la pandemia de Covid-19 ha trastocando todos los ámbitos y esferas humanos, desde las prácticas cotidianas de las relaciones interpersonales, la economía, el desplome de los precios del crudo, el colapso de los sistemas sanitarios de países supuestamente ricos, el incremento de la pobreza a nivel global, desempleo, surgimiento de egoísmos individuales y nacionales —el caso de confiscación de respiradores por parte de algunos países—, entre muchos otros.

Un evento nunca vivido en la breve y precaria historia de la humanidad. Inédito, porque a pesar de haber existido históricamente otras pandemias, es la primera vez donde los países de todo el mundo lo han padecido casi de manera simultánea y demuestra una vez más el estado de contingencia permanente y vulnerabilidad al cual estamos sujetos. La pretendida prevalencia del ser humano que se autoconsideraba el alfa y el omega del planeta se derrumbó, bastó con la irrupción de un ser microscópico para recordarnos que no necesariamente somos los grandes edificadores del planeta, pero tampoco somos el último factor de su exterminio.

Este contexto de pandemia nos coloca de cara ante principios bioéticos, la forma en que los hemos venido entendiendo, promoviendo y usando para resolver de la mejor manera nuestros asuntos morales.

Esta nueva realidad no sólo modifica la forma de entender los principios de autonomía, justicia, beneficio y no maleficio, sino que nos plantea el reto de pensar en otros elementos, como el de justicia y responsabilidad social, hasta hoy descartado o por lo menos no considerado de manera profunda.

Así, la perspectiva de principios se había centrado sólo en la consideración del interés individual que cada sujeto puede mantener, sin pensar en el carácter irresoluble que poseemos como seres sociales antes que individuales.

El pensamiento o convicción constante de considerar que la justicia, el beneficio y el no hacer daño refería sólo al sujeto implicado —a lo menos a una comunidad determinada— nos llevó inconscientemente a olvidar que todo nuestro actuar es ya un actuar colectivo, o, como escribiría Jean Paul Sartre, que el actuar del hombre es ya el actuar de todo hombre.

El actual estado de crisis nos ha revelado, entre otras situaciones, que siempre nos hemos construido, formado, fortalecido y adquirido valores, al mismo tiempo que los vicios, las desesperanzas y los anti-valores, en el marco de una colectividad y nunca de forma aislada; pues es muestra de cómo me he desarrollado con quienes he convivido de manera cotidiana, pero incluso, con aquellos de los cuales no soy consciente de su presencia.

Este sismo provocó un despertar violento a una realidad donde los seres humanos no somos la cima de la cadena de vida de este planeta, que nos debe llevar a destronar la idea del Homo Deus, que Harari propuso, y más bien hablar del homo vulnus (así, con minúscula): del hombre contingente, innecesario, transitorio y, por tanto, cuya existencia pasajera en este planeta depende de las acciones cotidianas que haga en relación con los demás.

En el campo reflexivo, las y los bioeticistas debemos replantear el contenido y la forma en que comprendemos la autonomía y justicia, el beneficio y no maleficio. Sin duda, el énfasis actual ante el fenómeno de la pandemia mundial provocada por el Covid-19 desplaza el interés individual por el interés social, pues ante el reto que representa la atención de emergencia de pacientes con insumos escasos, la autonomía queda supeditada, ya ni tan siquiera al beneficio personal o el no hacer daño a la persona, sino al beneficio y no daño de la sociedad en su conjunto.

*Miembro externo de la Maestría en Bioética de la UdeG